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Llevar adelante un proyecto cultural no es cosa fácil. Especialmente si con éste se quiere difundir películas que no tienen cabida en el sistema comercial de cines, cuyos programadores valoran más el éxito de taquilla que la calidad de las mismas.
Frente a esto, desde hace casi dos décadas existe el Cinematógrafo de Barranco, una sala alternativa que se mantiene a pesar de lo difícil que resulta sostener instituciones culturales en un país como el nuestro, sin leyes que beneficien a este tipo de actividades.
El Cinematógrafo es operado por la Asociación Cultural 101 Cine Arte, constituida en 1987 gracias a la iniciativa de Mario Rivas y Sonia Arispe, una pareja de aficionados al séptimo arte que acondicionó una casona barranquina para exhibir películas que poco tienen que ver con la cartelera comercial de cine.
Esta vez asistimos a sus instalaciones no como espectadores, sino para conversar con Mario Rivas, quien nos comentó cómo la constante lucha por mantener la sala se ve compensada por la satisfacción de difundir y promover el cinema de calidad.
El Cinematógrafo no recibe apoyo de ninguna empresa, institución o asociación, por lo cual los costos de mantenimiento del espacio y los equipos de producción se cubren gracias a la asistencia de los espectadores.
“No tenemos apoyo de nadie. Básicamente, la operación de la sala se financia a través de nuestros fieles asistentes. Tenemos un programa de voluntariado que funciona muy bien, es algo nuevo que ha traído nuestro programador”, nos dice Mario, animado por esta nueva estrategia.
Gracias a este programa de voluntarios han podido llegar a espacios a los que no tenían acceso, como los conos de la ciudad de Lima y las universidades. La difusión de la programación se realiza básicamente a través de la página web, el correo electrónico, grupos virtuales, afiches y volantes.
Mario es un agudo crítico de la política cultural del Estado, pues a pesar de estar vinculados al Instituto Nacional de Cultura (INC), que les da la autorización para funcionar, considera que este organismo no puede influir mucho en las decisiones estatales.
Para él, “el INC tiene serias limitaciones para operar porque la educación y la cultura, que son temas fundamentales para nuestro país, son decisiones políticas que tienen que tomarse al más alto nivel. Es algo que debería ser asumido por el Consejo de Ministros y dar todas las facilidades y los recursos necesarios para el desarrollo de este tipo de actividades”.
Por eso, subraya la importancia de implementar un Ministerio de Cultura, porque el Perú es un país que vive culturalmente con intensidad y el Estado no ha sido capaz de articular ningún tipo de discurso cultural que promueva la actividad artística.
PROGRACIÓN SUI GENERIS
Por el Cinematógrafo han pasado películas de las más variadas tendencias, organizadas en ciclos que pueden estar divididos por autor o por temática.
“La idea es tener una programación un poco ecléctica, que estén representadas varias líneas que nos interesa que existan. Cuando hay un material que consideramos interesante, lo apoyamos con campañas de prensa, a través de la web o sacando artículos”, nos explica mientras observa un papel con el cronograma de filmes para este mes.
Una de las líneas más importantes que se incluye en la programación es el cine peruano. El Cinematógrafo se ha convertido en una de las pocas salas de la ciudad, y del país, que exhibe películas nacionales, aunque muchas de éstas no llegan a la cartelera comercial, marginadas por el tipo de formato o porque no hay espectadores.
Filmes peruanos como “Días de Santiago”, “El Caudillo Pardo”, “Razones para el Exxxilio” y “El Estado de Miedo”, abarrotaron la sala de proyección y las 89 butacas parecían no ser suficientes.
Otra línea son las películas extranjeras, y los todos los martes se proyectan documentales, nacionales y foráneos, “un espacio que no explota nadie”.
“Luego tenemos, mucho más espaciado, musicalización de películas mudas, que es algo sui generis en Perú”, sostiene Mario, recordando el reciente éxito de El Camarógrafo de Búster Keaton, un clásico del cine mudo al que José Luis Madueño, al piano, puso sonido en vivo.
El Cinematógrafo no se limita a la difusión de la actividad cinematográfica, sino que combina ésta con la creación musical, a través de ciclos de conciertos de jazz
RIESGOS Y PROYECTOS
A pesar de lo complicado y trabajoso que resulta mantener al Cinematógrafo caminando, éste nunca cerró sus puertas durante los 18 años que tiene de funcionamiento.
Sin embargo, hace algunos meses, estuvo circulando una carta por internet que alertaba sobre el inminente cierre de la sala debido a problemas de financiamiento. Aquel SOS fue enviado quizás por algún aficionado que, preocupado por el poco apoyo que recibe la sala, intentó sensibilizar a quienes siempre han estado interesados en las actividades que realiza.
Mario nos explica que no conoce el origen de dicha carta, pues ellos nunca autorizaron ese tipo de comunicación. Agrega que las dificultades para continuar con un proyecto de esta naturaleza son compartidas también por quienes intentan difundir otros tipos de expresión cultural: “En SOS no solamente podría estar el Cinematógrafo, sino todo el sistema cultural: el teatro, la danza, la música, una Orquesta Sinfónica para un país de 26 millones de habitantes. Recién tenemos Biblioteca Nacional nueva en el año 2006”.
No obstante, se muestra satisfecho y optimista respecto del trabajo que realiza la comunidad del Cinematógrafo, e incluso tiene planeado algunos proyectos a futuro, como continuar con los ciclos de jazz y ofrecer a su público algunas sorpresas.
“En el transcurso del año, esperamos invitar a algún director extranjero a que presente sus películas personalmente en el país. No quiero anunciar quién es, vamos a esperar poder concretarlo para dar a conocer a un director que acá es poco conocido pero que tiene mucho talento”, nos anuncia, dejando la identidad del cineasta para el misterio.
En definitiva, hay Cinematógrafo para rato, y quienes no lo conocían tal vez deberían acudir a alguna de las funciones que hay todos los días, como una forma de experimentar una manifestación cultural tan importante como la cinematografía, y enriquecerse íntimamente a través de ella. |