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24 de noviembre del 2002
Campo minado

¿Un nuevo mapa político?

Escribe Miguel Silvestre

espués de las últimas elecciones, muchos personajes en medios de comunicación se lanzaron a advertir la configuración de un nuevo "mapa político", como si esta variación electoral significara un cambio de fondo y no de forma, como parece que realmente ocurre. Y es que, parafraseando a Francisca Simodosea, tía de Gabriel García Márquez, recordada a través de Cien Años de Soledad y de Vivir para Contarlo, la primera entrega de las memorias del escritor, esa tan simple calificación es "confundir al trasero con las témporas". Es decir: muchos de los voceros mediáticos tienen una apreciación diametralmente opuesta de lo que en realidad está ocurriendo en el país.

En primer lugar, no existe un cambio de fondo en el panorama político. Creemos que se trata de una variación epidérmica antes que una apuesta programática o ideológica. Y si el Partido Aprista supone que estas elecciones lo ungen como el partido político que necesita el país (en un escenario donde los partidos y los líderes se desprestigian cada día más) se trataría de una apreciación incorrecta.

La votación del 17 de noviembre no expresa una apuesta programática por el Apra sino, más bien, parece configurar un voto-castigo contra Perú Posible. Y el triunfo de los candidatos apristas en los gobiernos regionales no significa la preponderancia de un partido político sino el giro de una población que no está ideológicamente emparentada ni con Alejandro Toledo, ni con Alan García ni con Lourdes Flores.

¿Siempre fue así? Aparentemente, no. Pero, en todo caso, esta nueva forma de "hacer política" parece totalmente incongruente con la tradicional manera de realizar acciones políticas. Sin embargo, esta apuesta por personalidades, en contra de planteamientos ideológicos, esta búsqueda de candidatos "solución-inmediata", esta aparente falta de compromiso de los ciudadanos va de la mano con organizaciones políticas que quieren eso, porque hoy esa es la forma de ser exitoso en política. (1)

Pero, este "nuevo" panorama político tiene el mismo problema que el anterior. Un espacio de primacía que en realidad resulta un espejismo, pues ni los partidos tienen millones de adherentes ni los ganadores de municipios y regiones tienen una dinámica partidarizada. Y si alguien trata de advertir que ésta es la hora de los independientes (por el triunfo de algunas listas al interior del país) basta confirmar que tienen un gran problema: la falta de una organización que los respalde los convierte en movimientos reivindicacionistas sin proyecto alternativo.

Entonces, más que de mapa político perfectamente organizado, deberíamos hablar de un rompecabezas social. Un complejo diagrama con actores solitarios aliados circunstancialmente a los partidos políticos, actuando con buena voluntad (en la mayoría de los casos), pero sin exigir lo primordial: una autocrítica y un Proyecto de País a los personajes que manejan desde décadas los pasillos del Congreso, la oposición y Palacio de Gobierno.

Las elecciones de noviembre último han demostrado que las nuevas organizaciones políticas y la antiguas tienen una lógica mediática (2) antes que una lógica programática, siguen fomentando el culto a la personalidad y sólo van en busca de un voto, dejando postergada la posibilidad de organizar un Proyecto País.

¿Quién se arriesgará a perder un poco de espacio y articular una propuesta siquiera a mediano plazo? El que lo haga perderá, quizá, una elección, pero podría ganar el futuro.

(1) Cfr. Tanaka, Martín. Los partidos políticos en el Perú, 1992-1999: estatalidad, sobrevivencia y política mediática. Pág. 27.
(2) Ibid.

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