CINE / ENTREVISTAS  
Cineasta peruano radicado en Alemania, Miguel Barreda estrenará en los próximos meses su cinta “Y si te vi, no me acuerdo”, coproducción peruano alemana donde actúan Marisol Palacios y Miguel Iza. Conversamos con él durante su estadía en Perú.

Entrevista por Kathy Serrano

 
¿Cómo surge la historia de Y si te ví no me acuerdo?
La historia empieza con viajes por la carretera Panamericana. Desde niño veníamos de vacaciones a Lima y casi siempre era por carretera. Me gustaban mucho salir de Arequipa , cruzar el desierto, y pararse en todos esos pueblitos que eran casi como un universo aparte. Aprovechaba el tiempo para reflexionar sobre mí mismo, sobre mi familia y lo que quería ser de grande. Muchos años después, al volver a esta carretera, me dije: “Aquí tiene que pasar algo, esto es un road movie -este fue el primer impulso- aquí se tienen que encontrar los personajes”.
Luego ideé el protagonista: un peruano que ha vivido mucho tiempo en el extranjero, regresa al Perú a cobrar una herencia y a establecerse. Pero desde que baja del avión, todo le sale mal. Él tiene que enfrentarse a cada obstáculo que se le presenta. Decide si lucha por quedarse, si realmente quiere quedarse con todas sus ganas, o si reniega y regresa.
El segundo personaje que surgió fue el de una mujer que detesta al país porque sólo conoce lo malo y feo del Perú, por lo que quiere irse a Argentina.
Él viene con la ilusión de reencontrase con un país que ya no existe. Ella tiene la ilusión de algo que no conoce. Esas ilusiones encontradas se chocan en el camino: coinciden en la carretera.
El tercer personaje es tangencial. Aquel que mete en problemas a los protagonistas y los resuelve cuando ellos menos lo esperan. Fue el personaje que más me costo desarrollar porque siempre le faltó un objetivo preciso. Al principio, era un surfer que viajaba por la carretera buscando su playa ideal. Esta idea era muy abstracta. Felizmente encontramos un objetivo y una definición mejor : arqueólogo aventurero con un objetivo preciso que tiene que ver con fenómenos sobrenaturales. Es el extranjero que se mete a investigar lo que estos dos peruanos no conocen.

¿Cómo fue el rodaje?
Como todos los rodajes: una experiencia dura, difícil, con mucho trabajo y mucho estrés. Pero para mí fue también, una experiencia muy gratificante, porque en Alemania no he filmado largometrajes, pero si cortos y medios. Lo que allá (en Alemania) a veces sentía es que, desde el punto de vista técnico, aunque tienen mucha experiencia y conocimientos, a veces hay limitaciones o sienten un prejuicio hacia la improvisación. En producciones profesionales improvisar es casi imposible, porque te lo impide el seguro o el productor. Aquí es una actitud completamente distinta, porque lo que importa es que hay que hacer las cosas y cumplir con el horario, con el plan. Se improvisa cada tres pasos.

Marisol Palacio y Miguel Iza, en una escena de Y si te vi, no me acuerdo.

¿En qué se diferencia el trabajo de los actores en Perú y Alemania?
Los actores profesionales alemanes vienen con una formación muy fuerte en teatro clásico y en teatro moderno. Todos tienen un currículo espectacular, son gente que sale de la escuela de teatro Con muchos de ellos puedes trabajar de una manera muy técnica, basta con una reunión para definir un personaje y luego el actor trabaja por su cuenta. Aquí, como no hay esa formación tan estricta, tan rígida, muchos actores aprenden de otra manera. No han estado en una escuela de teatro, ellos han aprendido en institutos por cuenta propia o improvisando. Entonces hay que recurrir a muchos métodos para trabajar con cada actor . En Alemania uno puede estar seguro que todos los actores entienden los mismos códigos técnicos; en cambio aquí, con cada actor, hay que hacer un trabajo diferente.
Con los protagonistas tuvimos la suerte de tener un mes sólo para ensayar. Esa fue la mejor experiencia que he tenido porque, para empezar, ellos me arreglaron el guión sobre todo los diálogos y un par de escenas, que al verlas ensayadas me dije “¿Cómo es posible que haya escrito algo así?... Eso no sirve”. Entonces, entre los tres comenzamos a recrear escenas completas que estaban con muchas deficiencias, y pulimos todos los diálogos. Para mí, como director fue todo un reto, ya que tuve que encontrar la manera de trabajar con cada tipo de actor o actriz.

¿Estás contento con los resultados?
Si. La película ha tenido una buena acogida en Alemania y en algunos festivales. Tengo la sensación que la película le gusta mucho al público, aunque no tanto a los entendidos. Una satisfacción fue el Premio del Público que recibimos en un festival de Quito.

Tienes muchos años viviendo en Alemania. ¿Cómo ves el cine peruano en estos momentos?
En realidad, no sé si se puede hablar de un “cine peruano” pues, debido a que la producción es escasa y discontinua, no se puede decir que exista un estilo uniforme. Prácticamente cada película tiene características de ópera prima. Hay excepciones, como los maestros que comenzaron a trabajar en los años 70.
Además creo que, por un lado, existen deficiencias en la producción, pues los cineastas no poseen el respaldo de una industria. Puedes ver que un cineasta hace una película, y la siguiente se realiza 5 ó 6 años después. En ese tiempo, el cine, a nivel internacional, el lenguaje ha cambiado mucho.
Esa discontinuidad es la que hace que no se forje un estilo. Tú puedes ver de un mismo director películas muy distintas, pero no porque esté experimentando sino porque no hay un estilo definido.

¿A qué se debe que muchas películas llegan a la cartelera y no funcionan?
Una razón podrían ser las deficiencias económicas que se pueden traducir en deficiencias técnicas, pero creo que eso cada vez es menos excusa, gracias al video digital. Se pueden hacer trabajos muy decentes con un costo muy reducido. En cierto momento yo he notado en el cine peruano una tendencia a apoyarse en esas deficiencias económicas para usarlas como pretexto, como explicación de que este no funciona.
En otros países, de características ó estructuras económicas similares, como Afganistán, uno ve su cine y se pregunta cómo es posible que haya películas afganas que ganan premios en grandes festivales. Entonces creo que hay otra cosa que se debe tener muy en cuenta: los temas y las historias. ¿Qué cuentan las películas que se hacen en el Perú? ¿A quién van dirigidas? ¿En qué perspectiva cuentan las historias?

¿Crees que hay una falta de riesgo creativo en algunos directores a la hora de escoger sus historias?
Creo que tiene que ver con la necesidad, a veces, de quedar bien con la gente que está financiando. Algunas otras se toman decisiones pensando “esta película va a ser un éxito porque le estoy poniendo determinados elementos: el actor de moda etc..”. Eso frena mucho.

¿A cuál de los cineastas peruanos admiras?
Más que a los cineastas , y es lo mismo con los clásicos, admiro películas. Hay directores a los que admiro muchísimo, como Billy Wilder, pero hay películas que ya no me gustan. En el cine peruano hay películas que admiro mucho y que me gustan mucho, como “Caídos del Cielo”. Me gustó por la propuesta, por la línea narrativa, observé algunos defectos, que son más cuestión de puesta en escena, sin embargo, me capturó la intensidad de las historias y personajes. Un ejemplo más reciente es “Días de Santiago”, de Josué Méndez, que me parece que es lo mejor que he visto aquí en el Perú en los últimos 15 años.

   
   
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