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Django, La otra cara
08 de julio de 2002

Escribe Jimmy Carrillo

Ficha técnica

DJANGO, LA OTRA CARA
(Django, La otra cara/ Perú - 2002)
De: Ricardo Velásquez.
Con: Giovanni Ciccia, Melania Urbina, Sergio Galliani, Tatiana Astengo, Miguel Iza, Renzo Schuller. .

Malandrines a la peruana

e puede alegar que la cinta se hizo con rapidez, a la volada, con pocos recursos y mucho entusiasmo. Sin embargo, nada de eso justifica el producto final. Decir que Django, La otra cara, es un intento fallido por realizar una película de acción y sexo muy a la peruana, a estas alturas, lamentablemente ya no es novedad.

La historia del ladrón de bancos que hizo furor hace unos años es narrada de forma indecisa y arrebatada. Apostando a una rapidez falsa y efectista, la cinta de Ricardo Velásquez es un ejemplo de film carente de manejo cinematográfico, que apuesta por un guión débil y errático, y crea personajes hechos para la acción, pero sin el impulso necesario para realizar estos hechos en una película que transcurre sin tensión, sin alma.

Las buenas actuaciones del elenco en general no pueden ocultar estas evidentes fallas. La cinta se estanca tratando de hilvanar una presunta moral popular, con un absurdo juego de policías y ladrones. Toma al ya clásico policía no muy modelo que debe cumplir con su deber, y lo enfrenta al modelo de delincuente. Antagonista y protagonista en medio de una trampa, enfrentados a carreras absurdas que no tienen una finalidad aparente. Estereotipos mal planteados.

Los personajes, guiados por esta doble moral poco cavilada, vacía y simplistas, actúan en un mundo superficial. El policía (Galliani) busca a Django porque le quitó la mujer y éste quedó como el bacán del barrio. El ladrón (Ciccia) es delincuente porque de joven vio que ese trabajo era fácil y divertido. Su mujer (Astengo) es sumisa sólo porque sí, por sufrida y enamorada. ¿Y por qué la Chica Dinamita? ¿Por qué ella es tan movida? De eso nunca nos llegamos a enterar.

Es más, el por qué de la tempestuosa relación de Django y la chica (Urbina) nunca se sabe. Pareciera que nos hicieran hacer creer que las prolongadas escenas de sexo fueran suficientes para llenar este vacío. Tratan de construir a los Bonnie y Clide peruanos, los amantes "asalta bancos", pero se quedan sólo en un pálido remedo de aquellas figuras más queridas.

Los únicos momentos donde verdaderamente Django parece reflexionar antes que actuar, donde parece tener una guía, es cuando mira una foto de su familia. ¿Qué significa eso? ¿Qué roba para ellos? ¿Qué roba en nombre de ellos? ¿Que roba en memoria de ellos? ¿O que roba para no ser pobre como ellos? En todo caso, nada de eso está claro.

Un ejemplo más. En alguna escena de la película se dice que su gente admira a Django. Yo por lo menos, además del recibimiento de los presos del penal cuando en encarcelado, no veo ninguna manifestación de respeto por parte de sus camaradas más próximos. Sí, tal vez, un cariño especial, e incluso muestras de aceptación como líder. Pero respeto, como bien se señala en la película, en el bajo mundo implica otras cosas, y es no se ve.

De otro lado, el director no aprovechas todas las posibilidades que le otorga el video digital, como sí lo hizo la poco menos afortunada Bala Perdida. Pareciera que Velásquez aún está pensando que está usando celuloide, y deja entrever más de un movimiento de cámara innecesario.

El recurso del flash back es usado de manera facilista. Si el director quiere que el personaje recuerde algo de su pasado, no hacen más que colocar una horrible imagen en blanco y negro, y poner a todos con peinados viejos. Y ya está. Incluso, toda la película es un flash back innecesario que lo único que demuestra es que Django está recordando.

La película ha apostando por el género que hizo popular a cintas como "Avisa a los compañeros" o "Alias la gringa", logrando tener buena aceptación en taquilla. Mis felicitaciones por ello. Pero apostar por un poco más que el crear un producto destinado al rápido consumo, y sin quedar en el remedo de lo ya hecho, también debe ser el norte de nuestros cineastas. Por lo menos, creo, lo es del buen cine.