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Columna: Borborigmos
21 de mayo del 2001
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¿Quién ganó el debate y por qué?

Duelo en el Marriot Hotel

¿Para qué cubrir un debate presidencial que se va a desarrollar prácticamente en privado? Alan y Toledo se mechan frente a 25 testigos de excepción y, a 20 metros, en un par de salitas, 170 periodistas acreditados y arrinconados de todo el mundo tienen que resignarse a seguirlos a través de un par de televisores de 18 pulgadas. ¿Cuánto hay para reportar que no sea lo que ya todo el Perú ha visto en sus pantallas? En realidad, bastante.

Escribe Marco Sifuentes

Fotos: César Hildebrandt Chávez

ránsito cerrado tres cuadras a la redonda. Larcomar abandonado. La gente camina por las pistas. Policías con cascos y escudos por todos lados, casi un flashback a la Marcha de los Cuatro Suyos. En el frontis del hotel: periodistas, camarógrafos, técnicos, más policías, botones y políticos. "Después de once años, un debate presidencial paraliza el país...", alguien suelta clichés a su cámara.

Hotel Marriot, resplandores dorados, lujo excesivo. En el ascensor transparente, primer contacto: Gloria Helfer, luciendo un primaveral traje completamente verde intenso, equivoca el botón del piso 4, donde están los salones del debate, de los periodistas y de la conferencia de prensa. "Uy, ahorita nos vamos al sótano", se ríe.

Piso cuatro, tonos marrones, sobriedad calculada. Siete de la noche, todos los periodistas ya llegaron. Hay una abarrotada cola de fotógrafos para entrar a la restringida "Zona Azul", donde está el salón San Martín, el del debate. Las instrucciones son claras: "Fotógrafos y camarógrafos podrán entrar al salón para captar vistas 15 minutos antes del inicio del debate", sólo durante 5 minutos. Masacre segura.

LOS INVITADOS

En el misterioso Salón Ejecutivo Grau, los invitados de Transparencia departen a puertas cerradas. Juan Paredes Castro entra y sale cada cinco minutos y la puerta entreabierta deja ver al psicoanalista Jorge Bruce entre los invitados. En la primera vuelta, había dicho que cada vez que Alan salía en la televisión, cambiaba de canal para que no lo convenza. ¿Por qué exponerse a 90 minutos de hipnótica verborreia, entonces? ¿Quiere convertirse en el Daniel Alcides Carrión del psicoanálisis peruano, señor Bruce? La puerta del Salón Grau se cierra y la pregunta se queda afuera.

Carlos Blancas, Enrique Cornejo, Carlos Zumaeta: la comitiva del APRA llega de a pocos. Mauricio Mulder se parece peligrosamente a Oscar Medelius. Por el otro bando, Carlos Ferrero, apurado, da la impresión de querer pasar desapercibido. "No es eso; es el tamaño", lo defiende una chica. Raúl Diez Canseco, en cambio, parece estar en todos lados. O quizás es el tamaño

Zenaida Solís declara a RPP.

LOS COLEGUITAS

Zenaida Solís, que desborda felicidad y declaraciones a la prensa, pasea por donde puede las bolitas blancas de su falda negra. Beto Ortiz, 10 kilos menos, casaca de cuero, la reconoce y le da su besito. Fotógrafos atentos. Clic. Momento Kodak. Algunos periodistas también son estrellas. Los que no lo son, esperan en los salones Bolognesi y Bolívar viendo el debate de Los Chistosos.

Radio Milena, el diario Reforma, Reuters TV, agencia Rotopress, Radio Selecta, El Tío, la Universidad San Martín: Transparencia no ha dejado de invitar a nadie. Hasta Expreso -que denunció una "conspiración de Perú Posible" para dejarlos fuera- ha enviado a un arisco redactor. "Yo no sé nada de eso, en realidad el redactor es ese canoso", se defiende. El canoso, para variar, está entrevistando a Zenaida Solís. En un sillón, un guachimán informadísimo lee el dossier de Caretas sobre Montesinos.

LA ESPERA

7:20 p.m. Alan vuelve al Marriot. El tumulto de la calle se escucha hasta el cuarto piso. Algunos se asoman al balcón. Abajo, un técnico jala un cable y hace rodar a un fotógrafo.

Aprovechando la confusión, Coqui Toledo, cafarena celeste, la pose Antonio Banderas en el olvido, atraviesa el cuarto piso e intenta subir a un ascensor. "Oye, Coqui, tus palabras". Sonrisa incómoda. El ascensor demora. "Ya pues, danos una entrevista, que nosotros te tratamos bonito". Los fotógrafos se pasan la voz. "¿Ah?", alcanza a decir antes de ser rescatado por Raúl Diez Canseco.

7:30 p.m. Del Castillo, Mercedes Cabanillas, Luis Solari, el Centro Carter en pleno. Ya han llegado todos. Güido Lombardi se dirige al Salón San Martín. "¡Fujimori, Fujimori, tu pata!", le gritan un par de fotógrafos de diarios chicha. "El Chino era su causa", recuerda uno.

"¿Me parece o no nos van a dejar entrar?", reclama la chica de France Press. El fotógrafo de Hoy en la Noticia repregunta "¿Tenés hora?". 7:55 p.m. "¿Ya está listo mi whisky?", se preocupa Juan Paredes Castro. La espera desespera. Carlos Araujo, de El Chino, se hurga la nariz.

Beto Ortiz husmea, figurettísimo. Ha conseguido una habitación en el piso 7. "Hemos estado haciendo rabiar un poco a la seguridad del hotel, que son todos argentinos, no sé por qué".

8:00 p.m. Por fin entra Alan al salón del debate. Toledo ya estaba adentro. Salomón Lerner parece respirar mejor. Beto Ortiz husmea, figurettísimo. Ha conseguido una habitación en el piso 7. "Hemos estado haciendo rabiar un poco a la seguridad del hotel, que son todos argentinos, no sé por qué". De pronto, los fotógrafos pueden entrar en jauría al Salón San Martín. Previsiblemente, se rompe algo. No tan previsiblemente, Beto entra con ellos y saluda con cachita a Toledo, que le hace un gesto de ya vas a ver a salida.

Alan está canchero como siempre. Toledo, que trata infructuosamente de disimular su nerviosismo, ha regresado al look Clark Kent que estrenara el 27 de julio del año pasado. Sorprendentemente, la diferencia de estaturas no se ve tan escandalosa.

En el salón Bolognesi, los televisores muestran a Hildebrandt y Zileri, un combo inmejorable. Los coleguitas se acomodan, jalan sus sillas, se sirven sus gaseosas, suben el volumen. Shshsshhh. Ya va a empezar.

ROUND TWO, FIGHT!

Lombardi da las reglas de juego. Lerner dice algo sobre la transparencia y es el turno de Toledo. "Hermano, hermana, gracias por dejarnos entrar en tu casa", ha recuperado la conjugación en segunda persona singular que estrenara el 8 de abril. En el salón de periodistas, un mozo deja asolapadamente unos sanguchitos, que desaparecen en segundos. Toledo no dijo nada. Ahora saluda Alan con propuestas concretas y bonitas, y remata con una magistral franela al Marriot. Se lució. "Salpica la sangre", bromea el de Caretas. "Uno - cero", sentencia otro.

Tema: política económica y generación de empleo. Alan: Banco Agrario, 35 000 viviendas, retorno a las 8 horas. Toledo se la juega con ataques caletas a García y le suelta la mala palabra: hiperinflación. "Uuuuuh", azuza el respetable. Otros silban.

Alan sonríe y suelta otra mala palabra: Vásquez Bazán. Afirma que su contendor trabajó con su ex ministro de Economía. "Esa es una infamia", un camarógrafo imita a Toledo. Risas grabadas.

Periodistas arrinconados en el Salón Bolognesi.

El verdadero cholo de Harvard muestra un ejemplar de Semana Económica y aclara: "En mi gobierno, los ministros no serán secretarios del Presidente de la República". Toma mientras. García replica mostrando otra revista, pero Toledo ha dado la talla y este round se declara tablas. Lombardi confunde al padre Wicht cuando éste iba a formular su pregunta. En su respuesta, Toledo dice "miones". Dèja vú. Un escalofrío recorre la audiencia.

Política social y alivio de la pobreza. Toledo: "Yo soy el producto de la educación". Alan promete seguro hasta a los mototaxistas. Han bajado el tono. Zenaida atropella su pregunta. "¿Un minuto? Lombardi se malea", comenta alguno de una radio de provincia.

Derechos humanos, política anticorrupción y drogas. Uyuyuy. Alan se arriesga y menciona el terrorismo. Se lanza con todo y promete enfrentar la corrupción "con el apoyo de la juventud". Se altera ligeramente: por primera vez excede el tiempo estipulado. Toledo empieza suave, menciona a Anel, Waisman y Olivera. Tose, carraspea, traga agua. Reta a García a ratificar su apoyo a la Comisión de la Verdad.

Alan sorprende mencionando el Plan Colombia y vuelve a sorprender: "ningún funcionario público debe tener pruebas de consumo de drogas". Toledo acusa el golpe, habla de ciertos juicios pendientes y vuelve a retar a García, quien reacciona, ahora sí, con la pierna en alto: "un consumidor de cocaína no puede ser Presidente de la República". El otro sigue enrostrándole el pasado vergonzante: 2619 desaparecidos, El Frontón, Cayara.

Lo peor ya ha pasado y en Canal N Toledo va ganando con el 60% de las llamadas. Último tema: Descentralización, gobiernos regionales y locales. Los dos coinciden, aunque según García la exposición de Toledo "ha sido un prólogo para la mía".

En las alocuciones finales, Toledo ha tenido suerte: empieza Alan. "De peores circunstancias hemos salido", dice el ex presidente. "De la que nos dejaste, por ejemplo", contestan en la sala. García es emotivo, pero la sensación de que ha empatado de local cunde por el salón Bolognesi. Toledo termina con un mensaje entre conciliador y provocativo. Lombardi respira más calmado y se despide. Aplausos. El show ha terminado.

Paulina rehuye a Beto Ortiz y compañía.

¿Y QUIÉN GANÓ?

Las conferencias post-debate son un saludo a la bandera. Primero Toledo, con todo su equipo, responde las preguntas que Rospigliosi y Gonzáles Arica permiten que sus conocidos hagan. "¡Zaraí, justicia!", grita una mujer bastante elegante con toda la pinta de trabajar en el hotel. Luego Alan -acompañado tan solo por Del Castillo, que lo observa de lejos- aprovecha la primera pregunta para lanzarse con un discurso de 10 minutos y largarse inmediatamente.

En el intermedio se han formado pequeños conciábulos de gente esperando ansiosa por ser entrevistada. La única que puede decir algo diferente, en realidad, es Paulina Arpaza. ¿Qué piensa de lo que dijo Alan sobre descentralización? "En su época había gobiernos regionales, ¿con qué moral viene a hablar? Además, se ha copiado todo de Perú Posible y ni siquiera no sabe ni copiarse..." Entonces un camarógrafo de Frecuencia Latina la empuja y los dos se olvidan de debates ajenos.

En la tele, Bayly y Alvarito declaran ganador a García. Hildebrandt calcula que Toledo ganó por puntos. Zileri hace fintas. En la avenida Larco, el "Club de Fans de Toledo" ha llevado un Cholobús y celebra bailando los jingles del partido. En mi libreta, lo que iba a ser la crónica de una masacre anunciada se ha convertido en un empate técnico.

A la salida, Mufarech abraza a Garrido Lecca y lo vacila: "Paciencia, hermanito, son sólo cinco años más".

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