Investigación
 Reportes
 Actualidad
 Entrevistas
 Cultural
 Columnas
 Economía
 Sociedad
 Boca Floja
 Multimedia
 
 Archivo
 Servicios
 Interactiva
 Especiales
 La Agencia

 

 Columnas  
24 de noviembre del 2004
Reflexiones peruanas

Rituales étnicos de apareamiento

Escribe Wilfredo Ardito Vega

muchos extranjeros que visitan Lima, les puede sorprender que, pese a la atmósfera pluriétnica y pluricultural que se aprecia en sus calles, puedan funcionar locales racistas, donde sólo se permite el ingreso a los peruanos y extranjeros blancos. En sucesivas ocasiones, visitantes mexicanos, bolivianos o haitianos han sido maltratados por estos establecimientos, que parecieran haberse quedado en la Sudáfrica del apartheid.

Según la lógica de mercado, fría y neoliberal, en que el poder adquisitivo determina dónde se come, se bebe o se baila, dichos locales deberían haber cerrado hace mucho tiempo. De hecho, la mayor transformación de la sociedad peruana en las últimas décadas es el surgimiento de sectores de clase media y alta de rasgos mestizos o andinos, que muchas veces residen en Lima y las principales ciudades de la costa. Un vendedor de celulares, electrodomésticos o ropa que seleccionara a sus clientes de manera racial, no tendría mayor éxito.

Sin embargo, acá no estamos ante la lógica de mercado, sino la de atender a un nicho de mercado, cargado de prejuicios, normalmente reforzados dentro del hogar. Una señora me confesó hace poco: “Yo haría lo imposible para evitar que mi hija se casara con un cholo. La haría sufrir”. Ella no es precisamente blanca, pero espera que, si su hija sigue estudiando en un colegio alemán, pueda conocer a un prospecto conveniente.

A pesar de los cambios económicos, sociales y culturales que ha vivido el Perú, persisten muchos estereotipos raciales en los procesos de socialización, especialmente la selección de pareja. Los peruanos pobres y ricos, blancos e indígenas, coinciden en un criterio estético por el cual las personas blancas son más guapas. El cholo o negro podrá ser inteligente, rico o poderoso, pero difícilmente sus rasgos físicos son considerados adecuados.

Evidentemente, es paradójico que rasgos físicos minoritarios sean considerados un modelo para un país como el Perú. Sin embargo, para muchos jóvenes de rasgos europeos, la sola idea de que su enamorado o enamorada tenga rasgos andinos, mestizos o negros, implicaría enfrentar un terrible conflicto familiar. Problemas similares han relatado jóvenes mestizos o andinos, señalando que sus padres desean que su pareja sea blanca.

Empleando categorías antropológicas, los locales racistas que funcionan en Miraflores, San Isidro o Surco sirven de espacio para un ritual étnico de apareamiento, entre otras funciones. Hace cincuenta años, dicho espacio eran los salones de las mansiones más elegantes, ahora convertidas en ONGs, academia o sedes de organismos internacionales. Actualmente, los prejuicios raciales permiten lucrar a algunos empresarios, quienes ofrecen proteger a su clientela de los rasgos físicos del 95% de sus compatriotas. Los mencionados establecimientos prefieren no ser demasiado públicos y evitan anunciarse en revistas o periódicos. Muchas veces ni siquiera tienen rótulo en la entrada y solamente es posible conocerlos ingresando a una página web www.lima2night.com.

Los dueños de los locales racistas saben que, cuando abren sus puertas a todo el que puede pagar su entrada, sus clientes tradicionales consideran que el local “se ha maleado” y migran en búsqueda de un nuevo establecimiento… y suelen tener otro disponible para amparar a los nómadas en búsqueda de un nuevo territorio étnicamente puro.

Actualmente, la discoteca Aura, ubicada en el centro de entretenimiento Larcomar, es el primer establecimiento limeño en ser procesado por el Indecopi, debido a las prácticas de discriminación racial a su personal. Las multas a tres locales cusqueños, Mama Africa, Ukukus y Pub Spoon, en los últimos meses han demostrado que este organismo está preocupado por superar los seis años de inercia, dado que la Ley 27049, que desde 1998 prohíbe la discriminación racial de los clientes, hasta la fecha había sido vulnerada con total impunidad

El propio centro Larcomar, se ha visto obligado a pronunciarse respaldando a quienes luchan contra el racismo. Sin embargo, en los medios de comunicación peruanos ha sido denunciado intensamente el caso de Selva Chirif, una animadora de fiestas infantiles de Larcomar, que fue despedida al día siguiente de haber sido vista con los integrantes de la campaña “Basta de Racismo” entregando una carta de protesta a Aura y los otros locales segregacionistas del centro de esparcimiento.

Hace unos días, Gerardo Arce, estudiante de literatura, se vio objeto de un maltrato similar: mientras decenas de personas ingresaban a Larcomar, solamente a él los vigilantes lo detuvieron y le exigieron que mostrara sus documentos y el contenido de su maletín. En ese momento, Arce era la única persona de rasgos mestizos que ingresaba… y los rasgos físicos de los vigilantes eran similares a los suyos. “Yo quiero una sociedad donde esto no le pase a nadie y un país donde mis hijos y nietos no sufran por estos abusos”. Felizmente, para el Perú, cada vez más gente piensa de esta forma.

 
    Más en Columnas

  Buscador
  Especiales
 Interactiva
FORO
ENCUESTAS

Derechos Reservados © 2006 / agenciaperu.com / Lima - Perú