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No
sólo de pan...
Escribe
Miguel Silvestre
etenta
y siete por ciento de la población, según
la última encuesta de Apoyo, desea que el Presidente
Alejandro Toledo genere inversión, empleo y -de esta
manera- luche contra la pobreza. Verdad que uno no puede
soslayar y que expresa el sentir de las calles, no el de
los gabinetes de ensayo sociológico.
Verdad
que asusta, también, porque esa misma población
no quiere saber nada de crucifixiones a la mafia fujimontesinista
y tiene, más bien (más mal, personalmente
para este cronista) un peligroso acercamiento hacia la política
del borrón y cuenta nueva, a la del "así
es la vida, qué le vamos a hacer" o a la del
"pobre, él también tiene familia".
Sólo
un tres por ciento de esa población encuestada quiere
que el gobierno de Alejandro Toledo se dedique a combatir
la corrupción, quizá porque el latrocinio
sistemático al Estado ha sido una práctica
alentada no sólo por los que la hacen sino por los
que la han visto, la sospechan o la ansían sin tener
la frescura para ello. Existe en el país, hoy, no
un descontento rabioso (pues no hay duda que las marchas
y las protestas contra Alejandro Toledo tienen más
que nada una "direccionalidad" política)
sino una desazón del alma, aunque muchos peruanos
no la entiendan así. Para miles de nuestros compatriotas
"el país no tiene arreglo", pero aunque
no han perdido la esperanza lo que parece que se les ha
ido es la motivación.
Nuestra
población no ha necesitado leer a Vallejo (no Vallejos,
como dicen varias candidatas a Miss Algo en mi país),
tampoco ha hurgado en la historia de la vida de Rafael de
la Fuente Benavides y su estadía en el hospital "Víctor
Larco Herrera" para entender el valor de la soledad
y la incomprensión. Nada de eso ha servido para hacer
sus tristes poemas diarios, aquellos que se escriben no
con la sangre de la pluma sino con la carencia y la falta
de oportunidades.
Estoy
seguro que salvo los peruanos y peruanas que leen honestamente
poesía y los que sólo "juegan" a
la poesía, muy pocos son los que han leído
los versos de un Poeta de mi país, Róger Santibáñez,
en la página 38 de su libro "Homenaje para Iniciados".
El dice: "En este cuento de amor / yo no sé
si habré cantado / yo no sé si mi canción
/ será de amor o / soledad o frío de noche
/ por la noche / Oscuridad de Rimbaud / en Abisinia / sin
ningún amigo en París / sin nada sin nadie".
La encuesta
de Apoyo dice lo mismo, pero con otros códigos: un
sánscrito distinto pero idéntico al que pintan
Santibáñez, Mora, De Ramos, De Lima y otros
escritores que jamás tendrán la tribuna de
los tránsfugas Laura Bozzo o Raúl Romero.
Una
desazón recorre el espinazo del país. Esa
población ni siquiera desea deshacerse de su gobernante,
sólo parece verlo desde su lecho de enfermo, esperando
una salida, una vía, un plan, una dirección
correcta.
Un grupo
político sin dirección, sin mística,
sin organización, está condenado a realizar
acciones inmediatas y alianzas estratégicas antes
de ser absorbido por sus propios errores. El Apra lo sabe.
Y si en algún momento se pretendió lanzar
al circo a los fujimontesinistas, ese circo (para mi tristeza)
no funciona. El país parece tener memoria frágil
y los delincuentes que dilapidaron los dineros del Estado
tienen suerte. Si no es así, que le pregunten a Luis
Bedoya de Vivanco.
Resulta
una contradicción irónica de la vida, pero
el país no parece ser proclive a las sanciones, quizá
porque -como dice Mario Vargas Llosa- se da cuenta que al
final los que tienen poder económico o influencia
política siguen hasta hoy impunes y seguirán
así, por los siglos de los siglos, amén.
Por
ello, usted puede seguir observando, de lunes a viernes,
las muecas de Raúl Romero y sus acciones tratando
de pasar por más inteligente frente a un grupo de
jóvenes que sabe más de Melody y del Baile
del Gorila que de la Guerra del Pacífico o de los
entretelones de la concertación que ansía
Alejandro Toledo. De hecho, nadie le reprochara a Romero
que él e incluso "López" (su perro)
conversaban animadamente con Vladimiro Montesinos de cómo
adormilar un país vía canciones de propaganda
al fujimontesinismo. Pero, no, nadie le lanzará un
solo piropo a Romero. El 77% de la población está
más preocupado en cómo hace para buscar una
salida a sus problemas económicos. Suerte, que le
dicen.
Un país
descreído es el que le ha tocado a Alejandro Toledo,
una patria donde la justicia social es un proyecto lejano
y donde la muerte, la tortura, el robo millonario, fueron
parte de la historia cotidiana de sus habitantes.
Por
eso el borrón y cuenta nueva es posible, y por ello
algunos políticos y otros "grandes" personajes
hallados con las manos en la masa (léase millones
de la mafia del ex asesor) saben que todo es cuestión
de tiempo, mimetismo y maquillaje.
En semejante
escenario, proponer la concertación es hablar entre
cuatro paredes: las de los gobernantes, las de los opositores
políticos, en otras palabras, las de la clase política.
Una
propuesta real de gobierno no es un discurso en una plaza
ni el ataque furibundo a éste.
Una propuesta de concertación se inicia con una palabra
que provoca escalofríos a los que tienen su sustento
político en la asesoría de imagen o en la
propaganda millonaria: organización.
Y la
organización parte de las bases, de las bases que
hoy, por paradójico que parezca, quieren pan, sólo
pan y nada de circo. Cambiar esa tendencia hacia la búsqueda
de soluciones con participación ciudadana, concertación
horizontal y un verdadero plan económico (que no
resulte "inmediatista") es un reto que debemos
asumir.
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