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Escribe:
Isaac Bigio |
La pugna tras el referendo venezolano
ste 15 de Agosto se realizará el referendo para dirimir si en la presidencia de Hugo Chávez debe continuar o ser revocada. Venezuela viene entrando en un proceso de polarización que tendrá un fuerte impacto en toda la región.
La nueva constitución de la ‘República boliviariana de Venezuela’ contiene la posibilidad de revocar al mandatario por medio del referendo, una medida ausente en el modelo americano. Chávez fue electo con 3,7 millones de votos y para ser removido debe haber un mayor número de personas que vote por el sí a su revocatoria.
Si los resultados son dados a conocer antes del 19 de Agosto, se podría ir hacia una rápida nueva elección. Si no, en el cargo quedaría por dos años más el actual vicepresidente José Vicente Rangel.
En el caso de que el actual gobierno perdiese el referendo, esto no implicaría el fin de Chávez, que podría ganar nuevas elecciones, en vista de que la oposición es muy heterogénea y no tiene un candidato carismático unificador alternativo.
La oposición afirma que forzó al gobierno a aceptar que había cumplido con el requisito del mínimo de firmas necesarias para pedir el referendo. El oficialismo acusaba a la derecha de utilizar documentación falsa o de fenecidos para inflar sus peticiones. Chávez pudo haber querido seguir encontrando razones para negar que sus contrincantes hubieran cumplido con los requisitos para ello, pero optó por aceptar el reto. Por una parte, está la enorme presión interna e internacional (en particular de EEUU y de la mayor parte del continente); por otro, está su idea de que puede aprovechar estos comicios para derrotar por octava vez a sus contrincantes y de demostrar la superioridad de su ‘democracia participativa’.
Para los ‘duros’ en el ‘campo revolucionario’, aceptar el referendo es errado y peligroso. Por una parte, implica aceptar el constante ‘chantaje de la reacción’ y existe la posibilidad de perder todo en un solo día. Por lo demás, arguyen los radicales, este referendo no ayudará a contener una posible intervención norteamericana. Es mas, se podría repetir un escenario similar al de Chile, Haití o Nicaragua, en el cual Washington utilice el caos o el desencanto de varios sectores populares para forzar el desplome del gobierno ya sea por medios constitucionales, golpistas o de intervención armada extranjera.
La oposición está centralizada tras la Coordinadora Democrática, que está compuesta de un amplio abanico de organizaciones que va desde conservadores hasta sindicalistas y algunos antiguos izquierdistas. Cohabitan en ella desde federaciones empresariales y dueños de canales de TV hasta la Confederación de Trabajadores de Venezuela, y desde los partidos tradicionales del viejo orden (como Acción Democrática y el COPEI socialcristiano) hasta partidos que se reclaman izquierdistas como Bandera Roja, Causa Radical y un ala del Movimiento Al Socialismo.
Esta es una alianza muy contradictoria. La derecha acusa a Chávez de querer hacer otra Cuba mientras que sus aliados socialistas en la Coordinadora cuestionan al presidente por su autoritarismo. Sin embargo, la Coordinadora no puede ofrecer un programa de gobierno alternativo.
Pese a todo lo dicho contra él, Chávez está en su puesto por la decisión de las urnas y mantiene la ‘libertad de mercado y partidos’. Él define su ‘revolución’ como ‘humanista’ y rechaza el comunismo por estar contra la empresa privada que él defiende y alienta.
Venezuela, si bien es una sociedad de mercado con una fuerte intervención estatal en la economía, tiene una amplia gama de transnacionales operando en su suelo. Pese a sus discursos contra la oligarquía, Chávez no ha expropiado a ningún sector rural o urbano de ésta.
Lo que a Bush le molesta no es el supuesto autoritarismo o castrismo de Chávez, sino que la principal potencia petrolera sudamericana siga teniendo una fuerte participación estatal en la producción del oro negro y en el mercado. La Casa Blanca tiene un modelo ideológico y político que pretende ir imponiendo en la parte sur del continente y que se basa en el ‘consenso de Washington.’. Según éste, las Américas deben irse unificando en un sistema de liberalización económica y política.
La ‘revolución bolivariana’ no es ni socialista ni anti-capitalista. Se enmarca en la tradición histórica del nacionalismo castrense latinoamericano (en la cual están el primer Perón, el peruano Velasco, las juntas bolivianas de 1936-39, 43-46 y 69-71 o el panameño Torrijos) que tratan de desarrollar un modelo de capitalismo nacional. Este modelo dista del aperturismo al capital extranjero (al cual buscan poner limitaciones) y de una economía socializada.
El discurso proteccionista de Chávez es crítico tanto con las ‘oligarquías y el imperialismo’ como con el ‘comunismo’. Es mas, juega entre ambos polos. Contra la derecha utiliza la presión popular (a la que busca controlar) y contra los marxistas utiliza unas Fuerzas Armadas unidas y la necesidad de mantener un estado al servicio de una economía de mercado.
La oposición venezolana tiene varias alternativas contra Chávez. Los más ‘ultras’ quisieran derrocarlo aunque sea vía un cuartelazo. Algunos sectores podrían incluso querer patear el tablero antes del referendo aduciendo que va a ser un fraude. El gobierno ha denunciado un complot con paramilitares colombianos e incluso la posibilidad de un magnicidio. Los más moderados apuestan por destituir al mandatario mediante el referendo o, en caso de perderlo, hacer tal escándalo que le obliguen a aplacarse o a generar un posible recambio para el 2006.
En el campo ‘bolivariano’ están desde quienes estarían dispuestos a conciliar con la oposición aceptando un ‘chavismo sin Chávez’ hasta quienes quieren acentuar la polarización para radicalizar el proceso. La extrema izquierda toma la palabra presidencial que propone luchar contra el imperialismo, formar milicias e ir hacia una reforma agraria para realizar y radicalizar éstas. Promueven asambleas y milicias populares para lanzar tomas de tierras y empresas y plantear la nacionalización de grandes compañías y latifundios.
Chávez preferiría reconciliarse con la derecha antes de tomar esta salida. Él apuesta por servir de bisagra entre ambos extremos de su movimiento, así como para evitar una mayor confrontación interna. Los márgenes a la izquierda a los que Chávez podría girar se ven limitados por la escena internacional. Ya no existe la Unión Soviética ni hay un polo de países de economía planificada que pudiesen cubrirlo. La tendencia de todos los anteriores gobiernos nacionalistas tercermundistas (desde la Libia de Khadafi hasta la Cuba de Castro) es a la de buscar reconciliarse con la Unión Europea para reinsertarse en la economía global.
De igual manera, Chávez no quiere ser desbordado por un levantamiento popular que para él sería sinónimo de caos. Él, a fin de cuentas, es un hombre del viejo ejército y está a favor de una economía basada en la iniciativa privada.
La batalla electoral venezolana influirá en toda la región, incluyendo los comicios presidenciales norteamericanos. Una victoria del No alentaría las protestas sociales contra el ‘neoliberalismo’ y dará a Castro, Lula y Kirchner un mayor margen de maniobra frente a las presiones de Washington. Una victoria del Sí fortalecería a las fuerzas que promueven el ALCA, la liberalización continental y una política dura ante la guerrilla colombiana.
bigio2004@yahoo.com
Isaac
Bigio es un analista internacional, ha obtenido grados y postgrados
en historia y polìtica econòmica en la London
School of Economics, donde tambièn ha enseñado.
Premio Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para
unos 200 medios. |