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Pakistán:
La potencia más inestable
Escribe
Isaac Bigio
na
vez que Bush capturó al enemigo número uno de
su familia (Sadam Husein), las fuerzas de Al Qaeda parecen
haber puesto su mirada en el presidente paquistaní,
Pervez Musharaf. Efectivamente, Pakistán es crucial
en la estrategia fundamentalista.
En 1947
el subcontinente indio se independizó de Gran Bretaña.
De haberse mantenido unido hubiera sido el país más
poblado del planeta. Sin embargo, la Liga Musulmana presionó
para partir la antigua colonia británica por demarcaciones
confesionales. Así nació Pakistán como
el estado que más mahometanos haya tenido.
Era un
nuevo país sin historia común previa y lleno
de contradicciones. Su nombre fue inventado en una de las
universidades de la élite inglesa pocos años
antes de su creación. “PAKIS-TAN” contiene
las siglas de los estados de Punjab, Afgania, Kachemira, Indus
y Sind. Sin embargo, la mayoría de estas regiones quedaron
divididas y sólo una parte de éstas entró
al nuevo ente. Punjab y el valle del Indo quedaron repartidos
con la India. Afgania (el país de los pashtúes)
siguió escindido pues la mayor parte de los pashtúes
estaban asociados con otras minorías nacionales que
conformaban el reino afgano. Cachemira acabó fraccionada
entre la India, Pakistán y China. Los Sind entraron
al nuevo país pero siempre reclamando ser discriminados
cultural e idiomáticamente.
Por otro
lado en la sigla no entraba la mayor provincia (Baluchistán)
ni tampoco Bangla Desh, el superpoblado “Pakistán
oriental” que estaba separado por mil kilómetros
del resto del país y que, a su vez, resultaba de una
partición artificial y puramente confesional de Bengala.
Punjabis y bengalíes, que hablaban la misma lengua
y tenían un territorio e historia comunes, eran obligados
a agredirse mutuamente para conformar nuevos estados en asociación
con otros correligionarios cuyos idiomas les podían
ser ininteligibles. Los baluches quisieron tener su propio
país y, al igual que sus parientes kurdos, quedaron
repartidos entre varios vecinos.
Pakistán
estaría desde siempre en conflicto con India. Tres
guerras librarían. Mientras Pakistán demandaba
que Cachemira, la única provincia india mayoritariamente
islámica, tuviese el derecho a separarse y reunirse
con Pakistán, la India alentó la separación
de Bangla Desh y ha tendido a coquetear con los movimientos
étnicos de los sind, baluches y pashtúes.
Pakistán
definió su estrategia diplomática como la de
un aliado de Washington para hacer contrapeso a Moscú
y al “no alineamiento” de Nueva Delhi. A escala
ideológica, acentuó su islamismo. La rigidez
confesional les llevó incluso a perseguir a una secta
mahometana disidente: los ahmdiyas. Estos últimos son
bastantes fuertes en Pakistán pero han sido excomulgados
y no pueden ir a la Meca. En Londres acaban de inaugurar la
mezquita más grande de Europa pero no son aceptados
por sus correligionarios.
El fundamentalismo
islámico fue usado para hacer de Pakistán la
punta de lanza del “mundo libre” durante la Guerra
Fría contra los soviéticos en el Asia central.
Islamabad patrocinó numerosos grupos que organizaron
atentados y masacres contra civiles no sólo en Afganistán
sino incluso dentro de las repúblicas soviéticas
musulmanas. El integrismo sunnita paquistaní y saudita
fue utilizado por Washington para contener al promovido por
los clérigos chiítas iraníes.
Fueron
los soldados y agentes pakistaníes quienes armaron
y entrenaron a Al Qaeda y luego a los talibanes. Estos últimos
emergieron a mediados de los 1990 como un movimiento provinciano
sin mucha fuerza pero se irradiaron por todo el país
gracias al apoyo logístico paquistaní el dinero
saudita y el aval de Estados Unidos.
De los
55 países musulmanes sóo Pakistán tiene
armas nucleares. Washington sólo se ha preocupado en
desarmar a las repúblicas mahometanas contestatarias
(Libia, Siria, Irak, Irán) pero ha cobijado a la dictadura
paquistaní ignorando muchas de sus masacres.
Desde
1945, la oportunidad más cercana que ha habido para
una guerra nuclear ha sido entre India y Pakistán.
La suerte
del armamento nuclear paquistaní ahora empieza a preocupar
al Pentágono por sus posibles filtraciones. Se vienen
mostrando evidencias que Irán ha estado adquiriendo
de científicos paquistaníes infraestructura
para fabricar cabezales atómicos. Arabia Saudita, quien
anuncia querer entrar al “club nuclear”, sería
el primero en tener sus propias cabezas compradas, sin haber
desarrollado su propia industria nativa. Pakistán apunta
a ser su posible proveedor.
Para Al
Qaeda remover al único mandatario musulmán con
acceso al botón atómico es crucial. En Pakistán
hay mucho descontento contra Estados Unidos y simpatías
hacia la resistencia afgana o iraquí. El propio Ben
Laden puede estar escondido allí o en sus inmediaciones.
Pakistán
es la potencia nuclear más inestable y el desgaste
o derrumbe de su dictadura puede tener consecuencias muy explosivas.
Isaac.bigio@ntlworld.com
Isaac
Bigio es un analista internacional, ha obtenido grados y postgrados
en historia y polìtica econòmica en la London
School of Economics, donde tambièn ha enseñado.
Premio Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para
unos 200 medios.
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