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16 de septiembre del 2004
Desde la Matrix Judicial

Crisis institucional en Indecopi

Escribe Fernando O' Phelan

astón ha cruzado la Avenida Javier Prado, camina hacia la calle que da a la puerta de Indecopi, mira hacia adelante y se pregunta por el hilo conductor que asemeja y separa, ambas cosas a la vez, la crisis judicial con la crisis de INDECOPI. Gastón creía que la función jurisdiccional en el Perú, solo te hace imaginar a esos jueces que salen de entre las calles Aljovín y Cuadros o los que circulan por la Avenida Abancay. No se percataba que hay un grupo de peruanos que discretamente ejerce un mismo tipo de poder pero desde organismos diseñados para una justicia administrativa más eficiente.

Para Indecopi, la agenda económica del Perú estaba marcada en el 2004 por la Reforma del Estado, las negociaciones del Tratado de Libre Comercio y la mejora de la competitividad empresarial. La idea era mejorar esa competitividad generando reglas claras de juego y “fiscalizando las prácticas contrarias a los principios del mercado”. Ese escenario está muy lejos de la realidad luego de Camisea y la crisis de gobernabilidad.

Gastón conoció muy bien a Beatriz Boza, y sabía que su fuerza para construir institucionalidad en el Perú iba de la mano con una versión ideológica del libre mercado que la obligó a asumir retos y crear cuadros técnicos que mucha gente extraña hoy en día.

Indecopi todavía cree que puede fortalecer su rol como árbitro del mercado, que puede incrementar su presencia en temas como la protección al consumidor y la libre competencia y consolidar su posición de líder en la lucha contra la adulteración, falsificación y piratería. Veremos que ya no es así.

Hay dos maneras de mirar a Indecopi, como el espacio para los programas de reestructuración de empresas privadas y como espacio para decidir sobre los conflictos de la libre competencia, incluido aquí la protección de derechos intelectuales y marcas.

La idea es que en el caso de la reestructuración la empresa no se salga del mercado, pero en la práctica el sistema se ha vuelto lento, favorece en exceso al deudor y perjudica al acreedor que no tiene poder. Es tal el poder de Indecopi que si cita a una empresa y la declara en insolvencia, los procesos de ejecución de garantía en el ámbito judicial quedan suspendidos: el reconocimiento de un crédito dura de seis meses a un año para un acreedor, luego que ya se alista un acuerdo global de reestructuración pude pasar otro año más, pues las convocatorias a junta de acreedores pueden tomar varios meses. Es curioso que incluso el deudor puede para la ejecución de una garantía que ya esta a punto de remate apelando a un proceso preventivo. No hay nada que haga que un deudor criollo y free rider promueva con malicia su propio proceso preventivo.

En Indecopi se habían propuesto fortalecer los cuadros técnicos, revisar el sistema de costos, mejorar los sistemas informáticos, continuar la cruzada antipiratería, reforzar acciones en protección al consumidor, reforzar el marco normativo de la libre competencia, mejorar las alianzas con la policía, el ministerio público, los jueces y la aduana

Pensando en el prestigio de antes, que hace recordar los tiempos de oro de Cofide, querían asumir el liderazgo en todos los grupos de trabajo y negociaciones en que participaban, querían un rol protagónico en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio, en fin, marcar las pautas. ¿Logró cumplir estas metas y deseos?

Todo indica que la crisis del Estado ha afectado a los órganos reguladores y a instituciones atípicas como Indecopi de árbitros se han vuelto la policía de la libre competencia. La gente, usuarios por temas de marcas, derechos intelectuales, reestructuración empresarial, concertación de precios, malas practicas comerciales se queja de la demora y la manipulación de las Secretaria técnicas

Y es que en cuanto a los temas de libre competencia y la propiedad intelectual y marcas el drama también existe. Las secretarias técnicas tienen hoy demasiado poder para evaluar y decidir sobre un caso. Esto, sin embargo, es lo menos grave pues de los casos recientes se ha observado un cambio de posición menos neoliberal y más controlista, más protector del débil, lo que distorsiona el juego del mercado.

Gastón no tenía ni idea que la lógica de sueldos diferenciados también se está extendiendo a lo que hasta hace poco era el templo de tecnicismo eficiente. Allí solo los Jefes ganan muy bien y los funcionarios ganan cuatro veces menos. Los practicantes hacen tarea de asistentes y solo pueden permanecer un año. Eso podría ser positivo porque al año los despiden y así no tienen expectativa de quedarse porque simplemente no hay plazas. Pero también significa perder una persona entrenada en el trabajo y eso es complicado porque constantemente está ingresando gente nueva.

Hoy Indecopi es una institución con muy poco presupuesto y muchas responsabilidades, por ello no puede hacer bien sus labores. Hoy los usuarios dependen del azar, si le toca un funcionario que se pone la camiseta de la responsabilidad no hay problema. De lo contrario, el riesgo de la politización o costos ocultos de la decisión aparece tan igual como en el caso del Poder Judicial. El tema no es el dinero que maneja la institución sino su política institucional, la de Indecopi está deslegitimando la economía de mercado.

fernandoophelan@yahoo.com.mx

 
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