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El
factor desconfianza
Escribe
Gerardo Barraza / agenciaperu.com
a
XXXIX CADE deja algunos datos relevantes. Esta
claro, por ejemplo, que en sus primeros 100 días
de gobierno el presidente Alejandro Toledo aún
no consigue el pleno respaldo de un representativo
sector del empresariado local.
Su
participación en este foro no logró
las acostumbradas muestras de apoyo que reciben casi
todos los mandatarios en sus primeras presentaciones
inaugurando sus períodos gubernamentales.
Esto
llama la atención por cuánto con similar
discurso económico
su ministro Pedro Pablo Kuczynski si conquisto mayores
muestras de aprobación.
Tarea
de sociólogos y sicólogos desentrañar
las causas de esta distinta respuesta ante una misma
propuesta de política económica.
Por
lo demás, es evidente que después de
un decenio de engaño los empresarios también
enfrentan una fuerte pérdida de credibilidad
en cualquier discurso considerado político.
Ya casi nadie cree en las palabras.
Razones
al margen, lo cierto es que el presidente Toledo aún
no logra trasmitir en los predios empresariales, sobre
todo los capitalinos, la confianza que todo gobernante
requiere. En el empresariado de provincias la situación
es distinta. Los empresarios del interior del país
si aparecen más cerca de la propuesta gubernamental.
La raíz provinciana contribuye a este resultado.
La confianza también es un asunto de identificación
social.
El
tema es clave por cuanto la confianza es un factor
medular en cualquier esquema de desarrollo. Allí
donde hay desconfianza no es extraño que aparezcan
la polarización y las fricciones. Allí
donde escasea la confianza no es extraño que
se multiplique la falta de inversiones, la evasión
fiscal y la renuencia a poner el hombro para sacar
el país adelante.
La
desconfianza conduce a que muchos empresarios aún
no proyecten el futuro de la economía local
con optimismo a pesar de las positivas señales
macroeconómicas recientes como los crecimientos
del PBI, los incrementos en la recaudación
tributaria y la favorable calificación de riesgo
país que hoy tiene el Perú.
Por
eso, la frase que predomina en la mayoría de
empresarios consultados sobre las perspectivas de
la economía es expectativa. Están en
impaciente expectativa para ver que ocurre con la
marcha de la economía. Muchos aún no
tienen la firme determinación de seguir invirtiendo,
de continuar apostando al desarrollo de sus operaciones
empresariales.
Clave
por eso la convocatoria que hizo el presidente Toledo
a una alianza Estado-Empresarios-Sociedad Civil. Es
un hecho que este país sólo puede salir
del hoyo con un esfuerzo conjunto. O salimos todos
o no sale nadie.
Esta
alianza tiene relación con la competitividad
de las empresas peruanas, tema central de esta CADE.
Para que las compañías locales sean
competitivas en los mercados internacionales necesariamente
el Estado tiene que facilitar que estas lleguen a
los mercados foráneos en igualdad de condiciones
con su competencia. Sólo se pude competir entre
iguales. La igualdad de condiciones para competir
supone armonizar políticas comerciales, monetarias
y fiscales. Para eso es necesario dejar atrás
dogmas económicos que no se aplican en ninguna
latitud del planeta. Tanto el Estado, como las empresas
y la sociedad civil organizada tienen que ponerse
de acuerdo que ninguna ortodoxia económica
nos va a conducir a un desarrollo económico
acelerado.
Hay
que construir la confianza dando los pasos adecuados.
La alianza propuesta por el presidente Toledo esta
en esa dirección.
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