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Hacia
un sistema anticorrupción permanente
Escribe
Fernando Miguel Silva La Rosa
/ Abogado Penalista - Profesor PUCP
En
los últimos años del gobierno del Ing. Alberto
Fujimori Fujimori, la corrupción llegó a un
extremo tal que se conocía y se comentaba en todos
los círculos sociales, políticos y jurídicos
de nuestro país. Sin embargo, no se hizo nada al respecto.
Para quienes hicieron el intento de mostrar la corrupción,
significó el inicio de una persecución implacable
a través de todos los poderes y organismos del Estado
(basta recordar como trabajaba la SUNAT en aquel tiempo o
la velocidad del Poder Judicial para procesar a una persona
incómoda al régimen). Luego de algunos años
ya, nos hemos dado cuenta que la inactividad que permitió
el enquiste de la corrupción en el Estado Peruano se
debió a la bien estructurada mafia que implantó
el ex asesor Vladimiro Montesinos Torres. Mafia, que en su
estructura contaba con un sistema de seguridad propio (el
mismo que Vladimiro Montesinos no pudo controlar): los ahora
famosos Vladivideos. Los actos de corrupción en video,
listos para utilizar y comprar con ellos los silencios cómplices
de los operadores que tenían a cargo nuestros sistema
político (congresistas tránsfugas), social (televisión
basura y prensa chicha) y jurídico (Poder Judicial
con sentencias al mejor postor, y claro está con su
reforma). Videos que dentro de nuestro sistema procesal nunca
estuvieron considerados como medios de prueba en forma expresa
y que ahora -a partir de Vladimiro Montesinos- constituyen
en algunos casos la única prueba que sostiene un proceso
penal sobre una imputación de corrupción.
El 14
de setiembre del año 2000, la sociedad peruana quedó
perpleja al observar en vivo y en directo un video en el cual
aparecía la corrupción completamente desnuda.
Todos sabían de su existencia, inclusive algunos sabían
como funcionaba pero nunca la habían visto en video.
Desde ese día, muchos afirman que se inicio una gran
cruzada contra la corrupción en todos los niveles de
la Función Pública en el País (muchos
la han catalogado no como una cruzada sino como una persecución).
Esta lucha se dirigió no solo contra funcionarios públicos
sino contra todos aquellos que colaboraron con las ilícitas
actividades del régimen del Ing. Alberto Fujimori Fujimori.
Sin embargo, cabría hacerse la siguiente pregunta:
¿Estamos frente a una cruzada total contra la corrupción?
Nuestro
sistema jurídico no estaba preparado para sostener
la investigación ni el procesamiento de todos los miembros
de una mafia estructuralmente establecida. El propio Poder
Judicial y sobre todo el sistema penal se encontraba dentro
de esta estructura corrupta. No podía entonces este
sistema procesar a sus propios operadores. Por esta razón
y con el nombramiento de los Procuradores Ad-hoc se inició
lo que se ha denominado la cruzada anticorrupción.
Se ha construido un sub sistema penal especializado en la
investigación y procesamiento de aquellos que participaron
en la red de corrupción organizada por Vladimiro Montesinos
Torres. En la actualidad, con más de tres años
de función, este sub sistema cuenta con Policía,
Fiscales, Jueces y dos Salas Superiores especializadas en
Anticorrupción y casi mil quinientos procesados en
ciento cincuenta expedientes. En consecuencia, aunque consideremos
que debe ser dotado de normas de agilización de los
procedimientos, nuestro sistema tiene ahora la capacidad de
perseguir la corrupción. El sistema existe y está
funcionando. El análisis de las formas y métodos
utilizados, sobre todo en lo que respecta a la llamada colaboración
eficaz o si más que una cruzada, se trata de persecución
para algunos casos, forma parte de un debate que deberá
abordarse en cada caso en concreto.
Pero recordemos
que estamos frente a un sistema creado solo para la investigación
y procesamiento de los delitos cometidos a partir de la Red
de Corrupción formada por Vladimiro Montesinos Torres.
Sistema que es producto de una reacción social frente
a la más grande corrupción que ha visto la Republica
del Perú. Sin embargo, la Red de Corrupción
creada por Vladimiro Montesinos no es la única red
que existía en nuestro país y lo que es peor,
aparentemente la corrupción continua a todo nivel.
Bastará con leer los diarios en los últimos
meses para que se compruebe la veracidad de ello. En consecuencia,
consideramos que no estamos frente a una lucha frontal y total
contra la corrupción, sino más bien en una lucha
contra la corrupción que existió en el gobierno
del Ing. Alberto Fujimori. Gobierno que ya terminó
y cuyos actos de corrupción ya perjudicaron al País.
Que pasa entonces con los hechos que la prensa está
denunciando sobre los actuales Funcionarios Públicos?
Porque no pueden ser procesados con la misma dureza y bajo
las mismas reglas?
El actual
gobierno tuvo como principal bandera para llegar al poder
la lucha contra la corrupción, las alianzas políticas
que ahora están en franco cuestionamiento tuvieron
como punto de partida (al menos para quienes las observamos
desde afuera) la lucha contra la corrupción, pasada
ya la mitad del gobierno seguimos escuchando el mismo discurso:
la manoseada lucha contra la corrupción o el ya famoso
lema Corrupción Cero o las campañas como a la
policía se le respeta. Sin embargo, todos los días
seguimos presenciando que la prensa denuncia supuestos actos
corrupción. Ministros cuestionados abiertamente (inclusive
obligados a renunciar) y Funcionarios Públicos con
indicios suficientes a partir de los cuales se pueden iniciar
investigaciones por la comisión de delitos como tráfico
de influencias, peculado, etc. Que es lo que está ocurriendo
entonces, de que ha servido toda la reacción social
de la cual los actuales gobernantes formaron parte, de que
sirvieron las marchas (hoy también abundantes por cierto),
de que ha servido todo el gasto público que se ha realizado
para implementar este sistema especializado, de nada. La corrupción
actual sigue sin investigarse, tal cual ocurrió en
el antiguo régimen. Será acaso que en los próximos
años asistiremos a la creación de otro sistema
anticorrupción para revisar los posibles casos que
ahora la prensa denuncia. Esperemos que eso no ocurra, pues
sería realmente penoso comentar en algunos años
otra fuga en velero.
El momento
en el que vivimos es un momento de cambios, los cuales deben
ser tomados con la madurez suficiente para realizar un trabajo
sólido pensando en futuro muy cercano. Estamos nuevamente
frente a una reforma del Poder Judicial, sea quien sea quien
la maneje, el Poder Ejecutivo o el propio Poder Judicial,
el asunto es que se tiene que hacer. Es el momento entonces
de tomar una postura real, sin medias tintas y pensando en
el país, sobre este tema y la única forma de
conseguir esto es teniendo un sistema ya no solo para los
casos de corrupción generados a partir del Ex asesor
del SIN, Vladimiro Montesinos Torres, sino un real y permanente
Sistema Anticorrupción. Listo a procesar cualquier
caso de corrupción, ya sea de gobiernos anteriores
o del gobierno actual. Esto, por cierto, deberá ir
de la mano de reglas penales mucho mas claras que las actuales.
Para nadie
es un secreto que la explosión de la Red de Corrupción
creada por el ex asesor, encontró un sistema penal
cuya descripción de los delitos cometidos por funcionarios
públicos no abarcaba todas las conductas que desarrollaron
los miembros de la mafia. Por esta razón muchos de
estos actores reclaman que son detenidos o procesados injustamente
y denominan a la lucha contra la corrupción como una
persecución. Esto es consecuencia directa de los vacíos
legales y de la indeterminación en la descripción
típica de los delitos imputados. Este hecho generó,
por una parte que los Abogados de la Procuraduría Ad-hoc,
con el afán de cumplir su labor (debemos recordar que
no son miembros del Ministerio Público, son Abogados
del Estado) generen teorías e interpretaciones penales
con el fin de lograr la sanción de dichas conductas,
ya que de otra forma las mismas quedarían impunes;
y, por otra parte, los operadores judiciales (jueces y vocales)
trataron -sin éxito por cierto- de lograr un procesamiento
sin dilaciones.
La tipificación
de delitos como el tráfico de influencias, del de Asociación
ilícita para delinquir o las construcciones doctrinarias
como la complicidad en el delito de peculado y la prueba prohibida
(como consecuencia de los valdivideos), son claros ejemplo
de ello. Independientemente de nuestra posición sobre
dichas construcciones, consideramos que las normas penales
que tipifican los delitos que tienen que ver con cualquier
tipo de corrupción deben ser mucho más determinadas
que las actuales, con el único fin de lograr un sistema
anticorrupción legítimo, bajo el cual los funcionarios
públicos y los particulares sepan claramente que conductas
son punibles. En el mismo sentido se encuentran las normas
en el procedimiento que se sigue para los casos de corrupción,
de hecho en los próximos meses seremos testigos de
procesados con detención judicial que lograran la libertad,
ya que llevan más de dos años detenidos sin
sentencia. Es decir, son un conjunto de medidas que este gobierno
debe no solo impulsar, sino lograr que se creen lo más
pronto posible.
En este
sentido, el actual sistema Anticorrupción debe dejar
de ser un sistema solo para un periodo de tiempo o dirigido
solo para los casos a partir de Vladimiro Montesinos Torres
sino debe ser un Sistema Anticorrupción Permanente,
que se active frente todo acto de corrupción de este
o de cualquier gobierno. Claro está que este sistema
debe también ir de la mano con una modificación
directa sobre la tipificación de los delitos de corrupción
cometidos por funcionarios públicos y por particulares
(dejando establecida claramente cuando su participación
es punible o no); y, con procedimientos mas ágiles
que permitan la imposición de una sanción sin
dilaciones. Esto debe ser considerado como una garantía
para el correcto ejercicio de la función pública.
Si esto no se sigue así, probablemente en los próximos
años nos encontraremos frente a una nueva cruzada anticorrupción
con reglas igual de confusas.
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