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El
hombre que vino del frío
Escribe
Miguel Silvestre
scuchar
a Pedro Pablo Kuczynski es como tomar una infusión
de manzanilla sin saber que dentro de ella hay estricnina.
No hay duda que su capacidad de permanecer inmutable ante
las peores críticas a su gestión sólo
confirma que es decididamente el mejor alumno que la escuela
del FMI y el gobierno norteamericano tiene en Latinoamérica.
Y es
que tanta sangre fría sólo puede ser resultado
de la confianza no de que se hagan bien las cosas sino por
la certeza de que siempre habrá oídos sordos
a cualquier pedido de los votantes, esos millones que le
importan poco a Kuczynski y al parecer también muy
poco a Roberto Dañino.
Kuczynski
y su taza con manzanilla-estricnina engañan a cualquiera,
menos a los que desde hace doce años no tienen trabajo.
Cierto que la propuesta del ministro de Economía
tiene que empezar a dar sus frutos a fines de este 2002,
pero también es cierto que a nadie se le informa
que el plan que se sigue es el mismo que hizo Carlos Boloña
y que el que aplicaron los ministros de Economía
del presidente de facto Vladimiro Montesinos junto a su
"carnal marcelo", el japonés Alberto Kenya
Fujimori.
Pero
de esas curiosas coincidencias no habla ninguno de los funcionarios
de esta administración, acaso porque aún creen
que la población seguirá hasta el final del
2002 luchando contra los fujimontesinistas. Si hoy se exige
cuentas claras a los que pretenden acceder a un cargo en
el toledismo (aunque no estamos seguros de que este tamiz
dé siempre resultados) es justo que el Ejecutivo
empiece por explicar que este gobierno no tiene una receta
nueva, que los Estados Unidos dictan la pauta y que si el
FMI exige que todos los peruanos nos paremos de cabeza en
el Parque Kennedy el 1 de mayo téngase la seguridad
de que veremos por las calles de San Juan de Lurigancho,
San Juan de Miraflores y El Agustino a una voluntariosa
Doris Sánchez Pinedo, megáfono en mano, llamando
a los compatriotas a "apoyar" la acción
de masas a favor del FMI, pero con la justificación
de que es una muestra de respaldo al oficialismo.
Así
es que primero es lo primero, como dicen en Tumbes los que
no saben de Grecia y sus filósofos, pero si tienen
claro que las promesas se cumplen "sin dudas ni murmuraciones".
Y es que existe una diferencia abismal entre dar trabajo
en las riberas del río Rímac frente a El Agustino,
que no variará nuestros ingresos per cápita,
y el plan económico del señor Pedro Pablo
Kuczynski, que entre otras bondades ha pasado por el desagio
tributario para los grandes empresarios y por una serie
de disposiciones que no hacen sino desmentir la falsa imagen
que desea proyectar el titular de Economía: el de
una supuesta preocupación por la disciplina económica
y monetaria.
No es
disciplinado que se haya realizado el lanzamiento de los
bonos soberanos y la negociación de los bonos Brady
en el mercado internacional sin que se le haya consultado
a nadie. La negociación fue una de las más
importantes de la economía peruana y estuvo sellada
por el silencio, silencio que no habría resultado
tal para ciertos amigos del gobierno. ¿Quién
se benefició con todo esto? ¿Acaso el silencio
gubernamental no nos lleva a pensar que algunos "suertudos"
pudieron acceder a información privilegiada?
Mucha
gente aplaudió porque la operación fue un
éxito.
¿Pero
quiénes se beneficiaron realmente? ¿Y si los
cuestionamientos del Apra tienen asidero? ¿No es
factible revisar los resultados finales de las operaciones
de este gobierno antes que aceptarlas a pie juntillas?
Kuczynski
ha dicho que está preparado para irse del cargo.
¿Por qué está resignado o porque ya
cumplió los cometidos de los grandes bancos de inversión
y el FMI? ¿Tan pronto y ya se siente satisfecho?
Son
sólo preguntas las que hacemos desde este Campo Minado,
preguntas a un ministro que puede irse a tocar la flauta
dulce tranquilo, mientras ese Perú que no conoce
ni siente en el corazón sigue desangrándose.
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