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07 de enero del 2003
Campo Minado

Saliendo de la Selva

Escribe Miguel Silvestre

n Estado de Derecho debe serlo antes que cualquier otra cosa. Cuesta crearlo y mantenerlo y ahora, más que nunca, porque los habitantes de nuestro territorio parecen tener como referente o como imagen de democracia a la Ley del Más Fuerte o al Imperio de los Golpes.

Si un Tribunal revisa una legislación que contraviene el derecho más elemental, es obvio que dicho dispositivo debe ser derogado, pues mantenerlo como vigente significa no haber aprendido la lección: un país no puede ser un paria en materia de Derecho.

Es obvio que de decisiones como las emitidas por el Tribunal Constitucional, con respecto a la legislación antiterrorista, se va a valer la maquinaria de defensa del delincuente Montesinos para argumentar que el de Toledo es un gobierno que toca con manos de seda a los terroristas. Los émulos del irrespeto a la ley ya empezaron a salir a las calles. ¿Y por ello se debe retroceder?

La fuerza de un Estado y de sus instituciones tutelares se halla en su sinergia con la población, con sus fuerzas vivas. Esa sinergia es un Talón de Aquilés que arrastra, por ejemplo, el Ejecutivo, claro ejemplo de que en materia de Organización tiene aún un largo camino por recorrer. Y por ello, se impone una Campaña de Información sobre temas como el de la Vigencia del Derecho, para hacer que más gente sepa cuánto se pierde con un Estado que no respeta una correcta administración de justicia.

Habría que recordarle a la gran masa de ciudadanos, también, que por varios años el Perú se instaló en las antípodas de la legalidad y que el Estado y el gobierno peruanos vivieron de espaldas al Derecho, al debido proceso y a la correcta administración de justicia.

¿Es posible que desandemos todo lo andado desde que se reinstaló la democracia? Obviamente, no. Por ello, no tienen sentido ni justificación mantener un status quo no ajustado a Derecho.

Lo que pasa es que la democracia no puede tener medias tintas. Los asesinos y los destructores del país también merecen un juicio justo. Ese es el precio del imperio de la ley. Y si los terroristas quieren aprovechar los recursos legales para intentar condiciones carcelarias diferentes, allí están los procuradores para impedirlo. De modo que el suelo siempre estará parejo.

Es cierto que los terroristas pueden intentar maniobras. Ya algunos están tratando de "aprovechar" la situación. Sin embargo, con juicios justos los culpables se quedarán en la cárcel por muchos años. Así como es cierto que pude cundir el temor, también es cierto que la correcta administración de justicia es garantía para que los que infringieron la ley paguen sus culpas.

Muchos de nosotros hemos vivido en carne propia los golpes furibundos del terrorismo, pero aunque queramos hacer justicia por mano propia, eso es imposible hoy. Imposible, por lo menos, en un país que quiere insertarse totalmente en la legalidad.
¿Lo del Tribunal Constitucional es muestra de debilidad? Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados a la injusticia, al garrote y a los excesos que no respetar los parámetros del debido proceso, por ejemplo, suena a actuar con mano blanda.

El Estado de Derecho no es un lujo sino una necesidad. Así como necesitamos un esquema económico claro, para no espantar al inversionista, del mismo modo que exigimos una reactivación rápida, a la par que pretendemos una política de salud de respeto a los derechos elementales de la persona, así, también, debemos clamar por exigir un país sometido al Imperio de la Ley. Lo contrario es querer vivir con Jane, en la Selva.

 
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