¿Es difícil hacer arte en el Perú?
Es una pregunta de mil facetas. La verdad no hay mucho que podría decir. Hay que aguantar bastante para pintar en el Perú.
¿Te irías del país?
No. ¿Para qué? Si me voy, me voy a Ica. De repente Marruecos, Argelia, pero no me interesa meterme en escenarios culturales que no son los míos. En realidad, siempre voy a ser extranjero fuera. Acá un poco menos.
¿Consideras que haciendo arte contribuyes al cuidado de nuestro patrimonio?
Hay que superar la rabia, los sentimientos negativos respecto a la injuria nacional. Creo que, iconográficamente, uno puede aportar algo. Un registro de nuestros monumentos que apenas existen. El arte puede ayudar a ciertas causas de la naturaleza básica para el establecimiento de una comunidad cultural. El respeto por su pasado, por sus escenarios naturales, por su patrimonio histórico, por su oxígeno y agua. Sin eso no hay vida civilizada.
Hay mucho desinterés cultural de parte del gobierno.
No sé qué piensan nuestras autoridades. La verdad es que nuestros pañales los portan ellos. Existe un descuido absoluto de esas políticas. Eso no es responsabilidad. Hay un gran descuido en la política cultural y en la ambiental. Me produce pena ver cómo los jóvenes crecen desentendiéndose de estos asuntos. No porque ellos quieran, sino porque la manipulación de los medios, en general el sistema, los adormece.
Hablando de tu pintura: ¿influenció tu niñez en ella?
Bueno mi experiencia de niño transcurre en el norte rural. Mi padre tenía un fundo en el valle de Chao. Mis dos primeros años los pasé ahí. Frecuentemente íbamos con la familia de vacaciones. El camino se me hizo absolutamente muy familiar: toda esa carretera regada con escenarios vacíos eran algo para llenar.
¿El desierto es la fuente del deseo?
Creo que sí. Es un espacio. No lograría imaginar otros escenarios para este tipo de fabulaciones, composiciones espaciales o lo que fuera que son inexactos o iguales.
¿Podrías relacionar tu pintura con el arte precolombino?
Hay algunas líneas expresivas comunes. El color, el uso de la línea. Pero creo que es algo alusivo. No es una cuestión literal ni mucho menos. Lo que no quiero es hacer líneas de Nazca, quiero que mis cuadros estén en el aire de las líneas de Nazca. Las líneas de Nazca son tan imponentes que solamente hay que amarlas.
¿Recurres a la tierra?
Sí claro. Es fascinante poderse vincular con el paisaje materialmente. Registrar esos mil o diez mil tonos que tiene el desierto. Explorar esa riqueza visual. Es como enamorase continuamente.
Y eso que el desierto no es gusto del común denominador.
En realidad estamos hechos de mucha chabacanería. En todo sentido. Visualmente estamos aplastados por una cultura que solamente nos ponen blancos y negros. Las sutilezas nos son absolutamente ajenas. Así como no pensamos por nuestra cuenta, tampoco vemos por nuestra cuenta. Le damos nuestra visualidad a otros medios. Como que nos chantan la publicidad, la gama chirriante. Eso atonta visualmente.
¿Qué te dicen las ciudades el tema urbano?
La ciudad la vivo intensamente, a mi manera. No es un escenario que lo busque estructurar en mi sueño ni mucho menos. El desierto puede ser una alternativa y no un proyecto sino simplemente un voltear natural.
¿Y la figura humana?
Me interesa mucho pero es difícil conseguir modelos. Posar es una pesadez. Uno tiene que ser un tirano para conseguir a alguien que esté absolutamente dispuesto a todos tus caprichos de tiempo y exigencias. En realidad es bien pesado.
¿Encuentras que se retoma el retrato por los pintores?
Es bien difícil. Es un tema aparte. El retrato es un género que cultivo poco. Tengo algunos retratos más o menos desarrollados, pero es una vía de expresión que innova ¡tanto! Lo que más me interesa es dirigirme a la subjetividad del espectador. Hacer un escenario desprovisto de cualquier otra cosa que no sea él enfrentando al mundo.
¿Podríamos decir que tu pintura es paisajista y abstracta?
No me gusta las definiciones. Todo es movible y sujeto a permanente redefinición y actualización de muchas cosas que siempre están latentes. Me interesa ahora el paisaje. Me gustaría hacer 10 años de paisaje en Ica.
¿Cómo es tu estilo de trabajo? ¿Trabajas con horarios?
En realidad, cuando estoy haciendo una tanda de cuadros abstractos, me encanta tener todo el día. Normalmente cae el sol y termino. No trabajo de noche, obviamente no pinto todavía paisajes de noche. Lo que hago es salir muy temprano al desierto y estar con la primera luz que es la más interesante.
La luz del atardecer ¿no es interesante?
Es muy bella. El problema de esa hora es el viento. Es muy incierto pintar un atardecer por eso. Las condiciones son bravas. Espero familiarizarme más para atacar temas fundamentales como los cielos, el ocaso, la espacialidad de gran formato que tiene el desierto.
Entonces eres un pintor caminante.
Tengo mi sitio de operación afuera. Pero también paso mucho tiempo en mi taller, dibujando. Todo es dependiendo del trabajo. De pronto, cambie drásticamente y quiera hacer una serie de acrílicos sobre lienzos, solo en mi casa, sin mis ayudantes, sin nadie.
¿Trabajas en parte con la intuición?
Lo visual es lo que me lleva a transformar ciertos aspectos espaciales y penetrar dentro de ellos. Me gusta la plástica. Me fascinan los elementos propiamente pictóricos.
¿Qué es para ti la escultura?
El tema es el espacio. El espacio me fue llevando a pensar y cuestionar el plano y atacar otra superficie. Un infinito que está ahí y que no solamente es el perímetro del cuadro. Hay mil formas de hacer preguntas a la realidad del mundo. Creo que las piezas colgadas, las líneas que salen en la pared me atraen por participar en el espacio de uno.
¿Cómo la concibes?
Concibo que el cuadro es una ventana imaginaria, que me proyecta a una profundidad. Lo otro sale es otra condición. Es el juego de opuestos. Tú vas curioseando, jugando probando tus inquietudes. Simplemente te llama la atención las cosas y no renuncias a la condición de juego.
¿Qué nos puedes decir del mural?
Con el mural hay que adecuarse a otros soportes. Se diseña sobre la marcha de acuerdo una serie de variables. Son escalas mayores. Es muy gratificante porque aporta arte. Sobre todo a Lima una ciudad tan desprovista de arte. Quisiera generar un poco más de inquietud al respecto. De verdad pareciera que los peruanos nos contentamos con la tristeza. Hay que aprender a transformar nuestras ciudades y elevar el espíritu de la gente poniendo obras artísticas.
No nos amamos ¿no?
Los peruanos no nos amamos desde los textos escolares. No nos amamos desde la cultura oficial que nos llena de estupidez y abrocha con una alineación colectiva. El arte es una punta de lanza de la conciencia, del auto respeto y autoestima. Los peruanos somos mucho màs que los zamarros que nos están representando. No están a la altura.
Crees que se pueda lograr
No se va lograr, lo sabemos. Son pajaritos en la mente de uno. Que piensen en utopías. Pero uno no puede dejar de hacerlo. Posiblemente las próximas generaciones, pero nosotros… preparémonos para las catacumbas porque los bárbaros llegaron hace rato.
Entonces es un país difícil para hacer arte.
Pero a la vez es encantador. |