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El poeta ecuatoriano Iván Carvajal (San Gabriel, 1948), ha dedicado innumerables artículos al estudio de los más destacados poetas de su país. Entre su obra poética cabe destacar: Poemas de un mal tiempo para la lírica (1980); Del Avatar (1981); Parajes (1984); Los Amantes de Sumpa (1984); Ópera (1997); Inventando a Lennon (1997) y La ofrenda del Cerezo (2000).

Entrevista Roxana Chirinos / agenciaperu.com
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Los amantes de Sumpa
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¿Se nace o se hace poeta?
En el tránsito de no hablar -en el infante, el que no habla- al hablar se juega las posibilidades de llegar a ser poeta o no. Ahí se crea la vertiente asociada al talento. Es en la adolescencia cuando, en relación con las lecturas y el aprendizaje de la escritura, se nota si se tiene madera de poeta o no. Si se tiene suerte, los libros o los maestros son la llave para abrir ese contacto. Si no, podrá perderse ese camino. En un sentido, es un cierto privilegio para el poeta, en otro, una maldición, porque tienes que vivir con ella para siempre. De la soledad nace la poesía más intensa.

Es muy fácil confundir el ser un poeta y el pretenderlo
Todos los talentos que se forman en la época de la adolescencia, si es que no se conjugan con un contexto, simplemente se frustran. Existe, también, el otro caso: el de los que no tienen talento y también se frustran.

¿Cómo nace en ti el apego por la poesía?
Nace de una relación especial con mi padre. Él era maestro de matemáticas y fanático de los cuentos, del folclore. El hecho de haber tenido libros en mi casa me fue llevando a la lectura. Otro caso fue el contacto con maestros, quienes me acercaron a los clásicos, sobre todo a la poesía medieval hispánica, a los autores del Siglo de Oro y a los clásicos de otras lenguas.

¿A que edad empiezas a escribir?
A los quince. Mi primer poema lo publiqué en el Diario de la Últimas Noticias , de Quito. Pero todo eso no es sino el inicio de un largo proceso de aprendizaje. Mis primeros poemas aparecieron en revistas de fines de los sesentas. Luego, durante una década, escribí mi primer libro, Del avatar , que concluí hacia 1978 aunque fue publicado apenas en 1981. Durante esos años casi no publiqué poemas.

¿Qué persigues con la poesía?
Nada que no sea el poema. Simplemente se trata de configurar un poema. El propósito es el poema en sí. Eso es lo fundamental. Y es semejante a lanzar un mensaje en una botella al mar. No sabes si alguien va a recogerlo algún día. Pero pones en él todo tu ser.

Del Avatar
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¿Crees que hay muchos lectores de poesía?
No, y no sé si habrá habido en alguna época. Posiblemente, en el Renacimiento. Los juglares que van de pueblo en pueblo cantando y quien los escuchaban iban entrando en ritmo del texto; o los trovadores, que iban de corte en corte. Yo mismo he escrito un libro, Inventando a Lennon , que es como un acto de celebración del juglar, que en nuestra época es el cantante de rock o de baladas, boleros, sones. Al poeta juglar se lo escucha. Pero cuando yo celebro a ese poeta, lo hago en otro registro, tal vez más intelectual o complejo.
Los poemas más complejos no tienen lectores. Hay que aprender la legua de la poesía tempranamente y cultivarla en la lectura para así poder comprender un texto.

Dicen que todo poeta debe tener su musa.
En el sentido trivial no tiene nada que ver. Esto de inspiración es una palabra imprecisa que pude traer confusiones. El poema no está dirigido en concreto a una persona, a un pueblo, a un público. Pero se escribe en el contexto de la poesía que recibes en herencia. Escribes siempre de cara a los poetas del pasado, abriendo alguna posibilidad de porvenir. Y sin embargo en esto no se busca trascendencia. Quizá la musa es el don de existir sin buscar trascendencia.

En tu poesía no tocas el tema religioso
Mi familia no es religiosa, nunca he sido creyente. Simplemente soy agnóstico, pues decir que se es ateo implica algo así como una creencia. Tanto da creer que existe Dios o no. Me fascina algo en los creyentes extremos: creen en la nada. En el Budismo, en cierto judaísmo a lo Maimónides, en corrientes del Islam, no hay imagen que represente al Dios. Lo interesante del Catolicismo es, en cambio, ver cómo asumió los ritos paganos. Se valió del culto Mariano para asimilar todas las creencias en las diosas de la fecundidad, por ejemplo. Soy respetuoso de las creencias populares, en la fe que se pueda tener en una estatua de madera. Me hubiera fascinado estudiar la historia de las religiones.

¿Y la política?
En mi poesía no hay política. Pero fui comunista. En Quito teníamos un grupo cultural político a fines de los sesenta e inicios de los setenta: el Frente Cultural. Pienso que la poesía es bastante autónoma. Marx pensaba que el arte no tiene finalidad y se sorprendía del arte griego, al que consideraba expresión de la juventud de la humanidad. Pero el arte, y por tanto la poesía, no tiene desarrollo ni maduración. Es siempre jovial.
No me arrepiento de mis convicciones políticas. Pero ahora se necesitan otras formas de pensamiento. Considero que siguen vigentes muchos aspectos del pensamiento de Marx, sobre todo tiene sentido ser anticapitalista. Pero el comunismo terminó en forma de estados totalitarios. Se convirtió en una forma de iglesia. Admiro a los que van contra la corriente, a Martí, a Zapata, al Che. El mismo Fidel, al aferrarse al poder, niega el momento admirable de la revolución.

En tu creación la idea del tiempo se repite.
El tiempo es el gran tema subyacente en la poesía. En el momento que nos confrontamos a la banalidad que rodea nuestra existencia, percibimos que el tiempo se escapa de las manos. El tiempo mítico y cíclico de los arcaicos se desvanece en la modernidad por la idea de un tiempo lineal en que se suceden el pasado, el presente y el futuro. Pero este tiempo occidental, del cronómetro, no permite aprehender la compleja apertura hacia el pasado y el futuro que trae el acontecimiento. El poema no es intemporal, sino que trae esa apertura. Nos abre a comprender la totalidad del pasado y lo incierto del futuro. Pienso en el pasado como posibilidad: lo que pudo haber sido y no lo fue. Lo entiendo como apertura de acontecimiento. Como apertura para comprender mejor los juegos del ser. Y si esto es así, en el fuego de la existencia nos trae la presencia de la muerte, de lo que ha sido! , de lo que está pereciendo, de nuestro fin. Como también del renacer, del repetirse del mundo, siempre distinto.

Tentativa y zozobra
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¿Y, el azar?
El azar no puede estar determinado por nada. Todo lo que es, es resultado de múltiples determinaciones, pero que se juntan aleatoriamente. La vida se explica por una serie de procesos químicos, pero que se hayan juntado estos en la Tierra en una época remota para dar inicio a la vida, es azaroso. Todas las catástrofes naturales lo son. Nacen y perecen especies. Nacen y perecen individuos. De ahí que sea ingenuo preguntarse por el origen o el fin de las formas del ser, de las culturas, por ejemplo.

¿Cómo ves la poesía peruana?
En Ecuador, los poetas de la generación de los 50 estuvieron marcados por Vallejo, muchas personas sabían de memoria Los Heraldos Negros . En Ecuador no hay una buena circulación de libros peruanos, es más fácil conocer la literatura colombiana, a pesar que no tiene poetas como los peruanos. Poetas como Carlos Germán Belli, Blanca Varela o Eielson no son conocidos del gran público, pero desde luego los poetas ecuatorianos conocemos bastante más de la literatura y la poesía peruana de lo que lo que los peruanos saben de nosotros. Hay poetas, como Antonio Cisneros, que son muy conocidos en Ecuador. Yo, además de Vallejo, tengo a Blanca Varela entre mis poetas preferidos.

 
 
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