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King
Kerry: Ni curry Ni Cherrie
Escribe
Isaac Bigio
l
proceso de nominación del candidato demócrata
a la presidencia más parece uno de coronación
que de elección. La fuerza de John Kerry radica en
sus intentos de estar en el medio. El hecho que él
no quiera tener claras definiciones, ya sea para entregarnos
un plato picante o una fruta dulce, es hoy una ventaja que
mañana puede transformarse en su ulterior desventaja.
En todos
los estados, salvo dos, Kerry ha venido ganando y ha sacado
de carrera a 5 de sus 8 iniciales competidores. El ya tiene
3 veces más delegados para la convención interna
que el resto de sus 3 rivales que mantienen sus campañas.
De estos últimos dos solo pretenden usar su peso interno
para presionar y acumular fuerzas para el futuro. El único
contrincante que podría tener cierta fuerza, Edwards,
si bien podría dar una sorpresa, por el momento a lo
que ansiaría es lograr entrar como segundo en su plancha
presidencial.
Kerry
se ha beneficiado del giro pendular de la opinión pública
estadounidense, pero ello puede acabar tornándose en
su contra como ha pasado con George Bush y Howard Dean.
La línea
dura ante Afganistán e Irak le inicialmente permitió
a Bush pasar de ser un presidente poco popular (incómodo
por haber llegado a la casa Blanca con menos de 500,000 votos
frente a su contendor Al Gore) hasta ser uno de los presidentes
más populares de la postguerra. Mas, lo que originariamente
le dio tanta fuerza a los republicanos ahora trabaja en su
contra.
El hecho
que se haya comprobado que Irak carecía de armas de
destrucción masivas o vínculos con Bin Laden,
que Al Qaeda siga creciendo y atacando, y que Iraq se vaya
convirtiendo en un posible Vietnam, es algo que se viene tornando
contra él como un bumerang. El desencanto de la población
y de muchos empresarios hacia el unilateralismo preventivo
viene cultivando sentimientos a favor de un giro hacia una
diplomacia que busque evitar tantas intervenciones y choques
con aliados tradicionales y Naciones Unidas.
El primer
serio intento de romper con las políticas de Bush conllevó
al acelerado desarrollo del sector de Howard Dean. El se irrogaba
como campeón de la causa liberal y el haber estado
siempre contra la guerra iraquí. El prometía
al partido demócrata volver a llevarlo al poder moviéndolo
a la izquierda y levantando un discurso polarizante tendiente
a captar a esos 100 millones de sufragantes que no se sienten
atraídos a votar por los candidatos de dos partidos
con pocas diferencias.
La caída
de Saddam, paradójicamente, inició el declive
de la estrella de Dean. El inicial repunte de Bush hizo pensar
a muchos demócratas que una candidatura radical pudiese
llevarles a hacer perder el centro. Lieberman pedía
que para evitar un extremo no había que alentar otro.
Tras el
intento de derrotar a Bush como sea, se fue generando una
corriente de opinión dentro de los demócratas
tratando de buscar una alternativa ‘moderada’
que sí pudiese evitar que los republicanos les disputaran
el campo medio. Michael Moore, el conocido ‘izquierdista’
que quiere perfilarse como la ‘Némesis’
de Bush, no se alineó con Dean argumentando que se
necesitaba un candidato que sí pudiese convencer a
sectores intermedios con inclinaciones patrióticas
o conservadoras.
Por un
lado Dean perdía piso como alternativa viable, pero
por otro había logrado hacer girar a su partido hacia
una línea más dura de cuestionamientos a la
ocupación iraquí, a las excepciones tributarias
para las corporaciones y a las nefastas consecuencias de las
políticas ambientales de la actual administración.
Los demócratas,
al alejarse de Dean, no se acercaban a Lieberman, el más
pro-republicano de sus candidatos, y buscaron un hombre que
pudiese estar en el equilibrio entre estos polos. Kerry es
un maestro de lo que él llama ‘pragmatismo’
y sus adversarios tildan de ‘oportunismo’. El
no se alinea con políticas de izquierda o derecha,
palomas o halconas, pues él puede aplicar simultáneamente
recetas de ambos extremos. Él estuvo contra la primera
guerra del golfo pero a favor de invadir Granada, Panamá,
Afganistán e Irak en el 2003. El muestra sus galardones
militares pero también su historial de activista pacifista.
El cuestiona la ocupación sin Naciones Unidas aunque
votó por invadir a Iraq sin mandato de ésta.
El apoya las uniones de parejas de un mismo sexo pero no los
matrimonios gays. Podrá atacar a las corporaciones
y los grupos de interés pese a que él es acusado
de haber favorecido éstos y a ser el más millonario
de todos los candidatos presidenciales.
Los demócratas tenían dos estrategias para ganar
las presidenciales. Una era moverse a la izquierda para cautivar
a los electores apáticos y la otra girar al centro.
Esto último dio buenos resultados en 1992 y 1996 con
Clinton pero no en el 200 con Al Gore.
Tras el
retiro de Dean, Nader se ha lanzado a nadar. El 2.7% que obtuvo
en el 2000 fue clave para quitarle los pocos votos que los
demócratas necesitaron para ganar las presidenciales.
Los demócratas, al moderarse, han abierto la posibilidad
que se desarrolle a su izquierda la tercera candidatura de
Nader. Esta podría obtener pocos o ‘casi nada’
de votos quizás podría reducir las aspiraciones
demócratas a la nada.
Por el
momento el eclecticismo de Kerry le rinde dividendos. Mas,
a medida que el electorado exija definiciones, el globo de
Kerry, al igual que el de Dean, podría desinflarse
así como se infló de repente. La ventaja que
tiene Bush es que tiene políticas más claras.
Al menos quien opta por él sabe si quiere chicha o
limonada.
bigio2004@yahoo.com
Isaac
Bigio es un analista internacional, ha obtenido grados y postgrados
en historia y polìtica econòmica en la London
School of Economics, donde tambièn ha enseñado.
Premio Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para
unos 200 medios.
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