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Una
rebelión esperada
Escribe Miguel
Silvestre
na
nueva corriente de dirigentes políticos está reclamando
un espacio en el espectro nacional. Esto no tendría nada
de raro si no se hubiera encontrado con una férrea y sorda
oposición, formada por los llamados "líderes
históricos" de esos partidos. Estos dirigentes antiguos
desean, como siempre, mantenerse en sus puestos, así la historia
de sus gestiones no haya sido demasiado halagadora.
Esta nueva corriente
de políticos, que no está formada por inexpertos dirigentes
sino por personajes de partido con cargos intermedios y con posición
discrepante a la de sus jefes quiere asumir las riendas de sus organizaciones.
Y eso es saludable.
Lo que no resulta
beneficioso para el país es que los eternos dirigentes de
los partidos políticos pretendan manejar los resortes partidarios
para evitar una discusión o una competencia con condiciones
iguales para todos. Porque la democracia interna no se debe sólo
pregonar sino, también y principalmente, practicar.
En este nuevo
panorama nacional resulta pertinente confirmar que este afán
de darle una imagen y una praxis diferente a la gestión de
los partidos políticos es no sólo urgente sino perentorio.
Resulta urgente
en la medida en que hasta hoy no se ve una democracia horizontal
en ninguno de los partidos políticos y éstos deben
ser un ejemplo de gestión prístina y respetuosa.
Es cierto que
algunos partidos políticos han logrado ubicar la mayor cantidad
de presidentes regionales y alcaldes, pero más cierto es
admitir que en todas las organizaciones primó el "dedismo"
de los "líderes" para nombrar a los candidatos.
Las Primarias fueron, digamos la verdad, un saludo a la bandera.
La muestra es que, por ejemplo en Unidad Nacional o el PPC, las
listas se "armaron" según los gustos de los líderes
partidarios y no según las bases, que es lo que hipotéticamente
debía ocurrir.
El Apra ni qué decir, pues allí resultó evidente
que las directivas de Alan García se cumplían sin
dudas ni murmuraciones. Cosa parecida ocurrió con Perú
Posible, donde las fricciones se han mantenido al punto tal que
un grupo de parlamentarios ha amenazado con irse de ese partido
(partido que, dicho sea de paso, no tiene ni ideario ni capacidad
de organización real).
De todo este
menú de sabor indefinible sólo puede resultar una
mezcla explosiva: explosiva en el sentido de que crea condiciones
para la desazón, la apatía o simplemente el enfrentamiento
intrapartidario.
Y allí
están los resultados: Luis Bedoya sale de sus cuarteles de
invierno para "imponer" a rajatabla a Lourdes Flores,
Acción Popular le exige al doctor Valentín Paniagua
que Raúl Diez Canseco decida su situación en el gobierno
de Alejandro Toledo, Perú Posible hace agua en el Congreso
mientras reconoce internamente que la falta de aparato, organización
y doctrina produce no sólo una zigzagueante trayectoria sino
personajes tan cuestionados como Doris Sánchez. Y en el Apra,
ante la arremetida de no tan nuevos dirigentes como César
Zumaeta, Alan García decide tirarle la puerta en las narices
a la renovación de cuadros.
¿Así quieren llegar los partidos al 2006? ¿Pregonando
democracia de la puerta de la casa para afuera, pero poniéndole
un cinturón de castidad a los nuevos aires o tan sólo
a nuevas caras que ni siquiera plantean una renovación ideológica?
No hay duda
que la postmodernidad debe venir, necesariamente, con fuerza. Los
partidos deben estar preparados para los Nuevos Aires. Antes de
oponerse a un poco de horizontalidad deberían revisar a Manuel
González Prada. Francis Fukuyama está, hace buen tiempo,
con las horas contadas.
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