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¿Un
nuevo mapa político?
Escribe
Miguel Silvestre
espués
de las últimas elecciones, muchos personajes en medios de
comunicación se lanzaron a advertir la configuración
de un nuevo "mapa político", como si esta variación
electoral significara un cambio de fondo y no de forma, como parece
que realmente ocurre. Y es que, parafraseando a Francisca Simodosea,
tía de Gabriel García Márquez, recordada a
través de Cien Años de Soledad y de Vivir para Contarlo,
la primera entrega de las memorias del escritor, esa tan simple
calificación es "confundir al trasero con las témporas".
Es decir: muchos de los voceros mediáticos tienen una apreciación
diametralmente opuesta de lo que en realidad está ocurriendo
en el país.
En primer lugar,
no existe un cambio de fondo en el panorama político. Creemos
que se trata de una variación epidérmica antes que
una apuesta programática o ideológica. Y si el Partido
Aprista supone que estas elecciones lo ungen como el partido político
que necesita el país (en un escenario donde los partidos
y los líderes se desprestigian cada día más)
se trataría de una apreciación incorrecta.
La votación
del 17 de noviembre no expresa una apuesta programática por
el Apra sino, más bien, parece configurar un voto-castigo
contra Perú Posible. Y el triunfo de los candidatos apristas
en los gobiernos regionales no significa la preponderancia de un
partido político sino el giro de una población que
no está ideológicamente emparentada ni con Alejandro
Toledo, ni con Alan García ni con Lourdes Flores.
¿Siempre
fue así? Aparentemente, no. Pero, en todo caso, esta nueva
forma de "hacer política" parece totalmente incongruente
con la tradicional manera de realizar acciones políticas.
Sin embargo, esta apuesta por personalidades, en contra de planteamientos
ideológicos, esta búsqueda de candidatos "solución-inmediata",
esta aparente falta de compromiso de los ciudadanos va de la mano
con organizaciones políticas que quieren eso, porque hoy
esa es la forma de ser exitoso en política. (1)
Pero, este "nuevo"
panorama político tiene el mismo problema que el anterior.
Un espacio de primacía que en realidad resulta un espejismo,
pues ni los partidos tienen millones de adherentes ni los ganadores
de municipios y regiones tienen una dinámica partidarizada.
Y si alguien trata de advertir que ésta es la hora de los
independientes (por el triunfo de algunas listas al interior del
país) basta confirmar que tienen un gran problema: la falta
de una organización que los respalde los convierte en movimientos
reivindicacionistas sin proyecto alternativo.
Entonces, más
que de mapa político perfectamente organizado, deberíamos
hablar de un rompecabezas social. Un complejo diagrama con actores
solitarios aliados circunstancialmente a los partidos políticos,
actuando con buena voluntad (en la mayoría de los casos),
pero sin exigir lo primordial: una autocrítica y un Proyecto
de País a los personajes que manejan desde décadas
los pasillos del Congreso, la oposición y Palacio de Gobierno.
Las elecciones
de noviembre último han demostrado que las nuevas organizaciones
políticas y la antiguas tienen una lógica mediática
(2) antes que una lógica programática, siguen fomentando
el culto a la personalidad y sólo van en busca de un voto,
dejando postergada la posibilidad de organizar un Proyecto País.
¿Quién
se arriesgará a perder un poco de espacio y articular una
propuesta siquiera a mediano plazo? El que lo haga perderá,
quizá, una elección, pero podría ganar el futuro.
(1) Cfr. Tanaka,
Martín. Los partidos políticos en el Perú,
1992-1999: estatalidad, sobrevivencia y política mediática.
Pág. 27.
(2) Ibid.
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