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8 de diciembre del 2002
Campo minado

No al chivo expiatorio

Escribe Miguel Silvestre

n las imágenes que propala la televisión veo a una linda dama intentando sobornar a un policía. Minutos después, observo la cara de la joven, en fotocheck. Allí se confirma su acción, a todas luces reprobable, para solaz de sus enemigos y para felicidad de los que gustan del chisme en su barrio.. Ella es una persona que quiso corromper a la Policía y, por eso, será castigada.

Todo bien, aparentemente. Se inicia así una campaña en la que una institución tan cuestionada trata de limpiarse de sus vicios y sus viejas suciedades. Todo bien, aparentemente, pero sólo aparentemente.

Y es que este tipo de acciones son, sin duda, loables y edificantes, pero sólo parecen significar lo que tanto nos tememos: la guirnalda en el árbol de Navidad, el disparo de una pistola de señales en un barco a la deriva, la zurda de Cueto, los ojos verdes de Angelina Jolie; es decir, la luminosidad, el efecto visual.

Efecto visual porque, como siempre, se busca que contentar, primero, a los medios de comunicación y a los jefes de los programas anticorrupción mostrándole pequeños ejemplos de mala acción de los ciudadanos , para justificar el "avance en actividades correctivas" sobre el tema.

¿Vale la pena sorprender in fraganti a la señora que quiere "coimear" con diez soles? ¿Es tan importante sorprender a un ciudadano en el acto de intentar sobornar después de haberse pasado una luz roja? Por supuesto que sí. Lo grave es que este tipo de actividades, al parecer , no viene con su respectivo correlato macro. Y aquí sí se estaría volviendo a cometer el mismo error: la aplicación de sistemas de lucha anticorrupción para los infractores más vulnerables, los que se dedican a la coima pequeña, al "arreglo" cotidiano.

Por cierto que habrá quienes aseguren que este tipo de campañas son prioritarias porque la corrupción tiene una génesis y esa piedra inicial está "asentada" en las actividades menudas de los ciudadanos comunes y corrientes. Si no se empieza por detectar y sancionar estas pequeñas infracciones y acciones de poca monta, dicen estos personajes, no se creará un clima de conciencia ciudadana.

Y es cierto. Pero, centrarse en ese debate es profundamente equivocado. Y al parecer por ese camino parecen discurrir algunas campañas de lucha contra la corrupción. Pues, si realmente hubiera un afán por ir a las profundidades del tema comenzaríamos por no trabajar en función de lo que piden algunos intereses mediáticos, de manera inmediatista, y de no lanzar campañas tomando como "ejemplo" a los responsables o infractores de siempre. A saber, los anónimos, los que no van a la Huaca Pucllana, los que jamás entran a Rafael, los que creen que un Etiqueta Azul es una más de las barras que tiene Alianza Lima.

Investigación sí, sanción, mejor, lucha por crear conciencia en valores, muy bien, pero de verdad que resultaría tragicómico que terminemos crucificando a los Cristos de siempre.

Porque los chivos expiatorios son el plato principal en el Perú, digamos, la carne de tercera que los leones devoran sin percatarse que las presas mejores circulan en Mercedes con resguardo.

La corrupción está en cada esquina, es cierto, pero habría que comenzar por observar con mayor detenimiento y actuar con brazo férreo con los que hasta hoy se encuentran intocables, debido a la extraordinaria cercanía que tienen con el poder de turno. ¿No es así Coqui, vocal Silva Vallejo, etc., etc., etc. ...?

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