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Los
polvorines de Chechenia
Escribe
Isaac Bigio
oco
antes de las elecciones parlamentarias rusas explotó
un tren civil en Yessentuki, cerca de Chechenia. Moscú
responsabiliza a “terroristas chechenios”, mientras
que los del gobierno chechenio rebelde niegan su autoría.
Putin sacará provecho de este atentado para ganar votos
y apoyo para su línea dura.
Las bombas
suicidas perpetradas por fundamentalistas islámicos
supuestamente tienen como objetivo debilitar a las fuerzas
halconas, pero la realidad es que acaban potenciándolos.
Antes del 11 de septiembre de 2001, Bush era un presidente
impopular que llegó a la Casa Blanca pese a haber quedado
segundo en la votación. Después de la voladura
de las Torres Gemelas consiguió un gran aval de su
población y sus aliados para iniciar una serie de incursiones
militares.
El 20
de noviembre la destrucción del consulado británico
en Estambul sirvió para que la prensa minimice el impacto
de la megamarcha de 400 mil personas contra la visita de Bush
en Londres, y para que dicha cumbre no muestre su impotencia.
Quienes
muestran simpatías con las luchas de los pueblos chechenio
o palestino podrán decir que estos atentados, aunque
equivocados, muestran la rabia del oprimido. Los opositores
a bombazos que quitan las vidas de civiles alegarán
que estos acaban debilitando a las mismas fuerzas que cuestionan
la ocupación extranjera pues permiten que cunda el
chauvinismo dentro de la población de los países
intervencionistas.
El argumento
de Putin, Bush y Sharon, como anteriormente del peruano Fujimori,
se basa en que el terrorismo es irracional y no respeta ni
a niños ni ancianos, por lo que la única respuesta
es la guerra total. Con esta receta se debilita a los moderados
dentro del campo oficial y se atenaza a una serie de fuerzas
con respaldo popular en Chechenia, Palestina o el mundo árabe.
Chechenia
es el principal punto de la violencia en Rusia y es una constante
amenaza para un conflicto mayor en el Cáucaso. En esta
región montañosa llena de distintas lenguas,
religiones y etnias es donde inicialmente estallaron los conflictos
sociales y nacionales que fueron desintegrando al bloque soviético.
El deseo del Alto Karabaj, poblado mayoritariamente por armenios,
por separarse de Azerbaiján, generó una ola
de guerras.
Armenia,
Azerbaiján y Georgia fueron las tres repúblicas
soviéticas caucásicas que se independizaron.
En todas éstas la destrucción de la URSS y su
economía centralmente planificada generó mucha
crisis y violencia. Armenios y azeríes se masacraron
mutuamente. Luego Georgia tuvo dos guerras internas y tiene
tres repúblicas separatistas (Osetia del Sur, Abjasia
y Ajaria) que cuentan con la protección armada o la
simpatía rusas.
Las fuerzas
nacionalistas ligadas a Zviad Gamsakurdia, primer presidente
georgiano, fueron derrotadas por Eduard Sheverdanadze quien
hizo concesiones a estas autonomías. Ahora que este
último renunció y el 4 de enero pueden llegar
a la presidencia fuerzas ligadas a los chauvinistas de Gamsakurdia
hay el riesgo que estallen conflictos con estas repúblicas.
En Rusia
hay una gama de pequeñas repúblicas autónomas
caucásicas que tienen idiomas, culturas y tradiciones
musulmanas distintas a las de los eslavos ortodoxos. La más
rebelde es Chechenia.
En 1991
Moscú aceptó la independencia de Georgia, Armenia
y Azerbaiján, pero no la de Chechenia. Esta última
nunca llegó a ser una de las 15 repúblicas que
componían la Unión Soviética, sino que
se mantuvo como una república autónoma dentro
de la federación rusa. El Kremlin especulaba que si
reconocía esta separación, otras repúblicas
internas seguirían sus pasos.
En 1994-96
Chechenia derrotó a la invasión rusa. En 1999
Putin se tornó popular y luego presidente cuando lanzó
una ofensiva para reconquistarla.
Mientras
Estados Unidos invadió Irak acusándole de tener
gases mortales que no se han encontrado, ha buscado llevarse
bien con Rusia, quien ha usado éstos contra insurgentes
chechenios, incluyendo a sus rehenes rusos, tal como pasó
cuando decenas murieron al retomar un teatro moscovita en
2002.
Durante
la guerra, Moscú arrasó Grozny, capital chechenia,
y se produjeron decenas de miles de civiles de muertos y cientos
de miles de desplazados. Entre 11 mil y 26 mil soldados rusos
han perecido.
En Chechenia
ahora hay un gobierno que ha sido supuestamente elegido democráticamente
por su población. Akhmad Kadyrov es el presidente oficial
que gobierna junto a tropas rusas. Este es acusado de ser
un gobierno títere de los “ocupantes genocidas”
por parte del líder rebelde Aslan Maskhadov y del estado
chechenio paralelo de Ichkeria.
Esa guerra
desestabiliza a Georgia y al resto del Cáucaso. Aceptar
la autodeterminación nacional chechenia podría
calmar la zona, pero afectaría la unidad de Rusia y
sus intereses sobre los oleoductos que vengan del Mar Caspio.
Mientras tanto, la cobertura de la lucha antiterrorista viene
sirviendo a Putin para querer consolidarse y desmantelar el
acuerdo ecologista mundial de Kyoto.
Isaac.bigio@ntlworld.com
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