¿A qué se debe tu interés por la creación literaria?
Es una inquietud que la vengo arrastrando hace años. Por temeroso no me sentaba a escribir. Hace cuatro años empecé; mi primera novela se llamó Mateo Diez. Esta obra fue muy controvertida en su momento, me enemistó con algunas personas, pero, a la par, le gustó a mucha gente. Luego hice Álbum de Fotos.
¿Se nace o se hace escritor?
Yo creo que se hace escritor. Uno puede tener la inclinación, esa cosa innata, pero dar el primer paso es complicado. Sentarse a escribir, crear una historia, forman parte de un tema disciplinario, uno tiene que tener cierto rigor.
¿Estudiaste literatura?
Alguna vez pasó por mi cabeza, pero no he terminado nada de lo que he empezado. No terminé Filosofía ni Psicología: me ganó la vida. La literatura la he cultivado en paralelo, casi como un autodidacta, y no con la disciplina que me hubiese gustado. Crear supone tiempo.
¿Te inspiras en alguna musa?
Algunos escritores deben tenerla y, ella los lleva a creaciones literarias espectaculares; pero en mi caso es más duro: a mí me cuesta sentarme ante la hoja en blanco y escribir.
¿Podrías decirnos algo sobre el estilo de tu narrativa?
Álbum de Fotos es totalmente diferente a Mateo Diez en estilo, formato y trama. La historia del libro nació un día, cuando hojeaba novedades en la librería El Virrey, y encontré un libro de un escritor español que narraba anécdotas de su adolescencia a través de relatos muy cortos y numerados. De ahí vino el primer chispazo. Luego, empecé bajo esa idea. Todo comenzó como jugando. En el camino descubrí a Juan José Millas, escritor español quien tiene una sección en el diario El País, donde lo que hace es, a partir de una foto, realizar una descripción; cuenta lo que se ve y no se ve en la foto. Ese es más o menos el propósito del libro narrado desde la mirada del niño.
Luego se consolidó en mí la motivación, el libro de una escritora muy joven italiana, quien cuenta sobre anécdotas de su vida sexual. Ella escribe el libro un poco para recuperar a la niña que llevaba dentro.
¿Hay ficción en tu libro?
Qué curioso, varios me han preguntado lo mismo. Borges decía que uno no recuerda cosas tal como ocurrieron sino las recrea, y al recrearlas hace ficción. En el libro hay una serie de diálogos que nacieron de la imaginación. No se me hubiera ocurrido sostenerlos con mis padres o mis hermanos.
¿Las historietas han influido en tu narrativa?
Existe de hecho una influencia, pues estas definitivamente formaban parte de las lecturas que más consumía. Conjugaba las historietas con novelas tipo Salgari o Verne, y luego volvía al cómic por su lectura fácil y dibujo bien logrado, además de diálogos muy sencillos. Me fascinaba leer El Hombre Araña. La idea del libro es que se leyera casi como un cómic. Me gustan los relatos sencillos.
¿Qué es lo que te atrae de la literatura?
Lo que quería era escribir el libro en lenguaje bastante simple. No trato de hacer literatura complicada y compleja. No tengo el don, que por ejemplo tiene Mario Bellatín, que a través de una figura semi compleja evoca una serie de sentimientos, sensaciones, pensamientos profundos. Lo que me gusta de la literatura, a diferencia del periodismo, es que se puede describir una ventana en tres o cuatro páginas, mientras un artículo de opinión te obliga a describirla en dos palabras.
¿Qué autores clásicos te gustan de la literatura?
Me gusta Mario Vargas Llosa. A Bryce lo he leído poco; me entretiene mucho pero me quedo siempre con Vargas Llosa. La literatura española también me gusta: el estilo de Pérez Reverte, de Rosa Montero; son autores que me enganchan. Me gustan los libros de Baily por la capacidad de persuasión: tienen mucho ritmo. Su temática, sin embargo, me parece monótona, siempre lo mismo. Creo que alguien con el talento de Baily podría apelar un tema diferente, como lo hizo con La Mujer de mi Hermano.
¿Tienes algún prejuicio hacia los Best Sellers?
No tengo ningún prejuicio, es un tipo de literatura que me interesa. Soy consumidor de aquellos libros que me despiertan un fuerte interés desde la primera página. Busco libros entretenidos. Creo en parte que ésa es una de las funciones de la literatura. No poseo una relación con los clásicos como Dostowieski, Flaubert. Tengo algunas cuentas pendientes con varios escritores importantes. Sthendal, por ejemplo, me parece un escritor extraordinario, pero hay que tener tiempo para leerlo y disfrutarlo. Me gusta la trama tipo thriller. Esa virtud la encuentro en Pérez Reverte. Reconozco un déficit terrible con la literatura. Lamentablemente lo que a mí me gana es la literatura de coyuntura: periódicos, revistas, internet. Lo mío es la información diaria y política, que es aburrida. Uno para ser escritor debería serlo las veinticuatro horas del día, como dijo Vargas Llosa en “Cartas a un joven novelista”.
¿Te da miedo publicar?
Sí. Me da cierto pudor. Yo diría que escribo para mí. En segundo término para mis amigos. El último libro, Album de Fotos, lo escribí pensando, también, en mis hijos. No escribo para el gran público. Ni estoy a la expectativa de lo que va a decir la crítica. Me basta el comentario de mis amigos. Siento cierta vergüenza cuando veo la obra ya publicada.
¿Tienes un nuevo proyecto?
Sí, ya lo tengo en mi cabeza. Me gustaría escribir una historia que tenga que ver con periodismo y política, ambientada en tiempos de Alan García y de Fujimori. Esos son los tiempos que me tocó vivir.
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