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27 de junio del 2004
Desde la Matrix Judicial

La mafia, Gastón y las libélulas

Escribe Fernando O' Phelan

B

ajé del avión y me fui directamente al escritorio de ese señor alto y grandote. Me habían dado su nombre en el Doyle Hotel. Un funcionario internacional me recomendó regresar al Perú e involucrarme en lo que se planificó como un inédito proceso de Reforma Judicial en América Latina. La Reforma empezó, me enrolé en el equipo de mi alma mater, la Universidad Católica. El proceso fue un torbellino, que arrasaba status quo y una cultura judicial fosilizada. Igual el asunto no tenía futuro. Los proyectos se multiplicaban pero las raíces del sistema judicial permanecieron intocables.

El régimen político se endureció. Las reformas estatales debían entrar a su etapa de maduración. Una cleptocracia se formaba debajo de buenas intenciones y algunos logros de cambio institucional, que cualquiera hoy no dejaría llamar como “etapa de modernización”, pasaban a segundo plano.

El sistema político de Fujimori se endurece y el castigo político ocurre casi con naturalidad, sin embargo, las reglas formales obligan a usar la vía judicial. Nadie estaba preparado para soportar un mega proceso contra Montesinos y menos aún la justicia penal peruana estaba preparada para procesar a los que se denominó la “mafia fujimontesinista”.

Hasta allí nada es nuevo. Recién a partir del año 2003, los procesos judiciales anticorrupción empiezan a ser cuestionados seriamente, varios familiares de presos son acogidos por los medios de comunicación, los conflictos entre los roles del Ministerio Público, la procuraduría especial y los jueces ya no se pueden ocultar.

En ese entorno es que decido, desde ProJusticia, acopiar información sobre ese mundo llamado “Saint George“. Mis opiniones políticas y sociojurídicas están por escrito, en la web www.projusticia.org.pe o en otros medios. Este año entre mediados del 2003 y junio de este año me ha permitido llegar a cuatro conclusiones: 1.- La mafia fujimontesinista organizada, articulada, logísticamente soportada no existe, 2.- No existe ningún análisis serio sobre la calidad de las sentencias o fallos judiciales en esta materia, tampoco hay un análisis de los tiempos procesales aplicados y, menos aún, una evaluación del rol de los órganos de control interno, 3.- Existe una direccionalidad ideológica en varios actores institucionales dentro de la nueva Reforma Judicial, en particular bajo la autodenominada representación de la sociedad civil y 4.- Hoy es posible identificar casos en los que la persecución política es evidente.

Hace poco recibí dentro del Penal de San Jorge un papelógrafo que mostraba un esfuerzo de síntesis sobre los actores políticos en el tema anticorrupción antes de junio del 2003. Aunque el título era rimbombante pues en este país, salvo el narcotráfico, la iglesia, la masonería y la comunidad gay de alto nivel, no existe capacidad de organización para afrontar tareas y objetivos en común, no existen mafias por doquier. Igual decidí revisar el documento.

Se me indicó que las personas que yo visitaba serían interrogadas y trasladadas a un penal de alta seguridad. El director del penal entendía que habría gente, incluso inferior a él, que podría tener interés en darle un uso político al incidente de habérseme requisado ese documento a la salida de una visita a San Jorge. Pues eso ha ocurrido.

El papelógrafo, cuyo original ni yo tengo, y los informes y la carta que se pidió suscribir para facilitar la solución del incidente está en mano de la prensa. Quisieron echarle la culpa a Dellepiane, Mantilla, Pezúa y, obviamente, eso es descabellado. El documento no amerita ninguna atención. Afectar mi imagen de investigador y convertirme en cómplice también es una pérdida de tiempo. Todo lo que yo opino es público. He recreado un personaje llamado Gastón para darle un giro literario a esto de pensar en los costos ocultos del sistema judicial y la Reforma Judicial de papel.

Investigar al mensajero o al que hizo el mensaje podría ser una dicotomía. Planteo otra cosa: investigar si lo que pasa con los procesos anticorrupción es lo que la sociedad peruana esperaba.


fernandoophelan@yahoo.com.mx

 
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