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28 de septiembre del 2006
TRIBUNA
EL DIABLO SE VISTE A LA MODA .
(The Devil wears Prada / EE. UU.; 2006)
Director: David Frankel
Actores: Meryl Streep, Anne Hathaway, Stanley Tucci, Simon Baker y Emily Blunt.

El diablo viste a la moda

Escribe Paco Pulido Spelucin (*)

B


asada en el best-seller de Lauren Weisberger, El diablo viste a la moda pone al descubierto todo lo materialista y absurda que puede ser la industria de la moda en los círculos más exclusivo de diseñadores de Manhattan.

Lauren, la escritora de la novela, fue asistente de la jefa de edición de la revista Vogue. Por esta razón la película tiene este peculiar punto de vista. ¿Venganza contra su antigua jefa? Quién sabe. Lo que sí es cierto es que el mundo de la moda es egoísta, incipiente y extravagante.

Andrea Sachs (Anne Hathaway), es una periodista recién egresada de la universidad que viaja a Nueva York para cumplir su sueño de trabajar en un medio importante, pero al no encontrar ningún puesto de redactora, le ofrecen trabajar en Runway, una de las revistas de moda más prestigiosas, como asistente de la editora Miranda Priestly (Meryl Streep), una mujer despiadada y exigente.

David Frankel es el director de El diablo viste a la moda, esta cinta de “comedia” con anti-cambios (monótonas situaciones). Realizador también de la serie Sex and the City, se muestra dinámico en algunas escenas, excesivo con canciones que sobre adornan la historia y mantiene un guión sin hechos críticos respetables.

El personaje de Andrea o Andy (Hathaway) es inocente al principio, luego se convierte en todo lo opuesto y al final, regresa a su inocencia pero ahora más “madura”. En cambio Nigel (Stanley Tucci) como el director de arte de la revista, es más preciso, seguro, fiel a sus metas. Y Emily  (Emily Blunt) es perfecta, estilizada, delgada y alta como una modelo pero que sólo se contenta con parecerlo.

Meryl Streep mantiene una distanciada y sosegada actuación. Perfecta y estilizada como Miranda Priestly, el personaje que caracteriza. Con tan solo tres palabras pronunciadas con desprecio (“eso es todo”), la odiamos y la detestamos. Su presencia y su figura son inigualables. Meryl realza la película y le da un tono mucho más respetable que cualquier otro personaje.

Ahora, esta película resulta un poco inverosímil partiendo desde el hecho de que Andy, siendo periodista recién egresada, postula para un trabajo de asistente de editor de modas que no tiene absolutamente nada que ver con su carrera. ¿Para hacer contactos? Eso es una excusa un poco forzada.

Lo curioso es que toda esta transformación que sufre Andy, tanto exterior como en su interior, se da en Nueva York. El cambio, el punto crítico de Andy con respecto a su personalidad se da fuera de Nueva York, se da en la capital de la moda, Paris. Quizás Manhattan tenga todo lo que un ser humano pueda tener pero con un costo altísimo de desinhibición de valores y respeto. Quizás París tenga el sentimiento y la vida que todo americano busca en Nueva York.

Un dato extra. Mario Testino, el reconocido y prestigioso fotógrafo peruano que ha trabajado con personajes importantes del mundo como la princesa Diana, también es nombrado por Miranda, la jefe de edición de la revista Runway, para que trabaje la foto-portada, dando un comentario halagador al conocido Testino.

 
   
 
   
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