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6 de noviembre de 2001

Saliendo del hoyo

Escribe Gerardo Barraza / agenciaperu.com

i la economía esta enferma de recesión, el comportamiento de algunos indicadores como el PBI estaría reflejando que en estos 100 primeros días de nuevo gobierno lentamente se va saliendo de la parálisis productiva. De menos 2.2% de variación del producto en el primer trimestre del año se avanza a 0% entre julio y agosto. Recuperación a ritmo de procesión.

Otros indicadores como el consumo interno, el tipo de cambio (revaluación en caso sui generis para la región) y la inflación (a punto de marcar un record histórico con menos de 1% al año) hablarían más bien de una suerte de estancamiento económico.

Sin embargo en el activo hay señales positivas como los US$ 1,800 millones comprometidos por la comunidad internacional en la Mesa de Donantes y el lanzamiento de los programas A Trabajar y Mivivienda que deben convertirse en el corto plazo en los motores de la generación de empleo. También suman puntos a estos primeros tres meses las calificaciones de riesgo-país que ubican al Perú como uno de los países en América Latina con menor riesgo para invertir. Definitivamente el retorno a un régimen democrático ha generado expectativas favorables en el exterior en la marcha de la economía peruana.

No obstante no es suficiente. En un contexto internacional adverso para cualquier esfuerzo reactivador (la primera potencia económica mundial comprometida en una guerra contra una de las economías más pobres del planeta) es necesario identificar que factores internos pueden estar frenando el inicio de un franco proceso de reactivación económica tras cuatro años de parálisis y multiplicación del desempleo.

En esta breve evaluación identificamos por lo menos siete elementos contrarios a cualquier esfuerzo reactivador.

Primero, el diagnóstico del plan económico inicial de Perú Posible fue demasiado optimista. El nuevo gobierno no tuvo una idea exacta de la calamitosa herencia económica del decenio fujimontesinista, la multitud de contratos de estabilidad económica que dejó suscritos lesionando las posibilidades de recaudación fiscal. Proyectaron una cancha de cesped con algunos agujeros y se encontraron con una suerte de potrero.

Segundo, ante este inesperado cuadro la propuesta original de Perú Posible de reactivar por un aumento de la demanda, tuvo que ser mediatizada por explicables temores fiscales. Por eso no se han reducido ni eliminado todos los impuestos que se ofrecieron inicialmente (rebaja del IGV y la eliminación del IES). Tampoco los aumentos de sueldo han sido significativos: sólo S/.50; aunque no hay que desmerecer el programa de préstamos del Banco de la Nación.

Tercero, el gobierno a encargado la aplicación de una receta económica con rasgos heterodoxos a un grupo de tecnócratas ortodoxos heredados del fujimontesinismo. Eso es contradictorio. Es difícil que músicos ortodoxos toquen una sinfonía heterodoxa. Por eso la música que escuchan los agentes económicos suena desafinada. No se sabe si seguimos con la melodía "chicha" liberal o caminamos a un huaylash más pragmático.

Cuarto, la campaña electoral dejó en la población un peligroso exceso de expectativas y nadie en el gobierno salió a decir con claridad que la mona no esta para tafetanes. En este punto al ministro de Economía, Pedro Pablo Kuczynski le faltó protagonismo. Quizás contra su voluntad el viceministro de Hacienda, Kurt Burneo, se ha visto obligado a usar la "mecedora" de su antecesor Alfredo Jalilie.

Quinto, la lucha contra la corrupción está pisando los callos de algunos malos empresarios. En los vladivideos han aparecido conocidos representantes del empresariado local. Es probable que estos hechos esten frenando algunas decisiones de inversión.

Sexto, hay un exceso de temperatura política en el ambiente. Todos los congresistas quieren su comisión investigadora. Los ministros hablán más de política que de sus sectores. Otra vez algunos aprendices de políticos buscan desesperadamente el protagonismo sin calcular el impacto de sus conductas en la marcha de la economía. Algunos más experimentados lanzan la piedra y esconden la mano. Este contexto de extremada agitación política, como si todavía estuvieramos en campaña electoral, no le hace bien a la economía. En escenarios políticos inciertos pocos invierten, sólo algunos gastan.

Sétimo, el factor García. El ex mandatario se ha convertido en un irresponsable alimentador de expectativas en la población. Se reune con banqueros y empresarios y dice que tiene la receta para bajar las tasas de interés. Va al Congreso y asegura que tiene la receta para bajar los precios de los medicamentos. ¿Por qué esa sapiencia no la utilizó entre 1985 y 1990?

Guste o no, electoralmente el país ya contrajo matrimonio con Toledo por cinco años. García ya tuvo su oportunidad y por cinco años desastrosos. Abandonó la casa en escombros. Por eso su juego de inquietar a la recien casada con promesas de galan de barrio es perverso. García juega a romper el matrimonio, alimenta la infidelidad y eso le hace daño a la economía porque siembra más incertidumbre.

La receta para neutralizar estos factores contrarios pasa necesariamente por la concertación. Las fuerzas políticas locales y la sociedad civil tienen que ratificar un acuerdo de gobernabilidad también en el plano económico. Las fuerzas del mercado, los inversionistas, los empresarios, los trabajadores, tienen que volver a confiar en el Perú como un país estable que ahora si necesita de socios estratégicos para su crecimiento con equidad.