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Anoche
soñé un gabinete
l
cambio de gabinete me deja sabor a ceniza en la boca. Lo
que me hubiera gustado ver, brilla por su ausencia: mujeres,
jóvenes y otro Presidente (no se asusten, ahora me
explico).
Cuando
cierro los ojos y convoco en la toronja las imágenes
más poderosas de la bronca por recuperar la democracia,
casi todas tienen que ver con mujeres. Mujeres periodistas,
mujeres estudiantes, mujeres espías, mujeres activistas,
mujeres de organizaciones populares, mujeres profesionales
de clase media o mujeres amas de casa. Las imágenes
masculinas que me vienen a la mente –después de las
femeninas- son casi todas de jóvenes. Jóvenes
que lo entregaron todo, con un compromiso que me sugería,
más que un esfuerzo por cambiar de régimen,
un sueño, a la manera del poeta Rimbaud, por cambiar
la vida.
Con
mujeres y con jóvenes –además de con Alejandro
Toledo- establecí las relaciones más intensas
en esa historia personal que cada uno de nosotros tiene
de aquellas jornadas. El último me decepcionó.
Los primeros dos –mujeres y jóvenes- también,
pero por razones opuestas: por lo que no han hecho. Por
lo que no han tenido la oportunidad de hacer.
¿Por
qué es esto importante? Porque en el origen de nuestro
problema está
la falta de legitimidad –de credibilidad- de quienes tienen
poder, sea político, económico, judicial,
militar o cualquier otro. Esa fue la razón verdadera
de Fujimori y Montesinos: cuando dieron el zarpazo, éramos
un país civilmente inerme, ya no teníamos
fuerzas para defender a políticos o instituciones
que despreciábamos. Para evitar un futuro 5 de abril,
pues, era indispensable regenerar por completo la clase
que manda en el Perú. ¿Y dónde, si
no en las mujeres y en las nuevas generaciones, están
esas reservas? Los dos grupos que hasta ahora no han tenido
esponsabilidades de conducción en el país.
Lo demás es reencauche.
Me hubiera
gustado ver al menos ocho ministras. Las hay, y de todos
los colores y tendencias, con títulos de sobra. Y
me hubiera gustado ver a las nuevas generaciones asumiendo
puestos de influencia. Así se han hechos las mejores
transiciones en los países de Europa del Este –Hungría
ayer, Bulgaria hoy- tras el desplome del comunismo. Desde
luego, no hablo del cambio por el cambio: el cambio en función
de un líder con un sentido muy claro del rumbo por
el que quiere conducir al país. Pero un cambio de
caras, de nombres, de estilos, de mentalidades, es decir
de instituciones.
El nuevo
gabinete es el desesperado recurso de un Presidente que,
sintiéndose vulnerable, intenta sobrevivir. Una movida
política de corto plazo, seguramente negociada, por
razones de salvataje. No una convocatoria a las reservas
no jugadas del país en función de un nuevo
esquema de gobierno basado en la reforma del Estado, el
Presupuesto, la Justicia y las Fuerzas Armadas. Más
bien, un reciclaje de figuras profesionalmente muy respetables
que ya no le dicen absolutamente nada nuevo a la gente del
común.
Si
una clase política no es creíble, aun cuando
haga las cosas bien, las instituciones no pueden recuperar
lozanía, vigencia, respetabilidad. Y sin eso no hay
país que se desarrolle. Porque el problema no es
fiscal (esto es un síntoma) sino institucional. Por
eso la inversión privada ha caído 5 por ciento
este año y por eso el único crecimiento que
ha habido se debe al gasto público, que ha levantado
sectores como la construcción, pero que dada la crítica
situación de los ingresos del fisco ya no es sostenible.
Decía
que hubiera querido un nuevo Presidente. Un Toledo tan remecido
por la hecatombe de las últimas semanas que naciera
de nuevo. Anunciando un cambio radical.
Por
ejemplo: que ya no habrá varios gobiernos paralelos
(gabinetes de asesores, amigos mercantilistas) sino un solo
gobierno.
Por
ejemplo: que entiende el reclamo ético de un país
que sospecha de todos (cosa que puede demostrar con un par
de gestos relativamente dramáticos, incluyendo el
caso Zaraí y el entorno israelí).
Por
ejemplo: que la Justicia pasará a ser independiente
de su gobierno (lo que puede simbolizar también con
dos o tres gestos muy elocuentes y luego aplicar de acuerdo
con una reforma de la Justicia hasta hoy ausente).
Por
ejemplo: que no se va a acosar a ningún medio de
prensa por corrupto que haya sido su dueño, estableciendo
el principio de la separación entre el caso de los
propietarios (que deben ser judicialmente perseguidos como
manda la ley) y el de las empresas mismas.
Por
ejemplo: que a los trabajadores de las provincias, comprensiblemente
escépticos por unas privatizaciones que les han traído
pocos beneficios palpables, se les va a dar acciones en
lugar de enviárseles tanques o comisiones rogatorias.
El gabinete
que soñé anoche estaba atiborrado de mujeres
y de jóvenes profesionales que tenían a periodistas
y analistas de riesgo corriendo como locos de un lado al
otro para trazar sus perfiles y trayectorias. Todo eso bajo
la conduccón de alguien dispuesto a dar un “shock”
moral y liderar un programa de gobierno mínimo de
cambios a fondo.
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