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Bolivia
e Iraq
Escribe
Isaac Bigio
a
cuestión de la salida al mar para Bolivia se está
convirtiendo en el principal problema fronterizo sudamericano.
Carlos Mesa, presidente boliviano, ha declarado que la estabilidad
de su nación y de la región depende de la solución
a la mediterraneidad de su país. El Consejo de Defensa
peruano se ha reunido a raíz de ello por primera vez
en una década. Los presidentes de Venezuela, Perú,
Cuba, Brasil y Uruguay han declarado simpatías hacia
la causa boliviana, lo mismo Kofi Annan y Carter. El parlamento
chileno unánimemente rechaza cualquier concesión
territorial. La posición de Santiago es que se deben
mejorar las relaciones con Bolivia pero de manera bilateral,
sin ceder la soberanía y tratando de hacer que el problema
recaiga también sobre Perú.
El reanimamiento
de este reclamo se da 13 años después que EEUU
lanzó en Enero 1991 su I guerra contra Iraq. Dicho
conflicto estalló a raíz que Saddam decidió
ocupar Kuwait reclamando que esta era una provincia que anteriormente
le pertenecía y que quería solucionar así
la carencia de un puerto de aguas profundas para poder comercializar
su petróleo.
Tanto
La Paz como Bagdad plantean que necesitan un puerto para exportar
sus hidrocarburos y que la zona que se plantea les compete
históricamente.
Hussein
pensó que las potencias tolerarían dicha invasión
así como anteriormente aceptaron (e incluso avalaron)
que él ataque Irán, o que otros estados aliados
a EEUU como Marruecos o Indonesia se hubiesen anexado Sahara
Occidental o Timor Este. Mas, la pretensión iraquí
fue rechazada por las potencias y varios vecinos pues Kuwait
es un estado que tiene mucho oro negro y lazos con Occidente.
Mesa,
en cambio, no tiene poder militar o económico y tampoco
quiere ocupar un estado. Él aspira a una franja que
puede estar despoblada. Su carta de negociación es,
al revés de Saddam, su extrema debilidad.
En Octubre
un levantamiento popular y una huelga general tumbó
a un presidente electo 14 meses atrás. Lo que originó
la rebelión fue el rechazo a un gasoducto vía
Chile y que no fuese previamente industrializado en el país.
Mesa amenaza que si no se da una salida al mar para su república
otro conflicto puede estallar y ello puede contaminar a la
región, ya de por sí sacudida por diversas protestas
laborales o indianistas.
Mesa es
uno de los presidentes constitucionales más débiles
que ha tenido Bolivia. La plancha presidencial que ganó
la primera mayoría en el 2002 apenas concitó
el voto de uno de cada diez inscritos y menos del cuarto de
los votos. Solo pudo llegar al gobierno después de
haber hecho una componenda con un partido sumamente hostil
(el MIR) al de ellos y para evitar que el otro candidato (el
sindicalista Evo Morales) fuese electo.
Ahora
Mesa gobierna sin un partido o un frente. Carece de base social.
Apunta a sobrevivir navegando entre fuerzas hostiles. Para
tratar de desviar una posible explosión social él
requiere impulsar la unidad nacional interna apelando a la
rencilla histórica contra Chile.
Chávez
y Toledo quieren sacar ventaja de esa situación por
intereses geo-políticos. En Caracas se ve a Santiago
como un centro que conspira contra ellos y en pro de una relación
estrecha con Washington a desmedro de un posible bloque sudamericano.
En Lima existe un asunto pendiente con Santiago a raíz
de la delimitación de la plataforma marítima
(rica en peces).
Chile
se encuentra en ese aspecto aislado internacionalmente en
el contexto continental. En parte, ello se debe a su propia
política económica de vínculos bilaterales
con EEUU y Europa. Sin embargo, no siente mayor necesidad
de hacer alguna concesión territorial a sus vecinos.
Lavín,
jefe de la oposición, ha llamado a no ceder ni un centímetro
de territorio chileno. Todos los partidos parlamentarios comparten
ese criterio. Las mayores concesiones que el gobierno o la
derecha chilenas estarían dispuestas a hacer sería
la de no exigir pasaportes a los bolivianos en la Región
I (Arica) o a facilidades para comerciantes y turistas bolivianos
en el norte. El alcalde de Iquique sugiere ‘alquilar’
por cien años un puerto para Bolivia.
Sin embargo,
Bolivia demanda salida soberana. Esto implicaría un
corredor que venga del altiplano hasta el mar. Si se da por
Arica u otros antiguos territorios que fueron del Perú
hasta la guerra de 1879, Lima puede objetar o poner condiciones.
Si se da al sur de Arica, Chile quedaría inconfortablemente
escindido.
Además,
Lagos no sería capaz de ceder un solo cerro o lago
sin recibir alguna compensación territorial o material
a cambio. Mesa, difícilmente estaría dispuesta
a ceder parte de su cordillera o su gas.
Nuevas
tensiones se generarían en Bolivia si esto sucediese.
Si un intercambio territorial genera mucha disconformidad
interna en Chile o Perú en estas naciones pueden darse
otros estallidos o ruido de sables.
El gobierno
peruano podría querer superar el décimo de popularidad
que tiene apelando a medidas firmes sobre Chile. Incluso,
podría aprovechar la coyuntura para plantear la reconstitución
de la confederación que había antes entre el
Alto y Bajo Perú, con lo cual Bolivia ganaría
3,000 kms de costa y Perú acceso a vastos recursos
y a un vasto territorio poco poblado.
Una salida
difícil pero menos complicada que un intercambio territorial
sería una unión económica o política
en la región. Esta ha sido el camino que Austria y
Hungría, quienes perdieron su histórico literal
4 décadas después de Bolivia, han tenido para
desarrollarse y conseguir salidas portuarias.
Isaac.bigio@ntlworld.com
Isaac
Bigio es un analista internacional, ha obtenido grados y postgrados
en historia y polìtica econòmica en la London
School of Economics, donde tambièn ha enseñado.
Premio Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para
unos 200 medios.
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