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Cuba
y Haití
Escribe
Isaac Bigio
n
el primero de enero se han cumplido tanto 200 años
de la independencia de Haití así como 45 años
de la revolución cubana.
El bicentenario
de la creación de los EEUU fue saludado con bombos
y platillos en todo el planeta. El de Haití, en cambio,
no ha concitado mucha atención. Este país es
el que tiene los mayores niveles de pobreza, desempleo, SIDA
y analfabetismo en occidente y no es la primera potencia económica
y militar del globo. Sin embargo, ha sido la primera república
latinoamericana así como negra en todo el planeta.
Un siglo y medio antes que se descolonizase el grueso de África
y unas 19 décadas antes del fin del ‘apartheid’
sudafricano, los esclavos haitianos tomaron el poder derrotando
al mayor potentado del globo (Napoleón Bonaparte).
Los héroes
criollos de la independencia en Hispanoamérica fueron
precedidos por el estrato más discriminado y explotado
en el mundo colonial: los afroamericanos. Alexandre Pétion
mandó armas, naves y soldados haitianos para ayudar
a los insurgentes grancolombianos. Veinte años antes
que España sufriese la derrota de Ayacucho y unas 6
décadas antes de la abolición de la esclavitud
en muchos países americanos, Haití había
sido la primera república de color y al sur de EEUU.
Las dos
islas que están al este y al oeste de Haití
fueron las últimas colonias españolas en liberarse.
Tras la victoria de Washington en la guerra con Madrid ¾
de siglo después de la de Haití sobre París,
Puerto Rico y Cuba pasarían a la órbita norteamericana
ya sea como república semi-independiente o como ‘estado
libre asociado’.
Esta última
isla realizaría en 1959 la mayor revolución
social americana. El desplome de la dictadura de Batista acicateada
por su descomposición interna y las huelgas generales
fue canalizada por un pequeño grupo guerrillero que
originariamente proclamaba restablecer una democracia tipo
EEUU. El levantamiento popular abrió un desembalse
social. Las presiones de los trabajadores agrarios y la necesidad
de contrarrestar a los EEUU y los barones del azúcar
condujeron a Fidel Castro a virar ideológicamente.
Quien inicialmente repudiaba el socialismo acabó creando
un partido comunista único y abrazando el modelo soviético
de economía estatizada y planificada.
Al igual
que los jacobinos haitianos realizó una reforma agraria
radical, desposeyó a la vieja clase dominante y promovió
levantamientos armados en el resto del continente. Entre Cuba
y Haití habría una gran diferencia. La mayor
isla hispana del Caribe adoptó un modelo económico
distinto al del capitalismo y en el cual el estado controlaba
la producción proveyendo de servicios básicos
para toda su población. El mayor país franco-parlante
americano, en vez de abolir el capitalismo casi inexistente,
abrió las puertas para su desarrollo.
Haití
en 1804 y Cuba en 1959 eran potencias azucareras. A inicios
del siglo XVIII un 75% del azúcar mundial provenía
del primero. El estado de los negros libertos fue boicoteado
por las potencias mundiales quienes le despreciaban por el
origen de clase y color de sus gobernantes y temían
por sus efectos en el resto de sus colonias. Sin acceso a
mercados y créditos internacionales Puerto Príncipe
fue sometida a fuertes pagos de compensación a París,
lo cual le demoró 4 décadas en hacerlo y coartó
el impulso de su economía.
Hoy, el
presidente Arístides pide que Francia devuelva ese
monto que traducido a moneda actual supera los $20,000 millones.
Esta cifra es significativa para un país que exporta
menos de $300 millones e importa más de $1,100 millones.
El inicial
igualitarismo jacobino en Haití dio paso, al igual
que en Francia, al retorno de los déspotas. Los últimos
serían los Duvalier, padre y el hijo, quienes impondrían
una suerte de ‘monarquía’ hereditaria en
1957-86. Luego el país caería en la periferia
de EEUU quien les ocuparía en 1915-34. Hoy Haití
es una nación de extremos. El 1% controla la mitad
de la riqueza mientras el 80% sobrevive en la pobreza. Dos
de cada tres adultos son iletrados o desocupados. Pese a tener
un presidente que se proclama de los pobres y la izquierda
y que fue electo, la corrupción y el narcotráfico
campean.
Cuba,
en cambio, se precia de tener los niveles de educación
y salud más altos de la región. Para Castro
ello se debe al modelo estatista que tomaron de Moscú.
Sin embargo, el bloque soviético cayó y La Habana
ya no tiene un referente internacional que le proteja. EEUU
impone un bloqueo peor que el que tuvo Haití en los
1800s y Europa le propone rescatarle a condición que
vaya abriendo su economía al mercado y la empresa privada.
Fidel ya no quiere exportar la revolución sino importar
capitales. Estos han adquirido mucho peso en la industria
turística, manufacturera y otras de la isla. Allí
se han aumentado las desigualdades, la prostitución
y el mercado negro.
Algunos
marxistas quisieran detener ese giro derrocando a la ‘burocracia’
y promoviendo una nueva ola de revoluciones americanas. Esa
alternativa es rechazada por los ‘realistas’ quienes
afirman que hay que adaptarse a la corriente mundial y tratar
de ir haciendo un capitalismo humano en cooperación
con MERCOSUR, Canadá, México o la UE.
EEUU se
jacta que su intervención en Haití condujo a
la democracia y que su presión sobre el ‘dictador
más antiguo del mundo’ conducirá a la
liberalización política y económica de
Cuba. Esto, aunque el único pedazo de dicha isla que
está en sus manos (Guantánamo) es cuestionado
por ser un reducto de prácticas condenadas por el derecho
internacional a los prisioneros de guerra.
Isaac.bigio@ntlworld.com
Isaac
Bigio es un analista internacional, ha obtenido grados y postgrados
en historia y polìtica econòmica en la London
School of Economics, donde tambièn ha enseñado.
Premio Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para
unos 200 medios.
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