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23 de junio del 2002
La tarea de recuperar Arequipa
El alcalde Juan Manuel Guillén, uno de los gestores de las movilizaciones que dejaron millones de dóalares en pérdidas.

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La factura de la revolución

Hasta el miércoles, la Ciudad Blanca parecía Territorio Comanche: tuberías destrozadas, adoquines levantados y un asfixiante y atormentador olor a gas lacrimógeno se propagaba por todo el centro histórico. Pero los más graves daños los sufrieron la industria y en el comercio arequipeño.
Aunque la cifra del desastre esta demasiado lejos de la que, el domingo pasado, el presidente Toledo lanzó con poca fortuna, la situación no es para menos: según los cálculos de la cámara de comercio, durante los seis días de la protesta, Arequipa perdió poco más de veinte millones de dólares. Con las calles tomadas y el aeropuerto destrozado, el sector más golpeado fue el turismo, uno de los principales focos de empleo en la región. Los expertos aseguran que, en dos o tres meses, los arequipeños recién empezarán a pagar la factura de la revolución.


Escribe César Hildebrandt Chávez / agenciaperu.com

El miércoles, mientras miles de pobladores festejaban en la Plaza de Armas de Arequipa, los representantes de los principales sectores productivos y comerciales de la ciudad comenzaron a armar el disperso rompecabezas económico que dejó la privatización no confirmada de Egasa y Egesur.

Muchas cosas habían cambiado tras la serie de actos de protesta surgidos a partir del anuncio de continuar adelante con las privatizaciones. Para comenzar, cada día de paralización significaba un inmenso atraso económico para todos los sectores.

El domingo anterior, en un mensaje a la nación, el presidente Alejandro Toledo lanzó un cálculo de los daños en la ciudad de Arequipa, para él, el valor de las pérdidas "bordean los trescientos cincuenta millones de soles, un daño increíble para un país que lucha por salir adelante".

Sin embargo, la Cámara de Comercio de Arequipa (CCA) ha elaborado una medición aproximada de las pérdidas ocasionadas a esta ciudad desde el viernes 14, día en que se abrieron los sobres de la subasta, hasta el jueves 20, cuando la comisión de diálogo obtuvo humo blanco.

La cifra es alarmante, pero no tan exagerada como la que dio el presidente. Según la CCA, en sólo seis días, Arequipa perdió veinte millones de dólares, es decir, poco más de siete millones de soles cada día.

Esta cuantiosa cantidad se reparte en varios rubros. El primero de ellos, el más evidente y el menos costoso, es el gasto que el consejo destinará en arreglar las pistas de la ciudad. Además, este rubro incluye la compra de varios litros de pintura que servirán para cubrir las pintas con que los manifestantes dañaron cada rincón del centro histórico.

Así, el municipio arequipeño ha calculado que dentro de diez a quince días se concluirá la reposición completa de todo el adoquinado del centro de la ciudad.

Las obras las realizan cincuenta y cinco obreros, repartidos en dos cuadrillas. La primera trabaja de ocho de la mañana a cinco de la tarde y la segunda desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la madrugada. Se utilizan seis volquetes, dos del Municipio y cuatro de la Tercera Región Militar; además, un cargador frontal ayuda a movilizar la gran cantidad de adoquines que fueron removidos durante las protestas.


LAS TUBERÍAS

En sólo seis días de movilizaciones, Arequipa perdió veinte millones de dólares.

Otro de los gastos que debe enfrentar la ciudad, es la refacción de las conexiones de las tuberías de agua dañadas durante las manifestaciones. La oficina encargada de esta labor es SEDAPAR que, según su gerencia, no asumirá directamente los gastos de la reparación.

En el sistema de distribución de agua, SEDAPAR ha contado treinta y cuatro conexiones destrozadas y más de catorce medidores de agua robados. Además, el sistema de desagüe también fue perjudicado. Durante la revuelta, algunos desadaptados introdujeron objetos contundentes dentro de él.

Las obras de reconstrucción del sistema de agua y desagüe se iniciaron el jueves por la mañana. SEDAPAR dispuso que trescientos veinte gasfiteros que trabajan desde las 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde.


LOS COMERCIOS

En los mercados, la actividad comercial fue restringida. Por ejemplo, en uno de los más tradicionales, el de San Camilo, la mayoría de sus puestos permanecieron cerrados y los valientes que se atrevieron a abrir lo hacían sólo por tres horas, entre las 8 y las 11 de la mañana.

Por otro lado, la paralización del transporte jugó un rol determinante. Los camiones que normalmente abastecen a este mercado, no llegaron. Hasta el lunes, los pocos puestos abiertos, vendieron las reservas de sus almacenes. Pero el martes, el quinto día de la revuelta, los clientes tuvieron que retornar con las manos vacías.

En otros mercados, la situación fue distinta. Los pobladores, temiendo ser atacados por la turba, no salieron de sus casas. Algunos puestos de venta, tuvieron que rematar sus productos para evitar que se pudran.


LAS INDUSTRIAS

La industria arequipeña también sufrió los embates de la protesta. El empresario Mario Cuzzi, propietario de una impresora que funciona dentro del parque industrial, asegura que, el mayor problema, fue el transporte.

Cuzzi afirma que "lo que más nos ha afectado, ha sido la falta de materia prima y la posibilidad de sacar nuestros productos debido al bloqueo de carreteras y al bloqueo de las vías en general. Hemos tenido problemas con nuestros clientes por algunas demoras en las entregas".

En el parque industrial de la ciudad funcionan treinta y dos empresas que dan trabajo a más de dos mil quinientos obreros. El viernes pasado, el primer día del paro, la turba recorrió las calles del parque industrial y rompió puertas y ventanas de las compañías que estaban operando.

Sin embargo, a pesar de las amenazas y de no haber transporte urbano, en los 6 días de paro sólo faltaron al trabajo cincuenta obreros.

"Para los obreros y empleados ha sido difícil llegar a las empresas, han tenido que hacer un esfuerzo mayor, levantarse muy temprano o incluso caminar muy lejos para poder asistir", admite el empresario Mario Cuzzi.

Otro sector económico que fue perjudicado seriamente por la revolución, fue el que vive día a día. Para este importante y grueso sector, la mayor preocupación es su alimentación y la de su familia.


EL TURISMO

Gracias a las protestas, Arequipa perdió, casi un millón de dólares en ingresos sólo por el turismo.

Pero el sector económico arequipeño más golpeado por la crisis durante esta semana, fue, sin duda, el turismo. Desde el ataque al aeropuerto, hasta las violentas manifestaciones callejeras que crearon un clima de caos e inestabilidad en Arequipa, el sector turismo, uno de los focos de trabajo más importantes de este departamento, pagó los platos rotos.

La importancia del turismo en Arequipa se puede entender del siguiente modo: cada diez turistas generan un nuevo puesto de trabajo; un turista gasta, normalmente, entre ciento cincuenta a doscientos dólares diarios. Y esto quiere decir que, por cada uno de los seis días de paro, Arequipa perdió, aproximadamente, ciento cincuenta mil dólares, y en total, casi un millón, sólo en este sector.

Pablo Alcázar, de la Cámara de Comercio de Arequipa, piensa que estas "son cifras aproximadas que no contemplan las perdidas que podría tener la región a consecuencia de las cancelaciones de la parte turística".

Trescientos once hoteles, dos mil restaurantes y ciento treinta agencias de viaje componen la larga cadena que es abastecida, normalmente, por ochenta mil turistas al año. Para todas estas empresas, pequeñas y grandes, el paro fue devastador.

Un administrador de un hotel señaló a agenciaperu.com que ha tenido, cien por ciento de cancelaciones durante los seis días de paro", el encargado de una agencia de viajes afirma que por allí no pasó "ningún turista ni ayer ni hoy, gracias al paro", y un cheff de un restaurante dice que "no se ha logrado vender ni por asomo lo que se vendía antes del paro"

El eslabón no oficial de esta cadena que crea trabajo la forman los artesanos, quienes también resultaron enormemente perjudicados. Ellos se han pasado toda la temporada sin vender un producto, y además, tuvieron que cerrar, como nos dijo uno de ellos "porque teníamos miedo de que nos vayan a saquear".

El turismo sufrió otro duro golpe en el Terrapuerto. El terminal terrestre de la ciudad mistiana recibe, en condiciones normales, cuatro mil quinientas visitas diarias. Esta semana, la paralización fue total. Desde el viernes, a las cuatro y media de la tarde, la gran mayoría de las empresas de transporte acordaron cancelar sus viajes. Los pocos omnibuses que trabajaron lo hicieron en la mañana, después de que la policía, durante la madrugada, despejara las pistas de piedras y adoquines.


En el Terrapuerto, algunos de los trabajadores se plegaron a la manifestación y sufrieron sus penurias: "todo se ha paralizado, ya no ha habido mucho ingreso. Nos comprábamos pan con gaseosa y nos uníamos al paro porque era lo justo. No tanto por el dinero o el trabajo, sino por apoyar al paro".

Los expertos indican que Arequipa pagará un altísimo costo por estos seis días de paralización y que la revolución cobrará la factura dentro de algunos meses. Sin duda, lo que hoy pide a gritos la ciudad es una inyección de dinero y de generación de empleo.


GUILLEN

Guillén: "(la reconstrucción) va a ser una tarea difícil".

El alcalde de Arequipa, Juan Manuel Guillén reconoció, a agenciaperu.com "que va a ser una tarea difícil pero lo vamos a lograr en un corto plazo".

Para algunos importantes y representativos sectores económicos, la intolerancia del alcalde fue la punta de la madeja. Por ejemplo: cada año, la inversión gubernamental en Arequipa es de, aproximadamente, dos millones de dólares.

Es decir, los ochenta y cinco millones de dólares, producto de la venta de las empresas eléctricas que el Estado se comprometió a invertir en la ciudad blanca, hubieran representado más de cuarenta años de inversión estatal.

Como explicó el empresario Mario Cuzzi, "no estamos en épocas, definitivamente, para hacer paralizaciones que perjudiquen la industria", o como lo diría una de las personas que se quedó sin trabajo gracias a las movilizaciones "él [Guillén] debió sopesar de que no se puede llevar a una ciudad a una guerra civil porque nos dijeron cholos o pelagatos".

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