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Pasión,
suerte y resurrección de Hugo Chávez
Luego
que Hugo Chávez fue repuesto en la presidencia de
Venezuela, a los celulares de todo Caracas llegó
el siguiente mensaje de texto: "Sonría, venezolano:
los últimos tres días usted estuvo en cámara
escondida". Y es que los sucesos venezolanos ocurrieron
con tal rapidez y confusión, que hasta ahora nadie
sabe realmente lo que sucedió. ¿Conspiración
del empresariado y los medios? ¿Insurrección
popular espontánea del chavismo? Esta es una crónica
de cómo terminó el primer golpe de Estado
latinoamericano del siglo XXI.
Escribe
Marco Sifuentes /
agenciaperu.com
iércoles
en la noche. Caracas ensordecía por el ruido de las
cacerolas y las bocinas de los autos. Lo inaudito había
sucedido: el sindicato obrero venezolano, la CTV, y el gremio
empresarial, Fedecámaras, se habían unido
a una protesta contra el cambio de dirigentes de Petróleos
de Venezuela (PDVSA) ordenado por Hugo Chávez. Habían
convocado a un paro nacional indefinido. El precio del petróleo,
a nivel mundial, subió un dólar.
*
Los cacerolazos no dejan dormir. Horas antes, en la autopista
que conduce del aeropuerto a Caracas, un taxista afirmaba
que todo era normal, que no pasaba nada. En la tele, el
canal 8, Venezolana de Televisión (VTV), el canal
del Estado, dice lo mismo. Los canales privados y los periódicos,
en cambio, hacen eco de las cacerolas y esgrimen el mismo
lema: Ni un paso atrás.
PASIÓN
- Jueves
en la mañana. Tercer día de paro nacional.
Mitin chavista al pie de Palacio de Miraflores: 5 mil personas.
Marcha antichavista hacia la sede de PDVSA: 500 mil manifestantes.
De pronto, la marcha -nadie sabe cómo ni por qué-
decide dirigirse hacia Palacio. Hacia los chavistas.
*
A las 3 de la tarde, Hugo Chávez ordena que transmitan
su mensaje televisivo en cadena nacional. Como ya es costumbre,
las televisoras dividen su pantalla. A la izquierda, Chávez
insiste en que no pasa nada. A la derecha, antichavistas
son reprimidos con gases lacrimógenos dos cuadras
antes de llegar a Palacio de Miraflores. Un abogado nos
comenta que es la primera vez que en este gobierno lanzan
gases, chamo; la cosa está arrecha. Los periodistas
nos miramos. Es hora de un paseo por Miraflores.
- Atrincherados
en un puente (en Caracas abundan), miembros de los Círculos
Bolivarianos -organizaciones chavistas paraestatales y casi
paramilitares- disparaban a los antichavistas. Un fotógrafo
murió de un disparo en la cabeza. Un miembro de la
DISIP (la policía política venezolana) infiltrado
en la marcha fue acribillado. Su crimen: llevar una cámara
con él. La indignación de los chavistas hacia
la prensa no era broma.
*
Empiezan los primeros saqueos. Cinco periodistas extranjeros
le pedimos a un despistado taxista caraqueño que
se aproxime a Palacio por el lado antichavistas, pero equivoca
la ruta. Cuando nos damos cuenta, estamos rodeados de 30
soldados. Uno nos apunta con un fusil y rastrilla. No tiene
más de 19 años y está temblando. Otros
nos hacen bajar del auto y apoyarnos contra la pared. También
rastrillan. Prendo mi cámara y sólo después
de gritar Somos extranjeros, agrego: Somos periodistas.
Las dos chilenas sollozan algo que no logro entender. De
pronto, el que parece ser el jefe ordena que regresemos
al auto y nos alejemos. Cuando estamos a una cuadra, el
resto decide regresar al hotel. Se escucha una ráfaga
a lo lejos. El taxi se va. Solo un periodista me acompaña
en esta excursión. Se llama Oscar y también
es peruano.
- Jueves
en la noche. General tras general tras general. Cumaná,
Mérida, Maracay, Zalia. Las noticias llegan de cuarteles
en todo el país. El Comandante General del Ejército
pide perdón por las muertes ocurridas durante las
manifestaciones y responsabiliza a Chávez por ellas.
*
Apesta a gas lacrimógeno. Uno de los simpatizantes
de Chávez afirma tener hasta armas químicas
de fabricación casera. Llegamos al mitin chavista.
Imposible sacar la cámara. En el estrado, un orador
acusa al opositor alcalde de Caracas, Alfredo Peña,
de las muertes del día. La multitud ruge y alza los
palos y fierros que portan con orgullo. Algunos tienen cuchillos.
Intentamos entrar a un edificio cercano pero los chavistas
nos lo impiden a trompillones gritando "ahí
están los francotiradores" y advierten al casero
que no deje entrar a nadie. Un par de tipos que serían
la envidia de la Trinchera Norte nos han echado el ojo.
Oscar sugiere ir al diario opositor El Nuevo País.
Fin del paseo.
- Madrugada
del viernes. En Venevisión anunciaron que Chávez
ha renunciado. Unas versiones luego afirmarían que
en realidad Chávez estaba negociando su abandono
del cargo, su exilio a Cuba. Los trabajadores del canal
del Estado abandonaron las instalaciones. En la marginal
zona oeste de Caracas, los diputados chavistas contactaban
clandestinamente con los Círculos Bolivarianos. No
se iban a rendir fácilmente.
SUERTE
*
En El Nuevo País el festejo dura poco. Hay mucho
que reportar. Pero la pregunta es: Si Chávez renunció,
¿quién controla el país? Al día
siguiente, Venezuela se levanta estupefacta. Pedro Carmona
Estanga es el nuevo presidente. Los corresponsales extranjeros
nos preguntamos ¿Y éste quién es?
- Carmona
era el presidente de Fedécamaras. Empresario de ultraderecha,
con estrechos vínculos con el Opus Dei. Juró
como presidente el viernes en la mañana. Olía
a golpe de estado. En la tarde, le cambió de nuevo
el nombre a Venezuela, derogó la constitución,
cerró el Congreso, nombró una Junta de Notables,
anunció que se quedaba un año, pero no tocó
a los jefes militares ni cambió a la Guardia de Honor.
Grave error.
*
Durante todo el viernes, la televisión imita al Chávez
de hace 24 horas: no pasa nada. Todo está normal.
Pero, en sus celulares (en Caracas abundan), la gente hablaba
de saqueos, incendios y enfrentamientos, en especial en
la zona de Catia. En una ciudad donde morir a manos de un
asaltante ya no es un escándalo, Catia es la zona
más violenta -y, por supuesto, la más pobre,
es decir, la más chavista- de Caracas. Ahí
empezó el contragolpe.
- El
sábado al mediodía iban a jurar los ministros
de Carmona en Palacio de Miraflores, a pesar que estaba
cercado por los manifestantes chavistas. Los golpistas se
habían tragado su propio cuento. Cuando el batallón
de paracaidistas, fiel a Chávez, amenazó bombardear
la sede del Ejecutivo, regresaron a la realidad. Inmediatamente,
algunos periodistas e invitados a la ceremonia fueron desalojados
por el sótano de palacio. Dentro, la Guardia de Honor
detenía a Carmona y lanzaba vivas a Chávez.
Era como si en el Perú los Húsares de Junín
hubieran tomado Palacio de Gobierno.
*
Más de 24 horas de violencia ininterrumpida en Caracas
y ningún periodista admite la gravedad de la situación.
Al fin, a las 5 y 30, Globovisión afirma que hay
"disturbios aislados" que no podían cubrir
porque sus periodistas eran agredidos. A las 8, el contragolpe
se hace oficial. Los Círculos Bolivarianos retoman
el canal estatal y dan la noticia: Carmona ha sido depuesto
y el vicepresidente de Chávez, Diosdado Cabello,
jura como presidente interino. Salgo volando a VTV, gritando
¡prensa extranjera!. Más de 3 mil personas
rodean el local y se apretujan contra sus rejas de cuatro
metros de alto, pugnando por entrar. Revolucionarios mediáticos.
Están demasiado felices para odiar a un camarógrafo,
sobre todo si sigo gritando que soy peruano. Una negra regordeta
se apiada de mí y se ofrece para negociar mi ingreso
con unos entes invisibles dentro del canal. Media hora después
obtengo la autorización y un soldado me ordena que
trepe la reja, si quiero entrar. Mis pies van a doler un
buen rato.
-
Desbordados por la realidad -y por miles de chavistas que
las habían sitiado- , las televisoras privadas solo
atinaron a colgarse de la señal de VTV. En el set
estatal, desfilaron diputados, ministros y militares. Y
el domingo, a las 5 de la mañana, recién llegado
de su prisión en la isla de La Orchila, Hugo Chávez
volvía a dar una cadena nacional. Esta vez, la pantalla
no se dividió.
*
VTV huele a pólvora y sus ocasionales ocupantes,
a alcohol y marihuana. Hago mis tomas, aseguro la exclusiva
y me voy. En la calles, la celebración de los pobres
es apoteósica. Abrazos, gritos, banderas, llantos,
motos, bocinazos, volviooó volviooó volviiiooó,
amenazas por llevar una cámara y un jugoso beso caribeño,
también por llevar una cámara. En las zonas
residenciales, el silencio se impuso. Chávez agudizó
las contradicciones, azuzó la lucha de clases, condujo
a Venezuela a una fugaz guerra civil. Y la clase media la
perdió.
RESURRECCIÓN
- Cuando
Caracas despertó, Hugo Chávez seguía
ahí. Los periódicos, no: los periodistas habían
tenido que huir de sus centros de trabajo, a pesar de la
presión de los dueños. La televisión
seguía cauta -al menos informaba de los saqueos-
pero apoyar al gobierno de facto le quitó credibilidad.
Carmona y los militares que lo apoyaron estaban presos.
La oposición democrática aplaudía la
voluntad de diálogo de Chávez. Pero, en la
tarde, ante los paracaidistas de Maracay -los primeros en
contragolpear-, el cuatro veces juramentado Presidente dijo:
"Después de estas horas que hemos pasado, estoy
pensando que de repente no me voy tampoco en el 2021".
*
Última noche en Caracas. No puedo dormir. Chávez
dio una maratónica conferencia de prensa y pidió
perdón a los medios. Gaviria hizo la finta y se fue.
El gobierno de los Estados Unidos -al descubierto luego
de la revelación del New York Times de que meses
atrás, funcionarios de Washington se habían
reunido con Carmona y otros de los futuros golpistas- siguen
sin reconocer el gobierno de Chávez. El alcalde Peña
denuncia atentados contra su vida en Globovisión
(cuyo director hizo acto de contrición por la vergonzosa
actuación de la cadena durante el sábado).
Un ministro de Chávez responde al alcalde con insultos
y amenazas en VTV. Abro la ventana de mi habitación
y escucho un balazo a lo lejos. Caracas ha vuelto a la normalidad.
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