No es la casa de Pueblo Libre que alguna vez fuera punto obligado de peregrinaje para todo aspirante a historietista. No, ya no. El Cuy ha cambiado de madriguera. Juan Acevedo se ha mudado a Miraflores, avenida La Paz 886. Paz, sin embargo, no es exactamente lo que uno encuentra en los jueves de 3 a 7 de la tarde en esta casa.
“Yo no quiero que me trastorne la vida”, repite Juan pero es muy tarde. En aquella casa, en aquel horario, cualquiera puede tocar el timbre y será recibido por un amable señor apellidado Acevedo que resulta ser el más grande historietista peruano y, para comprobarlo, tiene en su sótano parte del secreto de su éxito: una impresionante colección de cómics (perdón, Juan, “colección de historietas“) de todo el mundo: todos los números de “¡No!”, mangas, Astérix, el Cuy, Maus, historietas sobre la historieta, historietas de Moebius, de Rius, en español, en inglés, en alemán...
"Esta biblioteca la he ido haciendo a lo largo de mucho tiempo, son 30 años y algo más. Son de mis viajes. O de autores, cuando me las regalaron ellos mismo. No es especialmente pródiga en colecciones enteras: no es tanto el número sino la calidad. Tengo algunas historietas muy buenas y creo que vale la pena que un joven, o cualquier persona, pueda leerlas. Por eso se me ocurrió esta idea y para que no me trastorne la vida, dije: una vez a la semana, una tarde a la semana".
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| "EL CUY". Acevedo posa junto a su creación más conocida. |
La primera tentación es venir con una enorme gabardina llena de bolsillos y salir de acá repleto de tus historietas.
Jajaja. Qué interesante eso que me dices. Se trata justo de lo contrario. Mira, esto es algo muy sencillo. Es un acto muy, muy sencillo, que se me ocurrió en el último viaje, en septiembre, cuando estaba en Alemania. Estaba allá y vi que había mucha confianza entre la gente, en la calle. Cuando te acercas a preguntarle algo a un transeúnte, la persona te mira de manera natural, no teme. Eso es muy grato. En cambio aquí te acercas a alguien y se sobresalta la persona porque piensa que le vas a pedir algo o de pronto la sales asaltando.
O violando.
Puede pasar cualquier cosa. Vivimos a la defensiva, en alerta con el prójimo. Ese es uno de los motivos. Y el otro son todas las historietas que hacen los jóvenes aquí, que me las envían, que tienen la cortesía de regalármelas. A veces veo que hay mucho ánimo de querer cuestionar el orden existente, de querer expresarse más allá de los buenos modales, de querer gritar su rabia y sus angustias. Y eso está muy bien.
¿Pero...?
Sin embargo, muchas veces hay ignorancia en relación al lenguaje mismo de la historieta. O cuando se critica a otros historietistas, hay desconocimiento de la historia de la historieta. O cuando hay la pretensión -muy legítima, sobre todo en los jóvenes- de ser original y esa originalidad...
...Está repitiendo lo que se hizo hace setenta años.
Jeje. Por lo menos.
Totalmente de acuerdo. Pero en los talleres de historieta popular en Villa El Salvador sostenías que no era necesario saber dibujar para hacer historieta. ¿No te estás contradiciendo?
No, porque el abrir mi biblioteca para los jóvenes no se refiere a enseñar a dibujar, sino a conocer qué es lo que se ha hecho antes en la historieta, eso es muy saludable siempre.
Yo me refería a los nuevos talentos, a esta nueva generación que no ha podido remplazar a la tuya. Tu generación tenía un acceso a historietas de todo el mundo, de una gran riqueza; en cambio la actual si lee Superman y Dragonball se da por bien servida.
Lamentablemente el universo se ha empobrecido visualmente, en el sentido que se han perdido espacios. Uno va a un kiosko ahora y no tienes al paisaje de historietas que antes tenías. No es que éste fuera especialmente rico, pero por lo menos era más diverso. Aparte de las historietas norteamericanas -que habían caracterizado mi niñez y la de todos aquí- había historieta española, argentina, chilena.
Y de grandes creadores.
En cambio ahora para tener una historieta de Moebius o Hugo Pratt, por citar gente conocida, uno tiene que ir a una librería muy cara. Si vives en un cono tienes que hacer un viajecito para llegar a Miraflores para llegara una de estas librerías. Ante esa carencia -que yo no pienso solucionarla- decido abrir mi biblioteca para los jóvenes interesados en leer historietas. Pero no pretendo que la gente aprenda a hacer historietas.
CÓMO SOBREVIVIR HACIENDO HISTORIETA
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| "HISTORIA DE IBEROAMÉRICA DESDE LOS NIÑOS". Último trabajo de Juan Acevedo fue presentado recientemente en Madrid. |
Rrriiinnngg. Al teléfono está Lucho Peirano que le pregunta qué va a hacer por su cumpleaños. A los pocos días de la entrevista, Juan cumplió 55 años. Tal inesperado (para el entrevistador) acontecimiento deriva la conversación hacia su último trabajo: el cuarto volumen de “La historia de Iberoamérica desde los niños”, que acaba de presentar en Madrid hace unas semanas.
La edición es de lujo: el coloreado por computadora, la ambientación y el rotulado lo han hecho su equipo, que trabaja en el sótano bajo el influjo de la colección de Juan. Acevedo hace el resto: la exhaustiva investigación, el guión, los dibujos de los personajes, el boceto de la ambientación. Desde hace años, ése es el sistema de producción de sus historietas.
“A veces pienso que me sale muy caro esto de tener equipo, porque a veces tengo que estar inventando: ¿y ahora qué trabajo les doy? No quiero que se me desarme el equipo, quiero mantenerlo como conjunto humano y eso tiene un costo. A este paso no me voy a hacer rico, jejeje”, dice Juan acerca de cómo ha logrado vivir exclusivamente de su trabajo como historietista.
“Es cierto que no siempre hago la historieta que me da la gana. La historieta que me da la gana es, por ejemplo, la que recoge mi libro ‘Pobre Diablo y otros cuentos’”, dice. Y aclara: “‘La historia de Iberoamérica...’ también la hago porque me da la gana”. De hecho, le ha dado tanto la gana que van cinco años de reclusión investigando, diseñando y terminando los cuatro volúmenes que le encargó la Organización de Estados Iberoamericanos.
Para Juan, tanto la historia como la actividad loca de abrir su biblioteca al público, son una forma de combinar su obsesión por la historieta con su vocación humanista, esa simple y valiosa necesidad de aportar con lo que se pueda al desarrollo de la sociedad, de las personas:
"Es necesaria una campaña de alfabetización visual, que la gente aprenda a ver y aprenda a expresarse a través de la imagen. Que no solo sea consumidora sino también productora, no solo de imágenes, sino de historias".
Salvo una tira semanal para un suplemento de Perú 21, Juan no está publicando en medios. Como los diarios no lo llaman, él tiene su propio diario y ya está. Pero, a veces, Juan extraña el contacto con el público. Quisiera editar un libro con las aventuras de 'La Araña No', publicadas en el diario El Mundo en la década de los 90. Le encantaría, sobre todo, volver con el Cuy. Mientras tanto, el Cuy tiene su madriguera abierta. Ya lo sabe, los jueves de 3 a 7, para no trastornarse mucho.
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