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Campo minado
6 de abril de 2002

El hombre que vino del frío

Escribe Miguel Silvestre

scuchar a Pedro Pablo Kuczynski es como tomar una infusión de manzanilla sin saber que dentro de ella hay estricnina. No hay duda que su capacidad de permanecer inmutable ante las peores críticas a su gestión sólo confirma que es decididamente el mejor alumno que la escuela del FMI y el gobierno norteamericano tiene en Latinoamérica.

Y es que tanta sangre fría sólo puede ser resultado de la confianza no de que se hagan bien las cosas sino por la certeza de que siempre habrá oídos sordos a cualquier pedido de los votantes, esos millones que le importan poco a Kuczynski y al parecer también muy poco a Roberto Dañino.

Kuczynski y su taza con manzanilla-estricnina engañan a cualquiera, menos a los que desde hace doce años no tienen trabajo. Cierto que la propuesta del ministro de Economía tiene que empezar a dar sus frutos a fines de este 2002, pero también es cierto que a nadie se le informa que el plan que se sigue es el mismo que hizo Carlos Boloña y que el que aplicaron los ministros de Economía del presidente de facto Vladimiro Montesinos junto a su "carnal marcelo", el japonés Alberto Kenya Fujimori.

Pero de esas curiosas coincidencias no habla ninguno de los funcionarios de esta administración, acaso porque aún creen que la población seguirá hasta el final del 2002 luchando contra los fujimontesinistas. Si hoy se exige cuentas claras a los que pretenden acceder a un cargo en el toledismo (aunque no estamos seguros de que este tamiz dé siempre resultados) es justo que el Ejecutivo empiece por explicar que este gobierno no tiene una receta nueva, que los Estados Unidos dictan la pauta y que si el FMI exige que todos los peruanos nos paremos de cabeza en el Parque Kennedy el 1 de mayo téngase la seguridad de que veremos por las calles de San Juan de Lurigancho, San Juan de Miraflores y El Agustino a una voluntariosa Doris Sánchez Pinedo, megáfono en mano, llamando a los compatriotas a "apoyar" la acción de masas a favor del FMI, pero con la justificación de que es una muestra de respaldo al oficialismo.

Así es que primero es lo primero, como dicen en Tumbes los que no saben de Grecia y sus filósofos, pero si tienen claro que las promesas se cumplen "sin dudas ni murmuraciones". Y es que existe una diferencia abismal entre dar trabajo en las riberas del río Rímac frente a El Agustino, que no variará nuestros ingresos per cápita, y el plan económico del señor Pedro Pablo Kuczynski, que entre otras bondades ha pasado por el desagio tributario para los grandes empresarios y por una serie de disposiciones que no hacen sino desmentir la falsa imagen que desea proyectar el titular de Economía: el de una supuesta preocupación por la disciplina económica y monetaria.

No es disciplinado que se haya realizado el lanzamiento de los bonos soberanos y la negociación de los bonos Brady en el mercado internacional sin que se le haya consultado a nadie. La negociación fue una de las más importantes de la economía peruana y estuvo sellada por el silencio, silencio que no habría resultado tal para ciertos amigos del gobierno. ¿Quién se benefició con todo esto? ¿Acaso el silencio gubernamental no nos lleva a pensar que algunos "suertudos" pudieron acceder a información privilegiada?

Mucha gente aplaudió porque la operación fue un éxito.

¿Pero quiénes se beneficiaron realmente? ¿Y si los cuestionamientos del Apra tienen asidero? ¿No es factible revisar los resultados finales de las operaciones de este gobierno antes que aceptarlas a pie juntillas?

Kuczynski ha dicho que está preparado para irse del cargo. ¿Por qué está resignado o porque ya cumplió los cometidos de los grandes bancos de inversión y el FMI? ¿Tan pronto y ya se siente satisfecho?

Son sólo preguntas las que hacemos desde este Campo Minado, preguntas a un ministro que puede irse a tocar la flauta dulce tranquilo, mientras ese Perú que no conoce ni siente en el corazón sigue desangrándose.