Abstenciones y ausencias libraron a Alva Castro de ser censurado
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Cecilia Valenzuela / agenciaperu.com
n la tarde del miércoles 10, en el Congreso de la República, una mayoría conformada por 51 legisladores apoyó la censura al ministro del Interior, Luis Alva Castro, contra 30 votos oficialistas y 10 abstenciones, pero no fue suficiente para que su permanencia en el gabinete sea formalmente desaprobada.
Los impulsores de la aplicación de este instrumento de control político no llegaron a reunir el número de adhesiones reglamentario, por lo que el ministro que anuló las licitaciones de patrulleros y pertrechos se salvó y no se considera formalmente censurado.
En el resultado tuvieron fundamental implicancia la inhibición de diez miembros de la bancada fujimorista, y la ausencia de casi la cuarta parte de la Representación Nacional.
Ocho congresistas faltaron sin explicación alguna: cuatro se reportaron enfermos y otros cuatro estaban con licencia. Entre ellos, estuvo Álvaro Gutiérrez, uno de los principales detractores de la compra de las bombas lacrimógenas.
Si el ministro Alva Castro tuviera un poco de vergüenza debería renunciar, por dos razones. Primero, él sabe que la votación en el Congreso refleja el sentir de la opinión pública, y segundo, sabe muy bien las gestiones de sus compañeros para salvarlo.
Los apristas se han movido para hacer que unos parlamentarios se vayan de viaje, que otros falten, que otros se abstengan y que, finalmente, no todos pero sí algunos de los que se reportaron enfermos, no padezcan en realidad de otro mal que el del rabo de paja.
El ministro del Interior debe tener e imponer autoridad. Un ministro vapuleado y con flotador en lugar de fajín, no se impone ante nadie. Entre tanto la seguridad interna sigue a la deriva. |