|
Si
no ilusiona, Ferrero se cae
Escribe
Francisco Belaunde Matossian
e
dice que el nuevo Presidente del Consejo de Ministros, Carlos
Ferrero, tendrá como preocupación exclusiva
la de ayudar al régimen a llegar al término
de su mandato constitucional. Ello implicaría procurar
no disgustar a nadie, y, por lo tanto, no emprender ninguna
reforma en serio, pues con las reformas, de una manera u otra,
siempre se pisa callos. Es decir, se trataría, en ese
caso, del retorno a una gestión como la de Luis Solari,
que, tras la salida de Gino Costa del Ministerio del Interior
dejó muy en claro que prefería administrar la
crisis, atrincherarse en su fortaleza peruposibilista y renunciar
a todo proyecto ambicioso para el Perú.
El problema
es que, por lo que señalan las encuestas, la corta
gestión de Beatriz Merino generó expectativas
en la población de que las cosas empezarían
a moverse de verdad. Ello explicaría en buena medida
la relativa calma que se vivió en el frente social.
En consecuencia, si Ferrero, que desde ya empieza su gestión
en un clima poco propicio, pretendiera instalarse en la, aparentemente
segura, mediocridad, correría el riesgo de que la jugada
le salga al revés, es decir, que se encienda nuevamente
la hoguera social, simplemente porque, en contraste con su
antecesora, ya no tendría ninguna ilusión que
ofrecer. Es muy posible por lo demás que, dados los
vaticinios sobre su gestión, los movimientos sociales
ya estén calentando motores y empiecen a presionar
fuertemente desde enero. Ferrero tiene entonces que actuar
rápidamente, ofreciendo una nueva ilusión a
la población. Tiene que dejar bien en claro, de manera
creíble, que no va a renunciar a las reformas. Para
ello, aprovechando sus reconocidas dotes de conciliador, tiene
que convocar a todas las fuerzas políticas y sociales
para llegar rápidamente a un consenso y adoptar las
primeras medidas. Es decir, Ferrero, el ciclista, tiene que
pedalear desde ya con fuerza y agarrar viada. De lo contrario
se caerá muy rápidamente, y nuestro endeble
sistema democrático sufrirá otro severo golpe.
Para terminar,
no puedo dejarse de deplorar las condiciones en que la doctora
Beatriz Merino dejó su cargo. Es cierto que en el tema
de las contrataciones de personas allegadas a ella cuando
estuvo al frente de la administración tributaria, cometió
un error, pero por otra parte las intrigas montadas en torno
suyo han sido vergonzosas. Quienes participaron de las mismas,
han quedado ciertamente empequeñecidos.
|
|