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Miles de policías fueron
asignados al Swissotel e inmediaciones.
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Comentando
la cumbre (27/11/01)
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Cumbre
a la peruana
La
XI Cumbre Iberoamericana puso de vuelta y media a los peruanos,
no precisamente por la magnitud del evento o porque era
la primera vez que se celebraba en el Perú, sino
por el aparatoso despliegue de seguridad encargado a la
policía y las Fuerzas Armadas. Este encuentro, culminó
el sábado pasado en medio del afán peruano
de mostrar nuestra diversidad a sus invitados extranjeros.
Escribe
Silvia Cuevas / agenciaperu.com
La llegada de los 21 gobernantes de países hispanoaméricanos,
no sólo convirtió a Lima en el centro de atención
internacional. También la convirtió en una
ciudad acuartelada.
Los
atentados terroristas en Washington y Nueva York de setiembre
pasado, obligaron a las autoridades locales extremar las
medidas de seguridad. La más elemental de todas fue
acordonar los alrededores del Swissotel y demás lugares
del evento, con policías, impidiendo el ingreso a
personas no acreditadas.
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Los atentados de setiembre en
los EE.UU. extremaron las medidas de seguridad.
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La sensación
se sintió incluso en algunos periodistas extranjeros,
acreditados para este encuentro, quienes manifestaron que
era la primera vez que la prensa no podría tener
acceso a los Presidentes y que eso dificultaría su
labor periodística. "La seguridad es indispensable
en estos eventos, pero esta vez creo que se ha exagerado",
comentó uno de los invitados.
Además,
las autoridades cerraron el tránsito aéreo
en torno a los lugares de Lima, que fueron visitados por
los gobernantes y representantes extranjeros. La paranoia
convirtió la posibilidad de un ataque aéreo
en una obsesión para los encargados de la seguridad;
en un intento de demostrar que los peruanos sabemos cómo
defendernos, decidieron colocar francotiradores con misiles
antiaéreos en algunas azoteas de la zona.
El aparatoso
despliegue de seguridad -encargado esta vez a la Fuerza
Aérea Peruana- resguardó de cerca cada aeronave
presidencial que arribó a la Base Aérea del
Callao.
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Hasta un navio fue asignado
resguardar la Rosa Náutica.
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Este
año, según los organizadores, se acreditaron
2,177 periodistas. De este grupo solo 600 fueron de medios
extranjeros. El país anfitrión fue entonces
quien contó con un mayor despliegue periodístico.
De la prensa extranjera, España fue quien tuvo mayores
acreditaciones. Todos monitorearon sus despachos informativos
desde un centro de prensa de reducidas dimensiones, instalado
frente al Swissotel.
El viernes por la tarde, mientras Toledo inauguraba la cumbre;
en la Rosa Náutica todo era ajetreo y coordinaciones
para el almuerzo que ofrecería al día siguiente.
El menú
sería criollo, pero esta vez no sólo incluiría
pescados y mariscos, sino una amplia variedad de comidas
típicas del país. El brindis sin duda se haría
con Pisco Sour, y como no podía ser menos, hasta
se tenía listo el plato representativo del encuentro,
el tiradito de la cumbre. Un platillo preparado por la cheff
Claudia Madueño, que incluía en su diseño
el símbolo de la cumbre con crema de rocoto y ají.
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Buzos de la Marina buscaron
explosivos en las inmediaciones.
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Aquí
tampoco faltaron las medidas de seguridad. En las inmediaciones,
buzos de la marina se encargaron de revisar la existencia
de explosivos en las inmediaciones. Además algunos
barcos hicieron un cordón frente al conocido restaurante,
garantizando la seguridad de toda la plana política
de Iberoamérica.
Menos
protocolo y más diálogo fue la consigna del
encuentro. Horas antes al almuerzo, tuvo lugar una peculiar
"encerrona" de tres horas en el interior del Swissotel.
Los mandatarios en mangas de camisa y en estricto privado
deliberaron sobre el futuro de hispanoamérica. La
iniciativa fue del anfitrión, Alejandro Toledo, quién
además sugirió que ésta se repita en
otras ediciones de la Cumbre.
La ausencia
que marcó al evento fue sin duda la del presidente
cubano, Fidel Castro, quien por primera vez en diez años
dejó de asistir a este encuentro. Aunque fue la prensa
la que lamentó más esta ausencia, algunos
periodistas manifestaron que Castro, ausente o presente,
seguía siendo la figura de las Cumbres.
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Este fue el plato oficial de
la Cumbre.
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La versión
oficial de la ausencia de Castro la dio a conocer Diego
García Sayán, Ministro de Relaciones Exteriores,
quien recibió la explicación de la inasistencia
del presidente cubano a través de una carta. Los
motivos expuestos en este documento: la obligación
de permanecer en Cuba vigilando los trabajos de reconstrucción
iniciados debido a los desastres que causó el huracán
Michelle a la isla.
Sin
embargo, horas después Mario Vargas Llosa dio luces
sobre la ausencia del presidente cubano. "Es un honor
y una alegría celebrar la Décimo Primera cumbre
en este país, sobre todo en medios de mandatarios
democráticos elegidos libremente".
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La cumbre sirvió también
para difundir la cultura peruana.
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Pero
Castro no fue el único ausente, también faltaron
a este encuentro, los presidentes de Uruguay, Jorge Batlle,
y el de Honduras, Carlos Flores.
Bajo
el lema de "unidos para construir el mañana",
los presidentes iberoamericanos firmaron la Declaración
de Lima, y un documento sobre la coyuntura económica
y sobre el terrorismo.
Después
de tres días de apurados desplazamientos de caravanas
oficiales y cenas enmarcadas con bailes típicos;
esta cumbre finalizó en medio del afán peruano
de mostrar, al mismo tiempo, la diversidad.
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