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Saliendo
de la Selva
Escribe
Miguel Silvestre
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Estado de Derecho debe serlo antes que cualquier otra cosa.
Cuesta crearlo y mantenerlo y ahora, más que nunca,
porque los habitantes de nuestro territorio parecen tener
como referente o como imagen de democracia a la Ley del Más
Fuerte o al Imperio de los Golpes.
Si un
Tribunal revisa una legislación que contraviene el
derecho más elemental, es obvio que dicho dispositivo
debe ser derogado, pues mantenerlo como vigente significa
no haber aprendido la lección: un país no puede
ser un paria en materia de Derecho.
Es obvio
que de decisiones como las emitidas por el Tribunal Constitucional,
con respecto a la legislación antiterrorista, se va
a valer la maquinaria de defensa del delincuente Montesinos
para argumentar que el de Toledo es un gobierno que toca con
manos de seda a los terroristas. Los émulos del irrespeto
a la ley ya empezaron a salir a las calles. ¿Y por
ello se debe retroceder?
La fuerza
de un Estado y de sus instituciones tutelares se halla en
su sinergia con la población, con sus fuerzas vivas.
Esa sinergia es un Talón de Aquilés que arrastra,
por ejemplo, el Ejecutivo, claro ejemplo de que en materia
de Organización tiene aún un largo camino por
recorrer. Y por ello, se impone una Campaña de Información
sobre temas como el de la Vigencia del Derecho, para hacer
que más gente sepa cuánto se pierde con un Estado
que no respeta una correcta administración de justicia.
Habría que recordarle a la gran masa de ciudadanos,
también, que por varios años el Perú
se instaló en las antípodas de la legalidad
y que el Estado y el gobierno peruanos vivieron de espaldas
al Derecho, al debido proceso y a la correcta administración
de justicia.
¿Es
posible que desandemos todo lo andado desde que se reinstaló
la democracia? Obviamente, no. Por ello, no tienen sentido
ni justificación mantener un status quo no ajustado
a Derecho.
Lo que
pasa es que la democracia no puede tener medias tintas. Los
asesinos y los destructores del país también
merecen un juicio justo. Ese es el precio del imperio de la
ley. Y si los terroristas quieren aprovechar los recursos
legales para intentar condiciones carcelarias diferentes,
allí están los procuradores para impedirlo.
De modo que el suelo siempre estará parejo.
Es cierto
que los terroristas pueden intentar maniobras. Ya algunos
están tratando de "aprovechar" la situación.
Sin embargo, con juicios justos los culpables se quedarán
en la cárcel por muchos años. Así como
es cierto que pude cundir el temor, también es cierto
que la correcta administración de justicia es garantía
para que los que infringieron la ley paguen sus culpas.
Muchos
de nosotros hemos vivido en carne propia los golpes furibundos
del terrorismo, pero aunque queramos hacer justicia por mano
propia, eso es imposible hoy. Imposible, por lo menos, en
un país que quiere insertarse totalmente en la legalidad.
¿Lo del Tribunal Constitucional es muestra de debilidad?
Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados a la injusticia,
al garrote y a los excesos que no respetar los parámetros
del debido proceso, por ejemplo, suena a actuar con mano blanda.
El Estado
de Derecho no es un lujo sino una necesidad. Así como
necesitamos un esquema económico claro, para no espantar
al inversionista, del mismo modo que exigimos una reactivación
rápida, a la par que pretendemos una política
de salud de respeto a los derechos elementales de la persona,
así, también, debemos clamar por exigir un país
sometido al Imperio de la Ley. Lo contrario es querer vivir
con Jane, en la Selva.
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