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el principio fueron Los Principios
Escribe
Miguel Silvestre
iempre
respeté a aquellos personajes que defendían
Principios, iban contracorriente y expresaban, de manera erudita
o de forma salvajemente implacable, que el mundo no se definía
por lo que decía el Rey, el Inca, el Virrey, el Dictador,
el Jeque, el Partido, el Comisariato, el mal llamado Consejo
Popular (generalmente ligado a gobiernos totalitarios), el
Presidente de los Estados Unidos, el Presidente del Perú,
el Congreso, una Junta Militar, un Sátrapa, el Megaempresario
o el que manejara los hilos de la política, según
su tiempo.
Se trataba
de una lucha desigual, ciertamente, pero de una batalla tristemente
bella. Sócrates y su lucha por lo que llamaba la verdadera
Política, la excelencia, la Virtud, terminaron en una
sentencia de muerte por orden de su propio Estado, aquel por
el cual vivió y del cual no quiso huir a pesar de que
podía hacerlo sin mayores problemas (otros alcances
sobre la particular noción de Política que habría
tenido el filósofo serán encontrados en artículos
posteriores).
Todos
sabemos que Túpac Amaru es otro ejemplo de ello. Pero
su impresionante gesta debe enmarcarse, también, dentro
de la anónima labor que junto a él tuvieron
indios, criollos, negros e incluso españoles que creyeron
que ya era hora de darle vuelta a la tortilla virreinal. Era
una corriente revolucionaria y política, es cierto,
pero era también una apuesta por el futuro, por el
cambio.
La historia
está plagada de ejemplos así. Desde los más
reconocidos hasta los más olvidados. Toda revolución,
como decían antes, tiene, aparte de sus líderes,
sus cocineros, sus payasos, sus camilleros y hasta sus lujuriosos
personajes.
Pero,
el mundo es cruel, como diría el hoy evangelizado Iván
Cruz. Más rentable resulta, hoy, estar bien con el
que maneja los hilos, con el que tiene enlace con Palacio
de Gobierno, con el que cuenta con casa en Punta Sal al costado
de la del ministro tal o, al menos, con el que les prepara
los Pulpos a la Brasa, en la Huaca Pucllana, a los Gestores
de la Política Económica Peruana.
El Che,
ahora, sólo sirve para ser impreso en las camisetas
que fabrica la pobre industria textil peruana (¿recuerdan
que Gamarra iba a ser polo de desarrollo de inmediato?) y
más reconocimiento merece en nuestro país el
corrupto Andrónico Luksic, dueño de Luchetti,
que los agricultores nacionales, miles de los cuales murieron
en su lucha desigual contra Sendero Luminoso. ¿Acaso
éstos no son héroes? ¿Acaso no lucharon
contra Abimael Guzmán y contra el centralismo y el
olvido de su gobierno de turno?
Pero,
no. Mejor es codearse con el poder, así éste
se encuentre en manos de la Mafia Siciliana (aunque si hablamos
de Poder tendríamos que aceptar que el único
Poderoso transparente es Dios, el Señor, como diría
el gran Héctor Lavoe). Poderoso señor, El Dinero,
y su incomparable clon, El Poder.
Por todo
ello, y mucho más, admiro a los que defienden, luchan
y mueren (si así ocurriera) por sus Principios. Gente
que murió acusada falsamente, gente que fue perseguida
sólo por decir sus verdades y las verdades del mundo.
Seres humanos notables, gente que trasladándonos a
nuestro tiempo, hoy no tiene programas en la televisión
ni en la radio, no manipula ratings, no se acuesta con el
enemigo por una prebenda empresarial, no compra mandatarios
ni financia y propicia guerras en nombre de una interesada
y fantasiosa "democracia", no mata con armas ni
con hambre.
Son gente
impresionante, aunque la propaganda diga lo contrario. Creen
en la libertad irrestricta y en el respeto a la esencia individual
de cada ser humano, saben que los sistemas y los diseños
informáticos están al servicio del hombre y
no al revés. Anhelan, firmemente, que la Paz sea posible.
Esa gente
camina por las calles, pero -fatalmente para el país-
no maneja hasta hoy los hilos de la política peruana.
Mientras tanto, sólo me queda decir como el gran Charly
García en su tema "I'm not in love" (del
disco "Influencia"): "Para venderme, prefiero
morir. Lo único que quiero es no ser como vos".
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