 |
Escribe:
Fernando Rospigliosi (*) |
¿Serenazgo solución?
a propuesta de otorgar poder a los serenos para que detengan personas cuenta con el 60% de respaldo en Lima, según la última encuesta de Apoyo.
El linchamiento goza del 64% de respaldo, de acuerdo al mismo sondeo.
Lo cual revela que el estado de miedo y excitación no es el mejor consejero a la hora de tomar decisiones sobre la seguridad. La ciudadanía está atemorizada, indignada, irritada con la situación de inseguridad que se vive. Y está dispuesta muchas veces a aceptar cualquier alternativa que se le plantee, si es que parece resolver los problemas de un solo plumazo.
Pero en este tema, como en cualquiera de las dificultades graves del país, no hay soluciones fáciles ni rápidas.
El mayor poder a los serenos municipales solo agravaría los problemas de seguridad y crearía otros nuevos.
En primer lugar, el problema de seguridad no reside básicamente en las detenciones. La policía detiene a muchas personas que han violado la ley y la mayoría son puestas en libertad de inmediato por jueces y fiscales. Si hay más detenidos, eso no significa en modo alguno que la situación de inseguridad mejorará.
En segundo lugar, después de las detenciones vendrán las armas y luego más y más poderes, hasta constituirse en lo que algunos han venido propugnando:
una policía municipal. Es obvio: si los serenos tienen poder de detener, se planteará que hay algunos delincuentes que están armados y ¿cómo un sereno desarmado va a apresar a un delincuente armado? ¡Qué les den armas! pedirán entonces. Y así sucesivamente.
En primer lugar, el problema de seguridad no reside básicamente en las detenciones. La policía detiene a muchas personas que han violado la ley y la mayoría son puestas en libertad de inmediato por jueces y fiscales.  |
En tercer lugar, otorgar mayor poder a los serenos significará acelerar el proceso de división y fragmentación que vive el Perú. Hoy día hay zonas del país que prácticamente están fuera del control del Estado peruano. En muchos lugares son las propias autoridades (presidentes regionales, alcaldes, etc.) los que encabezan turbamultas y rebeliones contra el gobierno, contra empresas privadas, contra decisiones judiciales, etc. Y en muchos otros, las disputas entre las propias autoridades locales provocan desórdenes y hechos de violencia.
Hoy día existen unos 2,000 alcaldes provinciales y distritales en el Perú.
Como las normas son iguales para todos, cualquiera tendrá derecho a constituir su serenazgo con poderes crecientes.
En cuarto lugar, ¿qué ocurrirá entonces cuando el alcalde se enfrente al teniente alcalde que quiere desbancarlo? El Ilave, los adversarios del alcalde lo lincharon. En Chimbote lo sacaron a rastras del municipio. ¿Los alcaldes en problemas evitarán la tentación de usar un cuerpo de serenos como guardia pretoriana y enfrentar a sus adversarios? ¿Alguien puede imaginar cuanta violencia se añadirá a la que ya existe si eso fuera posible?
En quinto lugar, ¿qué ocurrirá cuando un alcalde asustado por una turba o por cualquier otra razón decreta un paro con bloqueo de carreteras, como ocurrió recientemente en Cajamarca? Cómo ha ocurrido docenas de veces en los últimos tiempos en todo el país ¿Qué ocurriría si además de financiar las ollas comunes de los huelguistas, usar los vehículos municipales para trasladar a los bloqueadores, obstaculizar los puentes con los tractores del municipio, si además de todo eso el alcalde cuenta con un cuerpo con capacidad de detener (y armado) a su servicio? ¿Qué sucederá si la policía nacional que tiene que restablecer el orden no sólo tiene que enfrentarse a una turba provista de piedras y palos sino a un cuerpo organizado (y armado)?
En sexto lugar, ¿quién responde cuando muere una persona ante la intervención de un sereno (o varios)? En el caso de los más de 90,000 policías, hay un responsable, el ministro del Interior. En el caso de los municipios, 2,000 alcaldes por 2,000 pequeños cuerpos de serenazgo. ¿Qué responsabilidad política y legal asumirán los alcaldes?
En sétimo lugar ¿con qué preparación abordarán esos serenos esas tareas? La policía nacional, a pesar de los inmensos problemas que afronta, tiene preparación y experiencia acumulada y transmitida por generaciones. Posee además un régimen disciplinario único, un sistema de sanciones, etc. No funciona a la perfección, pero ¿alguien puede imaginar con que preparación y con qué disciplina trabajarán los serenazgos?
Hay municipios y municipios. Hay alcaldes y alcaldes. Algunos municipios tienen muchos recursos, otros son pobrísimos. Hay alcaldes decentes y responsables, y los hay sinvergüenzas y matones. Conociendo como funcionan las cosas en el país, y la situación de creciente desgobierno que estamos viviendo, en algunos lugares se constituirán serenazgos integrados por facinerosos que se dedicarán a extorsionar a los ciudadanos e imponer la ley del terror en sus circunscripciones.
El nuevo código procesal penal, que próximamente entrará en vigencia, establece la posibilidad que cualquier ciudadano detenga a un delincuente cuando está cometiendo un crimen. Eso también vale para cualquier sereno.
Sin embargo, eso es una cosa, y otra es otorgar poderes especiales a los serenos para detener personas, lo que conduce casi con seguridad, a darles armas, más poderes y constituirlos en una policía municipal, con las nefastas consecuencias descritas más arriba.
La multitudinaria marcha del jueves 11, encabezada por más de veinte alcaldes, no propuso la ampliación de poderes a los serenos, como erróneamente han señalado algunos medios. Por el contrario, los alcaldes plantearon soluciones integrales: mayores recursos a la policía nacional, más severidad del poder judicial, construcción de cárceles, incentivar la participación de la población, etc.
Esos alcaldes quieren mayor seguridad para sus vecinos, pero señalando claramente las responsabilidades de cada quien, sin pretender sumar la de la seguridad ciudadana a las muchas obligaciones que ya tienen.
El equipo de profesionales del IDL es actualmente diverso y plural en términos de especialidades, rostros, experiencias, trayectorias, edades, y, por supuesto género, compartiendo todos eso sí convicciones democráticas.
Realidad que provoca una discusión interna muy rica, especialmente cuando de análisis político se trata. De ahí esta iniciativa de volcar hacia fuera nuestro debate interno, a través de artículos que saldrán por esta vía de lunes a viernes, sobre temas y preocupaciones del IDL, aunque no necesariamente expresen una posición institucional, reservada solo para determinadas ocasiones, previa advertencia. Participan de esta primera intensa experiencia de análisis político: Wilfredo Ardito, Carlos Basombrío, Gino Costa, Ernesto de la Jara, Gustavo Gorriti, Hans Landolt, David Lovatón, Sofía Macher, Glatzer Tuesta y Susana Villarán.
|
|