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Mario Bellatin (Ciudad de México; 1960) es miembro del Sistema Nacional Creadores de Arte de México y director de la Escuela Dinámica de Escritores de ese mismo país. Ha sido galardonado con el Premio Xavier Villaurrutia 2002; y el Premio Medicis al mejor libro extranjero publicado en Francia en 2000. Entre sus libros destacan: La escuela del dolor humano (2002); Flores. (2001); Shiki Nagaoka: una nariz de ficción (2001); El jardín de la señora Murakami (2000); Salón de belleza (2000); Canon perpetuo (1999).

Entrevista Roxana Chirinos / agenciaperu.com

 

¿Podrías contarnos algo de tu infancia?
Acabo de publicar un pequeño libro, Underwood portátil modelo 1915, que hace alusión a mi primera máquina de escribir, con la que a la edad de diez años redacté mi primer texto. Se trataba de un asunto relacionado con perros, que fue rechazado por todos a mí alrededor. Tengo la sensación, a partir de aquel suceso, de que todo lo escrito hasta ahora está circunscrito al imaginario de un niño de diez años de edad.

¿Había cuentos e historias que te gustaban oír?
En mi familia solamente mi abuela paterna estaba dispuesta a contar historias. Pero para nada eran cuentos o historias de ficción sino, al contrario, se trataba de sucesos reales que muchas veces aludían al lado más sórdido del género humano.

¿Empezó ahí tu acercamiento hacia la literatura?
Puede que sí, como una continuación de las realidades paralelas, bizarras y muchas veces inexistentes que mi abuela en las tardes solía narrar.

¿Cómo te diste cuenta que era inevitable ser escritor?
Cuando empezaba, cada vez que tenía una máquina de escribir delante, a copiar interminables páginas del directorio telefónico o de los Atalayas y Despertad que la misma abuela dejaba acumular en el recibidor de su casa.

¿Qué significó el Boom literario latinoamericano?
Saber que la escritura era capaz de ser algo más que tema de tertulias ñoñas, aunque en la práctica, en la realidad real, la literatura sigue siendo material de lo mismo.

¿Hubo algún autor en especial de lo Real Maravilloso que te interesara?
Me gustó mucho García Márquez, no sé si incluir a Rulfo o a Carpentier en ese rubro. En realidad no sé qué significa realmente realismo mágico, pero los autores mencionados me gustan mucho.

¿Y Cortázar?
Cortázar ha venido a ser una especie de niño cantor de Viena latinoamericano. Desde que tengo uso de razón literaria hasta ahora, cuando hago las entrevistas de ingreso para la escuela dinámica de escritores, constato que es el autor preferido de los jóvenes de 17 a 30 años de edad. No conozco a otro autor que haya mantenido tan inalterable una trayectoria.

¿Qué es lo que más lees?
Antes sólo leía novelas. Ahora creo que más ensayos, místicos sobre todo. Y continúo además con la práctica de buscar en otras artes hacer una lectura semejante a la que realizo con la literatura.

Hablando de tus novelas ¿por qué son tan pequeñitas?
No creo que sean pequeñas, o sí, no lo sé. Puede ser que nunca piense en los libros como tal, aparecen como meros accidentes, sino sólo en la escritura.

La forma para ti es muy importante, ¿cómo la trabajas?
La forma se vuelve fundamental en el sentido que me da la impresión de hacer ‘transmitible’ esa escritura, ese interés sólo por la palabra, que mencioné. La trabajo una vez que el material ha aparecido y tengo el reto de formar diversos cuerpos, distintas estructuras, con eso que está allí.

¿Cuál es tu papel de escritor frente al texto?
Ser su lector. Tarea casi imposible de alcanzar.

En una entrevista hablas que odias la escritura. ¿La odias?
Es curioso cómo algo como la escritura puede contener elementos tan contradictorios en sí misma. No sé si la odio o la amo. Está, creo, más allá de categorizaciones de ese tipo. Lo que dije era que odiaba narrar, no que odiaba escribir, aunque pensándolo bien puede que el odio sea generalizado.

Tienes un lenguaje muy riguroso y sobrio. ¿Por qué?
Quizá se deba a que trato de decir precisamente lo que no escribo. Al hecho de tratar de construir un texto a partir de lo no escrito, es decir que lo único importante son los vacíos y los silencios.

Te gusta narrar o es más una necesidad en ti.
Ambas cosas están unidas y forman parte de un todo.

¿Cómo son tus procesos narrativos?
Escritura y domesticación.

Hace un tiempo recibiste el premio Xavier Villaurrutia por ‘Flores’, ¿qué significa los premios para ti?
Ese premio me encantó porque me compré un mini-cooper amarillo y negro. Con él, todas las mañanas hasta que me lo robaron, recorría a toda velocidad las calles; encima de mi premio. Fue una experiencia extraña pero creo, hasta cierto punto, placentera.

¿El cine influye en tu creación?
Del cine me ayudó mucho la labor del montaje. A veces mi estudio se convierte en una verdadera sala de edición.

¿Por qué vives en México?
Porque me da la felicidad indescriptible de vivir en una realidad centrada en la literatura.

 
 
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