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Escribe
Jimmy Carrillo
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Ficha
técnica
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LA
ESPALDA DEL MUNDO
1. 29 Hrs. (La Espalda del Mundo / España - 2000)
Con: Guinder Rodríguez, Mehdi Zana, Leyla Zana, Thomas
Miller-El, Thomas Rangel. Dirigido por Javier Corcuera.
Producido por: Elías Querejeta, Gusa Alonso-Pimentel,
y Bibiana Bergia. Escrito por Elías Querejeta, Fernando
León de Aranoa, y Javier Corcuera.
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Sitios
relacionados
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web oficial |
Universo
fragmentado
egistro
de hechos, documental social, film sobre casos que permanecen
latentes gracias a la indiferencia, La Espalda del Mundo,
película del peruano Javier Corcuera, puede parecer
cautivadora por momentos, pero cuando se prenden las luces,
uno se queda con la sensación de haber visto una
obra fragmentada e inconclusa.
La cinta
española, producida por una de las figuras más
reconocidas por estas labores en la península, Elías
Querejeta, se divide en tres episodios: "El niño"
narra la historia de Guinder Rodríguez, un chico
de once años que vive en Carabayllo, a las afueras
de Lima, y se dedica a picar piedras para poder vivir en
medio de una ciudad caótica, asfixiante, y esquiva.
"La palabra", trata de una pareja de esposos,
Leyla y Mehdi Zana, quienes sufren, en épocas distintas,
injusticias en Turquía sólo por tratar de
hacer respetar su raíces kurdas. Finalmente, "La
vida", el episodio mejor logrado de los tres, muestra
el calvario por el que pasa Thomas Millar-El, un sentenciado
a la pena de muerte en Texas por, básicamente, cumplir
el prototipo del maleante: negro y pobre.
Gracias
a esta clara división, cada capítulo responde
a la presentación de un caso distinto, con lo que
se intenta ir más allá de la clásica
presentación de una única desgracia personal.
Así, la trama principal de cada relato sirve sólo
para ilustrar ese caso particular. De hecho, no es tan importante
conocer a profundidad a las figuras principales como el
saber cómo y por qué llegaron allí,
qué hicieron para ser los protagonistas de las historias,
y ocupar el poco dichoso lugar en que están.
Es decir,
los personajes son sólo vehículos para presentar
temas. No son la historia. Tal vez por ello la película
nunca llega a cuajar como una "fábula"
de narración coral, y se queda en el mero muestrario
de desgracias personales.
Cada
caso tiene una temática específica. "El
niño" trata sobre la injusticia; "la palabra",
sobre la deshumanizad con el prójimo (a quien no
se le reconoce como tal); y el último, "la vida",
se relaciona al olvido, debido a la inmensa soledad y desprecio
en que se encuentra el condenado a muerte.
Ahora,
pese a todo lo dicho, ¿quién puede negar,
por ejemplo, que un caso de injusticia no tenga ribetes
de deshumanidad? El nexo, que parece natural, en el film
nunca aparece.
El enfoque
que Corcuera da a su película es más cercano
al documental de corte periodístico: presentación
objetiva del caso, "contextualización"
de la historia, declaraciones de los implicados, o las clásicas
y precisas tomas panorámicas y de detalle.
El director
pasa de un tema a otro con cortes bruscos, radicales, imprevistos.
Deja la trama tejida, entre caso y caso, a medio camino.
Viajamos del desierto de Lima y las glaciales calles de
Estocolmo, y de allí a las cuatro paredes que guardan,
en Texas, al sentenciado a muerte. Dejamos a un lado al
pequeño en medio del terral, o al desterrado esperando
a sus hijos, y no volvemos a saber más de sus vidas.
Y es
que, para como está planteada la cinta, los personajes
ceden protagonismo a las acciones, que son los móviles
que ocasionan los temas en cada capítulo: la pobreza
extrema (el niño), la injusticia social (la palabra),
y la deshumanidad (la vida).
No es
sino hasta el último cambio brusco que representa
el final, que el director intenta una maniobra para entrelazar
los casos, y unirlos bajo el paradigma de la injusticia.
Allí es donde Cocuera ambiciona. Su visión
no pasa sólo por expone los casos: intenta ir más
allá, impactar en el espectador, mostrarle una novela,
exponer una gama de sentimientos, retomar la ilusión
de crear una película total, donde todos sus protagonistas
proclamen a varias voces las desgracias del universo. Pero
su sueño se topa con la cruda realidad que él
mismo construyó. La idea se desbarata, se transforma
en una utopía perdida a mitad de camino, en buenas
intenciones, y allí se pierde.
Para
finalizar quiero hablar de algo ajeno a esta crítica,
y es que, pese a todo lo antes dicho, no puedo dejar de
mencionar lo bien que una película como La Espalda
del Mundo le puede hacer a nuestra cartelera actual. La
cinta no sólo tiene imágenes frescas, diferentes,
atractivas, y fuertes, sino también muy nacionales.
Tan sólo ver a aquella familia de picapedreros, sin
casi nada de valor, durmiendo apretujados en un par de camas
mientras el padre de familia observa la luminosa pantalla
de su televisor, en medio de su podredumbre, es suficiente
para afirmar que, hasta allí, ya se ha pagado la
mitad de la entrada.
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