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30 de agosto del 2007
Reflexiones peruanas

Pisco y San Clemente, 60 días antes

Escribe Wilfredo Ardito Vega (*)

L


a noche del 15 de junio llegué a Pisco.  Me habían recomendado alojarme en el Hotel Embassy, pero encontré en internet un albergue más sencillo y económico, dirigido sobre todo a turistas extranjeros. Estaba en una calle solitaria a una cuadra del cementerio, frente al cual había unos muchachos aparentemente esperando a algún amigo. 

El pequeño restaurante del albergue estaba cerrado, pero el vigilante me dijo que podría comer en la Plaza de Armas.

-Mejor espere un mototaxi  –me recomendó–.  Es peligroso caminar de noche por acá.

Finalmente, como no pasaba ningún vehículo, me entregó un planito de la ciudad en inglés y me mostró la ruta.  Me advirtió que evitara el cementerio, porque los chicos que había visto eran pandilleros.

En el trayecto encontré a varias personas conversando fuera de sus casas, como si fuera una noche de verano.  Algunos me miraban con sobresalto, como sucede en lugares anteriormente tranquilos frente a los desconocidos, pero yo saludaba amablemente, para eliminar tensiones.

Al llegar a la plaza, pasé al lado del sólido edificio celeste que asemejaba una mezquita por sus azulejos y columnas: era la municipalidad, construida en los años veinte.  Pasé al lado del monumento a San Martín y llegué a la calle Progreso, donde lo único que parecía reflejar este nombre eran los modernos locales de Botica Arcángel e Inkafarma. Al lado estaba el restaurante donde terminé rápidamente una palta rellena.

Después de revisar mi correo en una cabina de internet, que encontré en una calle peatonal, regresé al hotel por el mismo camino.  El vigilante me reprendió por haberme arriesgado a volver a pie.
 
-Jamás lo volveré a hacer –declaré.

Al día siguiente muy temprano, me despertaron las voces de los turistas, que partían hacia las líneas de Nazca.  Yo debía ir a San Clemente, un distrito donde los habitantes tienen marcados rasgos andinos y algunas mujeres llevan a sus hijos en lliclla: son migrantes ayacuchanos y huancavelicanos, desplazados por la violencia y la pobreza. 

Su nueva vida no ha sido mucho mejor: en medio de la avenida principal, un pequeño monumento recordaba a los mártires de San Clemente.  Recordé al anciano Marcelino Sulca, muerto en febrero del 2002 por el impacto de una bomba lacrimógena en la cabeza.  La policía, al mando del entonces Ministro Fernando Rospigliosi, había estado arrojando estos proyectiles desde helicópteros, afectando a toda la población, para reprimir una protesta de campesinos algodoneros.    

Al lado del monumento se encontraba el colegio José Carlos Mariátegui, el principal del distrito, donde me habían pedido un taller sobre el VIH, tomando en cuenta que Ica es uno de los departamentos donde más ha impactado esta enfermedad.
 
Mientras conversaba con alumnos y profesores sobre cómo los jóvenes con baja autoestima y sin un proyecto de vida pueden desarrollar conductas autodestructivas, pensaba que era difícil lograr una autoestima equilibrada estudiando en un aula oscura, con lunas rotas, carpetas deterioradas y baños que no describo por respeto a los lectores.  Seis o siete perros correteaban por el patio de tierra y de vez en cuando entraban en la clase.
 
Los jóvenes de San Clemente eran tan pobres que aún la posibilidad estudiar en el Instituto Pedagógico de Pisco era demasiado costosa.  La frustración llevaba a algunos al alcohol, el pandillaje o a otras salidas desesperadas.  Los profesores me confiaron que una de las alumnas asistentes al taller había intentado recientemente suicidarse y que no era el primer caso. 
 
Después del almuerzo salí a comprar una botella de agua.  Pasé delante de varios bares que estaban frente al colegio y encontré una bodega, donde unos hombres embriagados bebían mientras escuchaban tecnocumbia.   La vendedora miró mi polo con curiosidad. Había entendido la inscripción en quechua Ayacucho sonkoykipi (en tu corazón).  
 
Esperé que atendiera a una anciana en polleras que compraba un paquete de velas.
 
-Mejor dos paquetes, para no tener que volver –pidió la señora.   
 
A San Clemente bajaban a hacer compras muchas personas desde poblados más apartados, sin energía eléctrica.
 
Más que en cualquier otra visita a Ica, fue en Pisco y San Clemente, donde los informes oficiales sobre pleno empleo y prosperidad me parecieron un grotesco sarcasmo. Curiosamente, en Pisco se encuentran varias exitosas empresas agroexportadoras, pero pagan sueldos tan reducidos que difícilmente podrían generar alguna inversión sostenible... como mejorar las precarias viviendas.   Por eso, el trágico saldo del terremoto no se debe tanto a la naturaleza, sino a la miseria y la ausencia del Estado.
 
A pesar de ello, el gobierno ha ignorado a las autoridades regionales y locales encargando la “reconstrucción” a empresarios cercanos a Fujimori, quienes parecen ver el desastre como una oportunidad comercial: hablan de otorgar en concesión el servicio de agua, el puerto, el aeropuerto, y la edificación de las viviendas.  Sus prioridades deberían ser mas bien consolidar el tejido social y promover una vida digna para los iqueños.   De lo contrario, la inseguridad y la pobreza serán mucho peores que antes del terremoto.   Los ayacuchanos saben muy bien lo que sucede cuando se prefiere ignorar los problemas de fondo.
 
 

 
   
 
   
Además...
 
- Mientras la improvisación y la precariedad han generado la muerte de varios niños y ancianos que no pudieron resistir el frío, al Ministro de la Producción Rafael Rey, cuya insensibilidad es ya conocida, se le ocurrió pretender usar la tragedia como una infame publicidad para el pisco. 
 
-Yauyos, Huaytará y Castrovirreyna son tres provincias en extrema pobreza de cuya existencia por fin muchos limeños están siendo conscientes, enviando importante ayuda, que parcialmente suple el abandono estatal.   Debido a dicho abandono, en muchos lugares, los propios periodistas han tenido que convertirse en agentes de ayuda humanitaria que han obtenido en sus medios de comunicación.   Los reportajes de Zoraida Portillo, Norka Peralta, Nelly Luna y Beto Ortiz han sido especialmente conmovedores. 
 
-Como un gesto humanitario RENIEC ha prorrogado la vigencia de los DNI de las zonas afectadas.  Sería conveniente que esta medida se extendiera a todos los peruanos pobres o, como aparece en el proyecto de ley presentado por la congresista Hilaria Supa, que los peruanos volviéramos a tener documentos de identidad gratuitos y vitalicios.
 
-El manifiesto deterioro de tantas zonas pobres del centro de Lima revela una vez más el condenable derroche que la Municipalidad Metropolitana practicó al destinar 13 millones de dólares para edificar unas fuentes en el Parque de la Reserva.
 
-La empresa Casapalca fue multada con 289,000 soles por Osinergmin debido a sus gravísimas infracciones a la seguridad y la salud de los trabajadores, así como por daños ambientales.
 
-Hablando de empresas sancionables, Elektra viene siendo acusada de prácticas discriminatorias al no admitir abogados como sujetos de crédito. 
 
-Felicitamos a los integrantes del COSDEJ, a la Universidad Santo Toribio de Mogrovejo y a la Corte Superior de  Lambayeque por la organización de las últimas actividades para promover que los abogados, magistrados y fiscales del norte del país se familiaricen con los instrumentos legales para erradicar la discriminación.
 
   
SALVEMOS PISCO: URGENCIA DE ORGANIZACIÓN Y PARTICIPACIÓN
  
       Antonio Peña Jumpa
 
Para salvar Pisco, y las otras ciudades afectadas, se requiere ante todo organización y participación.  
 
  1. Las autoridades oficiales deben instalarse cerca de la población afectada. Las órdenes tienen que salir de allí y no desde la Base Aérea del distrito de San Andrés (a varios kilómetros de la población), que es un lugar de difícil acceso y donde sólo es conveniente almacenar inicialmente las donaciones que hasta ahora no llegan a la población.
 
  1. Organizar a la población afectada o respaldar la organización que la propia población ha promovido, es decir el 100% de quienes viven en el centro de Pisco y un porcentaje menor de quienes viven en los alrededores. Organizar significa empadronarlos por cuadra y barrios y reconocer al menos dos delegados por cuadra. Parte de las cuadras han asumido su propia organización pero aún no tienen respuesta de las autoridades.
 
  1. Distribuir agua y alimentos a través de la organización de cuadras. Hasta ahora los pocos centros de distribución no satisfacen siquiera a la totalidad de sus familias cercanas. Esto porque se carece de personal de apoyo, de medios de transporte eficientes, y curiosamente la mayoría de la población no acude a dichos centros, porque no quiere dejar o no puede transportar sus pertenencias y vive al frente de sus viviendas. Es una población tan ocupada en su dolor y en la réplica de los temblores que requiere que le llegue el agua y los alimentos en su cuadra, bajo turnos y en un horario pre-establecido.
 
  1. Promocionar la participación de la misma población afectada para una mejor distribución de agua y alimentos y de seguridad interna. Las autoridades carecen de personal capacitado para la distribución del agua y alimentos antes comentada e incluso carece de personal policial y militar para otorgar seguridad a toda la población. El mejor personal es la propia población damnificada. Al menos dos personas por cuadra pueden ser convocadas para ayudar en el traslado de los alimentos que se les distribuya. Esta población organizada es la que puede repeler cualquier acto de desorden interno; ciertamente con el apoyo de los agentes policiales y militares.
 
  1. La población no-afectada directamente puede ayudar convenciendo y llamando la atención a las autoridades oficiales, a quienes conforman la oposición política y a los medios de prensa para que actúen seriamente frente a este gran problema. Éste no es un tema político, de ofertas políticas, sino de necesidad, de urgencia, de impacto psicológico, de organización social.
 
  1. Instalar centros de comunicación gratuita en diversos puntos de la ciudad. La mayoría de personas está incomunicada o puede quedar incomunicada porque simplemente no puede recargar las baterías de sus celulares o porque sus teléfonos fijos han colapsado. El internet no existe, y puede ser la mejor manera de hacer llegar las necesidades por escrito y en forma económica.
 
La tierra sigue temblando. En Lima también se siente, pero no se imaginan qué es estar con la psicosis de otro terremoto o maremoto sin alimentos, sin agua, sin electricidad y sin autoridades.
 
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