| La
Nueva Roma de Bush
Escribe
Escribe Miguel Silvestre
n
una reciente entrevista en The New York Times, el reconocido
escritor Norman Mailer dio a conocer su hipótesis sobre
el "Imperio Norteamericano", idea que grafica la
creciente vocación de cierta corriente al interior
de Estados Unidos que cree que dicho país debería
ser la potencia militar dominante del universo. La nota es
de enero de este año, a 60 días de que se iniciara
la campaña militar norteamericana en Irak, y no resultaba
premonitoria sino que tan sólo constataba lo que diversos
analistas e intelectuales hoy certifican: la vigencia de un
nuevo orden mundial en el que George W. Bush y los militares
que lo asesoran ocupan un lugar preponderante.
Mailer
tenía razón, sin duda, cuando decía que
"A Bush no le importa si las cosas salen bien o mal en
Irak. Si salen bien, puede comenzar a pensar en el próximo
paso. Si salen mal, eso es bueno para él de todos modos,
a raíz del patriotismo norteamericano. ¿Quién
va a estar en contra de George W. Bush cuando esté
llorando la muerte de nuestros muchachos (...)".
A
este paso, y con ya cientos de muertos del lado de Irak y
decenas por el de Estados Unidos e Inglaterra, y con las fuerzas
aliadas en poder de Bagdad, se podría decir que la
suerte está echada y que la toma de Irak en forma total
es cuestión de días. Al final, el protectorado
que pretenden manejar Estados Unidos e Inglaterra, y cuyos
términos se discutieron hace poco en Belfast, es la
mejor prueba de lo que Mailer advirtiera hace meses, cuando
parafraseando el "pensamiento Bush" dijera que Estados
Unidos quiere "dominar Irak, al Cercano Oriente y después
lograr que China esté en condiciones de convertirse
en la Grecia de nuestra Roma".
La
Roma de George W. Bush, ciertamente, da en la yema del gusto
a quien es decididamente un fundamentalista religioso, un
seguidor metodista que ni siquiera cuenta con el aval de su
iglesia, la Metodista Unida.
¿Qué
pasará después? Pues, que el protectorado norteamericano-inglés
funcionará como un títere de los intereses norteamericanos
y Saddam Hussein, si es que apresado, muerto o si se atrinchera
en alguna zona no intervenida de Irak, pasará a convertirse,
por obra y arte de Bush, en un líder de la resistencia
de su país y dejará de ser el sátrapa
y dictador asesino que todos conocíamos. La "ambición
imperial" de Estados Unidos, como dice Noam Chomsky,
no sólo está atemorizando al mundo sino que
convierte al país que tiene al mandatario que más
errores gramaticales lanza en un verdadero "paria internacional".
Y eso no es un barbarismo del lenguaje que se pueda corregir
en una preparatoria de Nueva York o en la Universidad de Yale,
donde el Presidente obtuvo su bachillerato universitario.
Ser
un paria para cualquiera es un deshonor y si lo advierte Noam
Chomsky debe ser por algún motivo. No en vano el lingüista
es uno de los pensamientos más lúcidos de Estados
Unidos y una voz que desde hace años alerta sobre la
pretendida ambición hegemónica norteamericana,
amparada en su poderío militar.
Es
obvio que los muertos no le importan a los que manejan los
hilos del poder. Los muertos, de ambos lados, siempre son
hombres y mujeres inocentemente imbuidos de un patriotismo
sano y que no sospechan de las triquiñuelas manipuladoras
de sus jefes, los que se lanzan a misiones suicidas son hombres
y mujeres que aman el terruño que otros no quieren
tanto pero que aprovechan para sus beneficios personales,
los mutilados en su mayoría son, curiosamente, gente
de humilde condición o víctimas que andan sin
más armas que una mirada desolada y tristemente sorprendida
en el momento de la muerte.
Porque
los que ejercen el poder, en ambos bandos, no necesitan pañuelo.
Ellos, hasta donde nos dice la experiencia, nunca lloran.
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