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04 de enero del 2004
Análisis Internacional

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BBC Mundo

Pakistán: La potencia más inestable

Escribe Isaac Bigio

na vez que Bush capturó al enemigo número uno de su familia (Sadam Husein), las fuerzas de Al Qaeda parecen haber puesto su mirada en el presidente paquistaní, Pervez Musharaf. Efectivamente, Pakistán es crucial en la estrategia fundamentalista.

En 1947 el subcontinente indio se independizó de Gran Bretaña. De haberse mantenido unido hubiera sido el país más poblado del planeta. Sin embargo, la Liga Musulmana presionó para partir la antigua colonia británica por demarcaciones confesionales. Así nació Pakistán como el estado que más mahometanos haya tenido.

Era un nuevo país sin historia común previa y lleno de contradicciones. Su nombre fue inventado en una de las universidades de la élite inglesa pocos años antes de su creación. “PAKIS-TAN” contiene las siglas de los estados de Punjab, Afgania, Kachemira, Indus y Sind. Sin embargo, la mayoría de estas regiones quedaron divididas y sólo una parte de éstas entró al nuevo ente. Punjab y el valle del Indo quedaron repartidos con la India. Afgania (el país de los pashtúes) siguió escindido pues la mayor parte de los pashtúes estaban asociados con otras minorías nacionales que conformaban el reino afgano. Cachemira acabó fraccionada entre la India, Pakistán y China. Los Sind entraron al nuevo país pero siempre reclamando ser discriminados cultural e idiomáticamente.

Por otro lado en la sigla no entraba la mayor provincia (Baluchistán) ni tampoco Bangla Desh, el superpoblado “Pakistán oriental” que estaba separado por mil kilómetros del resto del país y que, a su vez, resultaba de una partición artificial y puramente confesional de Bengala. Punjabis y bengalíes, que hablaban la misma lengua y tenían un territorio e historia comunes, eran obligados a agredirse mutuamente para conformar nuevos estados en asociación con otros correligionarios cuyos idiomas les podían ser ininteligibles. Los baluches quisieron tener su propio país y, al igual que sus parientes kurdos, quedaron repartidos entre varios vecinos.

Pakistán estaría desde siempre en conflicto con India. Tres guerras librarían. Mientras Pakistán demandaba que Cachemira, la única provincia india mayoritariamente islámica, tuviese el derecho a separarse y reunirse con Pakistán, la India alentó la separación de Bangla Desh y ha tendido a coquetear con los movimientos étnicos de los sind, baluches y pashtúes.

Pakistán definió su estrategia diplomática como la de un aliado de Washington para hacer contrapeso a Moscú y al “no alineamiento” de Nueva Delhi. A escala ideológica, acentuó su islamismo. La rigidez confesional les llevó incluso a perseguir a una secta mahometana disidente: los ahmdiyas. Estos últimos son bastantes fuertes en Pakistán pero han sido excomulgados y no pueden ir a la Meca. En Londres acaban de inaugurar la mezquita más grande de Europa pero no son aceptados por sus correligionarios.

El fundamentalismo islámico fue usado para hacer de Pakistán la punta de lanza del “mundo libre” durante la Guerra Fría contra los soviéticos en el Asia central. Islamabad patrocinó numerosos grupos que organizaron atentados y masacres contra civiles no sólo en Afganistán sino incluso dentro de las repúblicas soviéticas musulmanas. El integrismo sunnita paquistaní y saudita fue utilizado por Washington para contener al promovido por los clérigos chiítas iraníes.

Fueron los soldados y agentes pakistaníes quienes armaron y entrenaron a Al Qaeda y luego a los talibanes. Estos últimos emergieron a mediados de los 1990 como un movimiento provinciano sin mucha fuerza pero se irradiaron por todo el país gracias al apoyo logístico paquistaní el dinero saudita y el aval de Estados Unidos.

De los 55 países musulmanes sóo Pakistán tiene armas nucleares. Washington sólo se ha preocupado en desarmar a las repúblicas mahometanas contestatarias (Libia, Siria, Irak, Irán) pero ha cobijado a la dictadura paquistaní ignorando muchas de sus masacres.

Desde 1945, la oportunidad más cercana que ha habido para una guerra nuclear ha sido entre India y Pakistán.

La suerte del armamento nuclear paquistaní ahora empieza a preocupar al Pentágono por sus posibles filtraciones. Se vienen mostrando evidencias que Irán ha estado adquiriendo de científicos paquistaníes infraestructura para fabricar cabezales atómicos. Arabia Saudita, quien anuncia querer entrar al “club nuclear”, sería el primero en tener sus propias cabezas compradas, sin haber desarrollado su propia industria nativa. Pakistán apunta a ser su posible proveedor.

Para Al Qaeda remover al único mandatario musulmán con acceso al botón atómico es crucial. En Pakistán hay mucho descontento contra Estados Unidos y simpatías hacia la resistencia afgana o iraquí. El propio Ben Laden puede estar escondido allí o en sus inmediaciones.

Pakistán es la potencia nuclear más inestable y el desgaste o derrumbe de su dictadura puede tener consecuencias muy explosivas.


Isaac.bigio@ntlworld.com

Isaac Bigio es un analista internacional, ha obtenido grados y postgrados en historia y polìtica econòmica en la London School of Economics, donde tambièn ha enseñado. Premio Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para unos 200 medios.

 
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