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Luis Repetto estudió maestría de Museología en Ciudad de México. Actualmente es Presidente del ICOMLAC y Director del Museo Riva Agüero. Ha publicado los libros: Guía de Teatro Municipales; Inventario de Monumentos Históricos en Lima; Arte Popular del Perú, entre otros.

Entrevista Roxana Chirinos / agenciaperu.com

 

¿Qué significa patrimonio industrial?
Existe el patrimonio cultural y el patrimonio inmaterial, del espíritu. En estos últimos tiempos, la UNESCO promueve una nueva visión del patrimonio a través de la naturaleza y la producción del hombre. Desde el punto de vista de la construcción y las tecnologías, contamos cómo el hombre ha respondido a la adversidad. En el Perú existen casos desde tiempos prehispánicos. El mejor ejemplo puede ser el manejo de los andenes como respuesta a una geografía abrupta para convertirla en un espacio provechoso. En el caso del patrimonio industrial, que concretamente es una noción occidental, se inicia con la Revolución Industrial.

¿Existe en el Perú un conocimiento de nuestro Patrimonio Industrial?
El desprecio que tenemos por el Patrimonio Industrial, sobre todo acá en el Perú, se debe fundamentalmente al desconocimiento, a la baja autoestima de nuestra memoria colectiva, nuestro imaginario y la construcción de lo que somos. Pretendemos avanzar sin saber cuál ha sido nuestro proceso histórico.

¿Qué es lo más importante del patrimonio industrial?
Lo más importante tiene que ver con la valoración y responsabilidad social de las empresas y las instituciones. Si los peruanos miráramos hacia atrás, veríamos todo un proceso tecnológico. En el Perú la Revolución Industrial nace en 1850; se inicia con el alumbrado público, las fábricas textiles, y continúa con la extracción minera, la construcción de las centrales hidroeléctricas, los ingenios azucareros y la casa hacienda como institución. Todo este patrimonio significa, además, la organización social y laboral de las personas que han participado en este tipo de experiencias.
En el caso de Lima, la avenida Argentina fue diseñada para una ocupación industrial, lo mismo que Ate Vitarte. Pero no sólo las fábricas, el movimiento obrero y la lucha por las ocho horas en Vitarte son importantes, sino también las construcciones de viviendas, los barrios obreros, temas a los que no hemos prestado la debida atención.

¿Por qué no le damos el verdadero valor a nuestro pasado?
Básicamente por desconocimiento y por un problema de autoestima. No identificamos el Patrimonio Industrial como un valor cultural. Tenemos que encontrar en todos estos complejos industriales una propuesta para avanzar hacia un reconocimiento, hacia una autoafirmación y recuperación. Hay que convertir esos espacios en lugares educativos, culturales, turísticos, que generen ingresos. Hay que propiciar una apropiación social de nuestro Patrimonio, para que podamos contar con lugares recreativos, educativos y turísticos que hagan posible el desarrollo económico de nuestro país.
En el caso del Patrimonio Industrial, estamos recién ingresando. De ahí la importancia y trascendencia del IV Coloquio Internacional de Conservación y Rescate del Patrimonio Industrial, organizado en nuestro país, porque fue la primera vez que nos confrontamos a nuestra realidad. Vemos que somos un país inmensamente rico en testimonios de arqueología industrial.

Es raro no encontrar el interés de las personas que estuvieron directamente involucradas con este Patrimonio.
Eso tiene que ver con el concepto de modernidad. Con ello volvemos a la confrontación entre tradición y modernidad: ¿desconocer el pasado y apostar por lo nuevo? Sabemos que hay que concertar tradición y modernidad, hay que encontrar en los testimonios del pasado una posibilidad de generar empleo, y de conservar el patrimonio para consolidarlo. Además, debemos ser capaces de tener la madurez en nuestra memoria colectiva en relación al Patrimonio y sus manifestaciones.

¿Existen algunos casos de conservación de este Patrimonio en el país?
Hay algunos intentos. Por ejemplo la hacienda Chiclín, Pomalca y Casa Grande. Son importantes ingenios azucareros que a comienzos del siglo XX contribuyeron al desarrollo económico del Perú. Alrededor se construyeron líneas férreas para poder trasladar especialmente ese oro blanco.
Lamentablemente hay mucha gente inescrupulosa que hace negocio con nuestro Patrimonio. Cuba, por ejemplo, tiene declarado como Patrimonio Cultural de la Humanidad el Valle de los Ingenios Azucareros.
Hay que apostar teniendo un proyecto integral de recuperación. Que el Patrimonio Industrial sirva de verdaderos centros culturales, museos, viviendas. Hay mil formas.

¿Qué pasa con la responsabilidad social?
Lamentablemente nuestros funcionarios públicos son aves de paso.
Hoy más que nunca los presidentes de los directorios, los gerentes generales de las empresas públicas, y otros, quieren solamente asegurar sus puestos. Reducen su función a costo y beneficio. Si algo no sirve se destruye, porque no tienen responsabilidad social. A la responsabilidad social sólo se la pregona: es una ópera, un canto lírico.

¿Cómo nace la idea del Museo de la Electricidad?
En el año 1993, ad portas de la privatización del sector eléctrico, la gerencia general de Electro Lima me solicitó un proyecto cultural para perennizar la memoria de del sector eléctrico. La idea de ellos no era hacer un museo. Intenté hacer el proyecto ideal que se llamaba “Museo Memoria Electricidad”. Por un lado, el museo estaba constituido por tres más: el Museo de la Electricidad, de Barranco; Parque de Ciencia y Tecnología, en Yanacoto; y la recuperación de la Central Hidroeléctrica Santa Rosa, en Chosica. La memoria era el archivo histórico, fotográfico, el archivo de la palabra y el fondo cinematográfico. Todo existe en la actualidad, pero sólo se logró consolidar el Museo de la Electricidad de Barranco.
Ahora, el Museo de la Electricidad lamentablemente está atravesando una crisis por concepto de ahorro. Han suspendido las actividades desde el 8 de junio, lo cual significa que hemos dejado de alimentar a 15 mil escolares. Se ha perdido la posibilidad de despertar el interés en la ciencia y la tecnología. Electro Perú cree que esto no es su responsabilidad.

¿Cuál crees que va a ser el destino del Museo de la Electricidad?
Tengo que reconocer que no he querido liderar en el reclamo de su apertura. Las razones son mi propio compromiso con el mundo museológico y por responsabilidad profesional. Considero que después de 10 años de trabajo constante, con visitas de escolares en un 70 % de promedio, es la sociedad civil la que tiene que reclamar.

¿El Perú es un País rico en Patrimonio Industrial?
Claro que sí. En primer lugar el Perú es un país minero: La Oroya, Santa Bárbara o Cobriza, en Huancavelica, son centros importantes. Por ejemplo, La Oroya tiene un gran archivo histórico documental. Hay que vincular su centro minero con el desarrollo del ferrocarril. Como obra de ingeniería, el ferrocarril central, hecho en una geografía adversa pues está a 4872 metros sobre el nivel del mar, es la mejor demostración de lo que significa para el desarrollo económico el Patrimonio Industrial. Por otro lado, tenemos las grandes haciendas azucareras; las industrias textiles, sobre todo en el Cusco; el caso de Urcos, Lucre; o Marangani.

¿Este Patrimonio se rescata por su valor histórico o económico?
Son muchos los casos que se rescatan como una inversión económica. Si se tiene visión, se recupera toda una fuente histórica. Por ejemplo el proyecto de convertir una embarcación del lago Titicaca en Museo.

¿Existe más conciencia social sobre nuestro Patrimonio?
Hay interés pero en algunos niveles. Creo que los medios de comunicación cumplen una importante misión, pero sólo para un sector que consume. El gran problema son los estratos masivos. Hay millones de habitantes que no se enteran del valor del Patrimonio. Por tal motivo, creo que se debe despertar la conciencia en el sector educativo. En tanto no se tenga una currícula escolar donde se valore todos los aspectos del Patrimonio, no se logrará mucho. También hay que dictar cursos a los funcionarios públicos a través de la cancillería, a los curas, a las monjas, a los fiscales y los policías, para que sepan cuidar y conservar lo que se tiene.

Lamentablemente nuestros gobernantes no ayudan.
Tenemos una clase política ignorante e indolente, cuyo proyecto político es de masas y no de desarrollo social, de economía y cultura. Los políticos que tenemos es gente improvisada que llegan al poder sin saber mirar hacia atrás. A ellos no les interesa la memoria del país.

 
 
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