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 Lima en "estado de sitio"
26 de noviembre de 2001

Miles de policías fueron asignados al Swissotel e inmediaciones.

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Comentando la cumbre (27/11/01)

Cumbre a la peruana

La XI Cumbre Iberoamericana puso de vuelta y media a los peruanos, no precisamente por la magnitud del evento o porque era la primera vez que se celebraba en el Perú, sino por el aparatoso despliegue de seguridad encargado a la policía y las Fuerzas Armadas. Este encuentro, culminó el sábado pasado en medio del afán peruano de mostrar nuestra diversidad a sus invitados extranjeros.

Escribe Silvia Cuevas / agenciaperu.com

La llegada de los 21 gobernantes de países hispanoaméricanos, no sólo convirtió a Lima en el centro de atención internacional. También la convirtió en una ciudad acuartelada.

Los atentados terroristas en Washington y Nueva York de setiembre pasado, obligaron a las autoridades locales extremar las medidas de seguridad. La más elemental de todas fue acordonar los alrededores del Swissotel y demás lugares del evento, con policías, impidiendo el ingreso a personas no acreditadas.

Los atentados de setiembre en los EE.UU. extremaron las medidas de seguridad.

La sensación se sintió incluso en algunos periodistas extranjeros, acreditados para este encuentro, quienes manifestaron que era la primera vez que la prensa no podría tener acceso a los Presidentes y que eso dificultaría su labor periodística. "La seguridad es indispensable en estos eventos, pero esta vez creo que se ha exagerado", comentó uno de los invitados.

Además, las autoridades cerraron el tránsito aéreo en torno a los lugares de Lima, que fueron visitados por los gobernantes y representantes extranjeros. La paranoia convirtió la posibilidad de un ataque aéreo en una obsesión para los encargados de la seguridad; en un intento de demostrar que los peruanos sabemos cómo defendernos, decidieron colocar francotiradores con misiles antiaéreos en algunas azoteas de la zona.

El aparatoso despliegue de seguridad -encargado esta vez a la Fuerza Aérea Peruana- resguardó de cerca cada aeronave presidencial que arribó a la Base Aérea del Callao.

Hasta un navio fue asignado resguardar la Rosa Náutica.

Este año, según los organizadores, se acreditaron 2,177 periodistas. De este grupo solo 600 fueron de medios extranjeros. El país anfitrión fue entonces quien contó con un mayor despliegue periodístico. De la prensa extranjera, España fue quien tuvo mayores acreditaciones. Todos monitorearon sus despachos informativos desde un centro de prensa de reducidas dimensiones, instalado frente al Swissotel.

El viernes por la tarde, mientras Toledo inauguraba la cumbre; en la Rosa Náutica todo era ajetreo y coordinaciones para el almuerzo que ofrecería al día siguiente.

El menú sería criollo, pero esta vez no sólo incluiría pescados y mariscos, sino una amplia variedad de comidas típicas del país. El brindis sin duda se haría con Pisco Sour, y como no podía ser menos, hasta se tenía listo el plato representativo del encuentro, el tiradito de la cumbre. Un platillo preparado por la cheff Claudia Madueño, que incluía en su diseño el símbolo de la cumbre con crema de rocoto y ají.

Buzos de la Marina buscaron explosivos en las inmediaciones.

Aquí tampoco faltaron las medidas de seguridad. En las inmediaciones, buzos de la marina se encargaron de revisar la existencia de explosivos en las inmediaciones. Además algunos barcos hicieron un cordón frente al conocido restaurante, garantizando la seguridad de toda la plana política de Iberoamérica.

Menos protocolo y más diálogo fue la consigna del encuentro. Horas antes al almuerzo, tuvo lugar una peculiar "encerrona" de tres horas en el interior del Swissotel. Los mandatarios en mangas de camisa y en estricto privado deliberaron sobre el futuro de hispanoamérica. La iniciativa fue del anfitrión, Alejandro Toledo, quién además sugirió que ésta se repita en otras ediciones de la Cumbre.

La ausencia que marcó al evento fue sin duda la del presidente cubano, Fidel Castro, quien por primera vez en diez años dejó de asistir a este encuentro. Aunque fue la prensa la que lamentó más esta ausencia, algunos periodistas manifestaron que Castro, ausente o presente, seguía siendo la figura de las Cumbres.

Este fue el plato oficial de la Cumbre.

La versión oficial de la ausencia de Castro la dio a conocer Diego García Sayán, Ministro de Relaciones Exteriores, quien recibió la explicación de la inasistencia del presidente cubano a través de una carta. Los motivos expuestos en este documento: la obligación de permanecer en Cuba vigilando los trabajos de reconstrucción iniciados debido a los desastres que causó el huracán Michelle a la isla.

Sin embargo, horas después Mario Vargas Llosa dio luces sobre la ausencia del presidente cubano. "Es un honor y una alegría celebrar la Décimo Primera cumbre en este país, sobre todo en medios de mandatarios democráticos elegidos libremente".

La cumbre sirvió también para difundir la cultura peruana.

Pero Castro no fue el único ausente, también faltaron a este encuentro, los presidentes de Uruguay, Jorge Batlle, y el de Honduras, Carlos Flores.

Bajo el lema de "unidos para construir el mañana", los presidentes iberoamericanos firmaron la Declaración de Lima, y un documento sobre la coyuntura económica y sobre el terrorismo.

Después de tres días de apurados desplazamientos de caravanas oficiales y cenas enmarcadas con bailes típicos; esta cumbre finalizó en medio del afán peruano de mostrar, al mismo tiempo, la diversidad.