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La Espalda del Mundo
22 de junio de 2002

Escribe Jimmy Carrillo

Ficha técnica

LA ESPALDA DEL MUNDO
1. 29 Hrs. (La Espalda del Mundo / España - 2000) Con: Guinder Rodríguez, Mehdi Zana, Leyla Zana, Thomas Miller-El, Thomas Rangel. Dirigido por Javier Corcuera. Producido por: Elías Querejeta, Gusa Alonso-Pimentel, y Bibiana Bergia. Escrito por Elías Querejeta, Fernando León de Aranoa, y Javier Corcuera.

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Universo fragmentado

egistro de hechos, documental social, film sobre casos que permanecen latentes gracias a la indiferencia, La Espalda del Mundo, película del peruano Javier Corcuera, puede parecer cautivadora por momentos, pero cuando se prenden las luces, uno se queda con la sensación de haber visto una obra fragmentada e inconclusa.

La cinta española, producida por una de las figuras más reconocidas por estas labores en la península, Elías Querejeta, se divide en tres episodios: "El niño" narra la historia de Guinder Rodríguez, un chico de once años que vive en Carabayllo, a las afueras de Lima, y se dedica a picar piedras para poder vivir en medio de una ciudad caótica, asfixiante, y esquiva. "La palabra", trata de una pareja de esposos, Leyla y Mehdi Zana, quienes sufren, en épocas distintas, injusticias en Turquía sólo por tratar de hacer respetar su raíces kurdas. Finalmente, "La vida", el episodio mejor logrado de los tres, muestra el calvario por el que pasa Thomas Millar-El, un sentenciado a la pena de muerte en Texas por, básicamente, cumplir el prototipo del maleante: negro y pobre.

Gracias a esta clara división, cada capítulo responde a la presentación de un caso distinto, con lo que se intenta ir más allá de la clásica presentación de una única desgracia personal. Así, la trama principal de cada relato sirve sólo para ilustrar ese caso particular. De hecho, no es tan importante conocer a profundidad a las figuras principales como el saber cómo y por qué llegaron allí, qué hicieron para ser los protagonistas de las historias, y ocupar el poco dichoso lugar en que están.

Es decir, los personajes son sólo vehículos para presentar temas. No son la historia. Tal vez por ello la película nunca llega a cuajar como una "fábula" de narración coral, y se queda en el mero muestrario de desgracias personales.

Cada caso tiene una temática específica. "El niño" trata sobre la injusticia; "la palabra", sobre la deshumanizad con el prójimo (a quien no se le reconoce como tal); y el último, "la vida", se relaciona al olvido, debido a la inmensa soledad y desprecio en que se encuentra el condenado a muerte.

Ahora, pese a todo lo dicho, ¿quién puede negar, por ejemplo, que un caso de injusticia no tenga ribetes de deshumanidad? El nexo, que parece natural, en el film nunca aparece.

El enfoque que Corcuera da a su película es más cercano al documental de corte periodístico: presentación objetiva del caso, "contextualización" de la historia, declaraciones de los implicados, o las clásicas y precisas tomas panorámicas y de detalle.

El director pasa de un tema a otro con cortes bruscos, radicales, imprevistos. Deja la trama tejida, entre caso y caso, a medio camino. Viajamos del desierto de Lima y las glaciales calles de Estocolmo, y de allí a las cuatro paredes que guardan, en Texas, al sentenciado a muerte. Dejamos a un lado al pequeño en medio del terral, o al desterrado esperando a sus hijos, y no volvemos a saber más de sus vidas.

Y es que, para como está planteada la cinta, los personajes ceden protagonismo a las acciones, que son los móviles que ocasionan los temas en cada capítulo: la pobreza extrema (el niño), la injusticia social (la palabra), y la deshumanidad (la vida).

No es sino hasta el último cambio brusco que representa el final, que el director intenta una maniobra para entrelazar los casos, y unirlos bajo el paradigma de la injusticia. Allí es donde Cocuera ambiciona. Su visión no pasa sólo por expone los casos: intenta ir más allá, impactar en el espectador, mostrarle una novela, exponer una gama de sentimientos, retomar la ilusión de crear una película total, donde todos sus protagonistas proclamen a varias voces las desgracias del universo. Pero su sueño se topa con la cruda realidad que él mismo construyó. La idea se desbarata, se transforma en una utopía perdida a mitad de camino, en buenas intenciones, y allí se pierde.

Para finalizar quiero hablar de algo ajeno a esta crítica, y es que, pese a todo lo antes dicho, no puedo dejar de mencionar lo bien que una película como La Espalda del Mundo le puede hacer a nuestra cartelera actual. La cinta no sólo tiene imágenes frescas, diferentes, atractivas, y fuertes, sino también muy nacionales. Tan sólo ver a aquella familia de picapedreros, sin casi nada de valor, durmiendo apretujados en un par de camas mientras el padre de familia observa la luminosa pantalla de su televisor, en medio de su podredumbre, es suficiente para afirmar que, hasta allí, ya se ha pagado la mitad de la entrada.