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Escribe
Jimmy Carrillo
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Ficha
técnica
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DJANGO,
LA OTRA CARA
(Django, La otra cara/ Perú - 2002)
De: Ricardo Velásquez.
Con: Giovanni Ciccia, Melania Urbina, Sergio Galliani,
Tatiana Astengo, Miguel Iza, Renzo Schuller. .
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Malandrines
a la peruana
e
puede alegar que la cinta se hizo con rapidez, a la volada,
con pocos recursos y mucho entusiasmo. Sin embargo, nada
de eso justifica el producto final. Decir que Django, La
otra cara, es un intento fallido por realizar una película
de acción y sexo muy a la peruana, a estas alturas,
lamentablemente ya no es novedad.
La historia
del ladrón de bancos que hizo furor hace unos años
es narrada de forma indecisa y arrebatada. Apostando a una
rapidez falsa y efectista, la cinta de Ricardo Velásquez
es un ejemplo de film carente de manejo cinematográfico,
que apuesta por un guión débil y errático,
y crea personajes hechos para la acción, pero sin
el impulso necesario para realizar estos hechos en una película
que transcurre sin tensión, sin alma.
Las
buenas actuaciones del elenco en general no pueden ocultar
estas evidentes fallas. La cinta se estanca tratando de
hilvanar una presunta moral popular, con un absurdo juego
de policías y ladrones. Toma al ya clásico
policía no muy modelo que debe cumplir con su deber,
y lo enfrenta al modelo de delincuente. Antagonista y protagonista
en medio de una trampa, enfrentados a carreras absurdas
que no tienen una finalidad aparente. Estereotipos mal planteados.
Los
personajes, guiados por esta doble moral poco cavilada,
vacía y simplistas, actúan en un mundo superficial.
El policía (Galliani) busca a Django porque le quitó
la mujer y éste quedó como el bacán
del barrio. El ladrón (Ciccia) es delincuente porque
de joven vio que ese trabajo era fácil y divertido.
Su mujer (Astengo) es sumisa sólo porque sí,
por sufrida y enamorada. ¿Y por qué la Chica
Dinamita? ¿Por qué ella es tan movida? De
eso nunca nos llegamos a enterar.
Es más,
el por qué de la tempestuosa relación de Django
y la chica (Urbina) nunca se sabe. Pareciera que nos hicieran
hacer creer que las prolongadas escenas de sexo fueran suficientes
para llenar este vacío. Tratan de construir a los
Bonnie y Clide peruanos, los amantes "asalta bancos",
pero se quedan sólo en un pálido remedo de
aquellas figuras más queridas.
Los
únicos momentos donde verdaderamente Django parece
reflexionar antes que actuar, donde parece tener una guía,
es cuando mira una foto de su familia. ¿Qué
significa eso? ¿Qué roba para ellos? ¿Qué
roba en nombre de ellos? ¿Que roba en memoria de
ellos? ¿O que roba para no ser pobre como ellos?
En todo caso, nada de eso está claro.
Un ejemplo
más. En alguna escena de la película se dice
que su gente admira a Django. Yo por lo menos, además
del recibimiento de los presos del penal cuando en encarcelado,
no veo ninguna manifestación de respeto por parte
de sus camaradas más próximos. Sí,
tal vez, un cariño especial, e incluso muestras de
aceptación como líder. Pero respeto, como
bien se señala en la película, en el bajo
mundo implica otras cosas, y es no se ve.
De otro
lado, el director no aprovechas todas las posibilidades
que le otorga el video digital, como sí lo hizo la
poco menos afortunada Bala Perdida. Pareciera que Velásquez
aún está pensando que está usando celuloide,
y deja entrever más de un movimiento de cámara
innecesario.
El recurso
del flash back es usado de manera facilista. Si el director
quiere que el personaje recuerde algo de su pasado, no hacen
más que colocar una horrible imagen en blanco y negro,
y poner a todos con peinados viejos. Y ya está. Incluso,
toda la película es un flash back innecesario que
lo único que demuestra es que Django está
recordando.
La película
ha apostando por el género que hizo popular a cintas
como "Avisa a los compañeros" o "Alias
la gringa", logrando tener buena aceptación
en taquilla. Mis felicitaciones por ello. Pero apostar por
un poco más que el crear un producto destinado al
rápido consumo, y sin quedar en el remedo de lo ya
hecho, también debe ser el norte de nuestros cineastas.
Por lo menos, creo, lo es del buen cine.
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