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LA PRUEBA
(La Prueba / Perú, Cuba, Argentina 2006)
De: Judith Vélez.
Con: Jimena Lindo, Gianfranco Brero, Pietro Sibille, Leonardo Torres Vilar, Kathy Serrano, Sergio Paris. |
La Prueba
Escribe Paco Pulido Spelucin (*)
egún declaraciones de Judith Vélez, directora del filme La Prueba, la técnica y la naturaleza de este film sorprendieron al público canadiense en el festival de Montreal. Lamentablemente, esto no es lo único que debe de tener una película para ser “buena”. Además, la falta de elementos sorpresa goza por su ausencia, a excepción del final.
La Prueba contiene personajes planos que, gracias a las formidables actuaciones, logran una mezcla equitativa. La fotografía en exteriores e interiores está muy bien cuidada. La música no estuvo al alcance de las escenas. En resumen, la película posee una dirección delicada, sosegada, abundante en paneos y planos generales (describiendo repetitivamente una y otra vez el lugar) del Valle del Colca (Arequipa), lugar en donde fue rodada la cinta.
La historia narra a Miranda (Jimena Lindo), una joven que decide hacer un viaje a un pueblo pequeño en Arequipa en busca de su padre, prófugo de la justicia, hace trece años. El objetivo principal es traer a su papá a Lima para que pueda ayudar a su hermano que necesita un transplante de médula.
Judith Vélez, la directora, ha trabajado como asistente de dirección y ha realizado documentales. Vélez quiere encontrar un término medio en cuanto a diálogos e imágenes pero el estilo documental, mostrando al espectador ritos en la serranía para que llueva, distrae al espectador, de la historia central, la cual no es tan fuerte como para optar por desviarse con dichos rituales.
La problemática de la sequía, contiene elementos interesantes pero no llena los huecos (me refiero específicamente a la carencia de situaciones críticas importantes) que debería de llenar al seguir viendo a la protagonista Miranda sufriendo por su hermano, ya que distrae y se aparta mucho de la historia.
La fotografía es impresionante. Las escenas filmadas en el exterior inundan la sala de cine con ese amarillo del desierto, con ese tono de color que refleja la sequía no sólo en la tierra sino también en el alma de Miranda. Los colores en los interiores son perfectos, quizás pueda llegar a ser un defecto, por ejemplo, en la casa del papá de Miranda la cual se supone es una humilde casa en un pueblo muy alejado de Arequipa.
Miranda (Jimena Lindo), es una mujer que sufre desde el inicio de la película. El dolor lo lleva en los ojos, su actitud no cambia mucho pero es muy convincente. Saúl (Pietro Sibille), el ingeniero que acompaña a Miranda en el viaje, es el estereotipo del típico arequipeño resentido de los limeños, además de todo, con toques de filósofo (al momento de leer y citar a José Saramago en Ensayo sobre la ceguera, libro que llevaba Miranda).
Gianfranco Brero está impecable en su actuación. Un tipo temeroso, estafador y terrible padre que abandona a sus hijos, y que luego se convierte en prófugo de la justicia. Su aparición en el filme es importante y pone un punto crítico en la historia.
Una de las escenas más chocantes, por su cambio dramático es justamente cuando aparece el papá y Miranda. Después de más de una hora de proyección, viendo paisajes y situaciones fortuitas comunes, llega una escena clave que es el encuentro entre estos personajes. Escena que no fue muy bien tratada por su fugacidad y rapidez pero que vale la pena comentarla.
La lluvia es un elemento invisible, pero su ausencia es muy simbólica en toda la película. Se asemeja a la tranquilidad que tanto busca Miranda. Obtener esa paz que se le fue arrebatada por un hecho frustrante hace trece años por culpa de su padre. La lluvia es igual de ingrata con los pobladores del Valle del Colca. Los hace cometer graves acciones y reaccionar ante todo. El final es obvio, todo regresa como siempre. Todo cambia.
La Prueba refleja una vez más, problemáticas reiterativas que posee el país. La fotografía cuidada en exceso parece haber dejado atrás el cuidado en el guión mismo. Los personajes son comunes. El documentalismo excesivo distrayendo la historia principal. Parece que el cine nacional está obsesionado con “los problemas” inherentes a nuestra cultura, dejando de lado lo más importante en una película, que la historia sea universal y que los elementos que la rodeen, también lo sean. |
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