| Comisión
de la Verdad: ¿Después qué?
Escribe
Fernando 0'Phelan
l
viernes nocturno empezó a convertir Lima en ese espacio
de frivolidad y desenfreno en que siempre estamos aunque seamos
una ciudad pobre. El Presidente de la República apareció
en televisión aunque casi ninguno de los activistas
de las Ongs de izquierda estuviese esperando con ahínco
las palabras sobre el Informe.
Solo Javier
Diez Canseco se sentó a observar cada palabra. Por
eso reflexiona públicamente sobre el tema y nos dice
que el discurso “dejó dudas y disconformidad“,
dice que “esperamos que las promesas de recursos para
las regiones se concreten. Estaremos vigilantes. No claudicaremos
en nuestra exigencia por nuevas concepciones en el accionar
antisubversivo, por reforma y limpieza de los institutos armados,
por reparaciones individuales, y porque la verdad se sepa”.
En otro
lado de la ciudad el general retirado Clemente Noel también
veía las imágenes, con reposo. Sus dudas sobre
lo que estaría entre líneas lo agobia. Junto
con otros militares retirados ha creado una asociación
de defensores, de la democracia contra el terrorismo. Esperan
ingresar al debate en cualquier momento.
Acabo
de ver el mensaje y las imágenes se entremezclan, me
veo bailando en ciudad de México mientras las imágenes
de CNN muestran la explosión en Tarata. Me veo bailando
en la quema de l chamizo en el Parque Sucre en Huamanga mientras
los militares se habían llevado a aun estudiante inocente:
Estoy tomando la segunda cerveza en esta mesa del Camilo Brent
donde militares, prosenderistas y borrachos comunes y corrientes
sienten que la guerra se los devora con huayno y todo.
Esa mesa
esta ahora aquí en Barranco el segundo piso de Kistch
mientras Fernando Atria, el chileno que ha escrito para el
Centro de Estudios Públicos el paper más lúcido
sobre el debate conceptual entre la arena política
y la arena judicial en los diez años de debate sobre
la Comisión de la Verdad en Chile, se pide un mojito.
Atria
me hizo recordar una cita de Hannah Arendt en su libro sobre
la “Condición Humana”: Es muy significativo…
que los hombres sean incapaces de perdonar lo que no pueden
castigar e incapaces de castigar lo que ha resultado ser imperdonable.
Esta es la verdadera marca de esas ofensas que, desde Kant,
llamamos “mal radical”.
Atria
esta admirado del bar el juanito, el nieto de Fermin Tangüis
y sus videos radicales. Insiste en que veamos el tema de la
Comisión de la verdad a la luz de un marco conceptual
que procese las transiciones políticas y económicas
de América Latina. Lagos, Lula, Evo Morales, Chávez,
Kirchner y los subversivos colombianos conviven con una realidad
que sustancialmente no ha cambiado en los últimos cincuenta
años en nuestros países. Que todo se vea ahora
en tiempo real no quiere decir que antes no ocurrió.
Atria
dice que los tiempos excepcionales no son tiempos para perdonar
o para castigar, ni siquiera para entender: no son tiempos
políticos. Son tiempos para luchar. El tiempo para
pensar sobre el perdón, el castigo y la comprensión,
el tiempo del derecho y el tiempo de la política vendrá
mas tarde, con la normalidad.
Esto es
ahora la orilla de la piscina principal en el Circulo Militar:
veo a mis sobrinos jugando en el agua y me pregunto si la
normalidad ha llegado al Perú, si la obsesión
de la izquierda judicial y la izquierda institucional por
castigar, por sancionar, por alterar agresivamente la relación
institucional con las fuerzas armadas, la opción de
pasar por agua fría la sanción a la visión
ideológica radical que muchos cultivaron desde los
sesenta.
Veo que
hay muchos desilusionados por no haber podido manipular a
Toledo para que exprese un carácter vinculante con
las conclusiones de la CVR. Como dice Javier Diez Canseco
: Toledo no asumió las conclusiones y “evidencias”
presentadas sobre violaciones sistemáticas de los derechos
humanos, como si estuvieran sustentadas por una concepción
autoritaria y racista de la lucha antisubversiva, adoptada
–en períodos determinados– como política
oficial por determinados sectores del Estado”. Diez
Canseco expresó claramente lo que Aprodeh, la Coordinadora
Nacional de Derechos Humanos, los que gobiernan la Universidad
Católica y toda esa elite de activistas de izquierda
metidos en temas de derechos humanos desde una lógica
sancionadora radical quieren decir pero se cuidan de hacerlo.
Dice lo que el Instituto de Defensa Legal quiere decir en
su programa de TV pero no lo hace por si acaso el financiamiento
del gobierno de los Estados Unidos se les escape.
Así
como el tema de la estatización de la banca sirvió
para dar un salto cualitativo en el universo de la ideología
liberal en el Perú, igual el tema de la Comisión
de la Verdad debe servir para dar la lucha como decía
Arendt. De eso se trata ahora.
fernandoophelan@yahoo.com.mx
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