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14 de diciembre del 2003
Análisis Internacional

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BBC Mundo

Los polvorines de Chechenia

Escribe Isaac Bigio

oco antes de las elecciones parlamentarias rusas explotó un tren civil en Yessentuki, cerca de Chechenia. Moscú responsabiliza a “terroristas chechenios”, mientras que los del gobierno chechenio rebelde niegan su autoría. Putin sacará provecho de este atentado para ganar votos y apoyo para su línea dura.

Las bombas suicidas perpetradas por fundamentalistas islámicos supuestamente tienen como objetivo debilitar a las fuerzas halconas, pero la realidad es que acaban potenciándolos. Antes del 11 de septiembre de 2001, Bush era un presidente impopular que llegó a la Casa Blanca pese a haber quedado segundo en la votación. Después de la voladura de las Torres Gemelas consiguió un gran aval de su población y sus aliados para iniciar una serie de incursiones militares.

El 20 de noviembre la destrucción del consulado británico en Estambul sirvió para que la prensa minimice el impacto de la megamarcha de 400 mil personas contra la visita de Bush en Londres, y para que dicha cumbre no muestre su impotencia.

Quienes muestran simpatías con las luchas de los pueblos chechenio o palestino podrán decir que estos atentados, aunque equivocados, muestran la rabia del oprimido. Los opositores a bombazos que quitan las vidas de civiles alegarán que estos acaban debilitando a las mismas fuerzas que cuestionan la ocupación extranjera pues permiten que cunda el chauvinismo dentro de la población de los países intervencionistas.

El argumento de Putin, Bush y Sharon, como anteriormente del peruano Fujimori, se basa en que el terrorismo es irracional y no respeta ni a niños ni ancianos, por lo que la única respuesta es la guerra total. Con esta receta se debilita a los moderados dentro del campo oficial y se atenaza a una serie de fuerzas con respaldo popular en Chechenia, Palestina o el mundo árabe.

Chechenia es el principal punto de la violencia en Rusia y es una constante amenaza para un conflicto mayor en el Cáucaso. En esta región montañosa llena de distintas lenguas, religiones y etnias es donde inicialmente estallaron los conflictos sociales y nacionales que fueron desintegrando al bloque soviético. El deseo del Alto Karabaj, poblado mayoritariamente por armenios, por separarse de Azerbaiján, generó una ola de guerras.

Armenia, Azerbaiján y Georgia fueron las tres repúblicas soviéticas caucásicas que se independizaron. En todas éstas la destrucción de la URSS y su economía centralmente planificada generó mucha crisis y violencia. Armenios y azeríes se masacraron mutuamente. Luego Georgia tuvo dos guerras internas y tiene tres repúblicas separatistas (Osetia del Sur, Abjasia y Ajaria) que cuentan con la protección armada o la simpatía rusas.

Las fuerzas nacionalistas ligadas a Zviad Gamsakurdia, primer presidente georgiano, fueron derrotadas por Eduard Sheverdanadze quien hizo concesiones a estas autonomías. Ahora que este último renunció y el 4 de enero pueden llegar a la presidencia fuerzas ligadas a los chauvinistas de Gamsakurdia hay el riesgo que estallen conflictos con estas repúblicas.

En Rusia hay una gama de pequeñas repúblicas autónomas caucásicas que tienen idiomas, culturas y tradiciones musulmanas distintas a las de los eslavos ortodoxos. La más rebelde es Chechenia.

En 1991 Moscú aceptó la independencia de Georgia, Armenia y Azerbaiján, pero no la de Chechenia. Esta última nunca llegó a ser una de las 15 repúblicas que componían la Unión Soviética, sino que se mantuvo como una república autónoma dentro de la federación rusa. El Kremlin especulaba que si reconocía esta separación, otras repúblicas internas seguirían sus pasos.

En 1994-96 Chechenia derrotó a la invasión rusa. En 1999 Putin se tornó popular y luego presidente cuando lanzó una ofensiva para reconquistarla.

Mientras Estados Unidos invadió Irak acusándole de tener gases mortales que no se han encontrado, ha buscado llevarse bien con Rusia, quien ha usado éstos contra insurgentes chechenios, incluyendo a sus rehenes rusos, tal como pasó cuando decenas murieron al retomar un teatro moscovita en 2002.

Durante la guerra, Moscú arrasó Grozny, capital chechenia, y se produjeron decenas de miles de civiles de muertos y cientos de miles de desplazados. Entre 11 mil y 26 mil soldados rusos han perecido.

En Chechenia ahora hay un gobierno que ha sido supuestamente elegido democráticamente por su población. Akhmad Kadyrov es el presidente oficial que gobierna junto a tropas rusas. Este es acusado de ser un gobierno títere de los “ocupantes genocidas” por parte del líder rebelde Aslan Maskhadov y del estado chechenio paralelo de Ichkeria.

Esa guerra desestabiliza a Georgia y al resto del Cáucaso. Aceptar la autodeterminación nacional chechenia podría calmar la zona, pero afectaría la unidad de Rusia y sus intereses sobre los oleoductos que vengan del Mar Caspio. Mientras tanto, la cobertura de la lucha antiterrorista viene sirviendo a Putin para querer consolidarse y desmantelar el acuerdo ecologista mundial de Kyoto.

 

Isaac.bigio@ntlworld.com

 

 
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