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16 de diciembre del 2003
Desde el Jardín
"Si Ferrero, que desde ya empieza su gestión en un clima poco propicio, pretendiera instalarse en la, aparentemente segura, mediocridad, correría el riesgo de que la jugada le salga al revés"

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Si no ilusiona, Ferrero se cae

Escribe Francisco Belaunde Matossian

e dice que el nuevo Presidente del Consejo de Ministros, Carlos Ferrero, tendrá como preocupación exclusiva la de ayudar al régimen a llegar al término de su mandato constitucional. Ello implicaría procurar no disgustar a nadie, y, por lo tanto, no emprender ninguna reforma en serio, pues con las reformas, de una manera u otra, siempre se pisa callos. Es decir, se trataría, en ese caso, del retorno a una gestión como la de Luis Solari, que, tras la salida de Gino Costa del Ministerio del Interior dejó muy en claro que prefería administrar la crisis, atrincherarse en su fortaleza peruposibilista y renunciar a todo proyecto ambicioso para el Perú.

El problema es que, por lo que señalan las encuestas, la corta gestión de Beatriz Merino generó expectativas en la población de que las cosas empezarían a moverse de verdad. Ello explicaría en buena medida la relativa calma que se vivió en el frente social. En consecuencia, si Ferrero, que desde ya empieza su gestión en un clima poco propicio, pretendiera instalarse en la, aparentemente segura, mediocridad, correría el riesgo de que la jugada le salga al revés, es decir, que se encienda nuevamente la hoguera social, simplemente porque, en contraste con su antecesora, ya no tendría ninguna ilusión que ofrecer. Es muy posible por lo demás que, dados los vaticinios sobre su gestión, los movimientos sociales ya estén calentando motores y empiecen a presionar fuertemente desde enero. Ferrero tiene entonces que actuar rápidamente, ofreciendo una nueva ilusión a la población. Tiene que dejar bien en claro, de manera creíble, que no va a renunciar a las reformas. Para ello, aprovechando sus reconocidas dotes de conciliador, tiene que convocar a todas las fuerzas políticas y sociales para llegar rápidamente a un consenso y adoptar las primeras medidas. Es decir, Ferrero, el ciclista, tiene que pedalear desde ya con fuerza y agarrar viada. De lo contrario se caerá muy rápidamente, y nuestro endeble sistema democrático sufrirá otro severo golpe.

Para terminar, no puedo dejarse de deplorar las condiciones en que la doctora Beatriz Merino dejó su cargo. Es cierto que en el tema de las contrataciones de personas allegadas a ella cuando estuvo al frente de la administración tributaria, cometió un error, pero por otra parte las intrigas montadas en torno suyo han sido vergonzosas. Quienes participaron de las mismas, han quedado ciertamente empequeñecidos.

 
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