Quien se haya interesado por conocer la obra fotográfica de Martín Chambi tuvo que haber conocido necesariamente a su hija Julia. No sólo fueron padre e hija, sino que entre ellos existió una afinidad artística y una especial relación de confianza y cariño. Por esas razones, el gran fotógrafo peruano legó su archivo a la custodia de su hija Julia para que ella continuase con la labor de conservación y difusión de su fotografía.
Pero Julia no solo fue una buena custodia para el legado de su padre, sino que tuvo sus propias inquietudes fotográficas. De hecho, sus primeros pasos los hizo como ayudante de la galería de retratos haciendo de todo un poco, desde atención a los clientes hasta procesos de revelados, todo ello también en compañía de sus hermanas Mery y Celia, y, durante una temporada, por sus hermanos Víctor y Manuel. Esta experiencia le proporcionó a Julia el conocimiento y la habilidad para hacer retratos fotográficos iluminados y coloreados, además del dominio de la técnica y el cultivo de su mirada, llegando a su madurez fotográfica hacia 1960.
Julia, como su padre, también fue una viajera imparable, prácticamente desde su nacimiento en Sicuani. Sus fotografías de viajes dan cuenta de variados lugares de la región, como Macchu Picchu o Puno. No obstante, tuvo una predilección por Chinchero, lugar al que acudió con regular frecuencia. Sus temáticas preferidas en sus viajes fueron las casonas coloniales, restos arqueológicos, paisajes, costumbres sociales y tipos andinos, todo ello también con una búsqueda por el mejor punto de vista y la luz más apropiada.
No cabe duda que Julia tuvo el privilegio de gozar de las enseñanzas de su padre a quien ella llamaba cariñosamente “Papá Martín”. Fue él quien impulsó a Julia en la fotografía, así como en el deporte –baloncesto-, los viajes, los estudios, el trabajo de regidora en el Concejo Provincial de Cuzco y su filiación al Instituto Americano de Arte. Algunos de estos momentos han quedado registrados en fotografías que le tomara Don Martín. La relación entre ambos fue muy intensa y amorosa, tanto así, que Julia decidió dedicarse a tiempo completo a la administración de la galería fotográfica hacia 1955, entrega que le supuso, como si fuera poco, sacrificar un amor con visos de matrimonio.
Lo dejó todo por servir a su padre. Por eso, no fue casualidad que Astillita, como él la llamaba, asumiese la responsabilidad de custodiar el archivo fotográfico. A la custodia se sumó otra tarea también encomendada por su padre: la difusión de las riquezas culturales de la región de Cuzco al mundo entero por medio de las fotografías del archivo. Y quienes tuvimos la suerte de haberla conocido podemos dar fe de que ella impulsó la difusión de la obra de Martín Chambi en las principales ciudades del mundo a través de exposiciones fotográficas y catálogos. A ello habría que añadir que Julia también fomentó proyectos de investigación con la idea ahondar en el conocimiento de la vida y obra de Don Martín. Toda esta labor se llevó a cabo con el apoyo de Teo Allaín Chambi, sobrino de Julia y nieto de Don Martín.
Por el trabajo de difusión que hizo Julia visitó distintos países de la región y de Europa. La experiencia le dio muchos amigos a los cuales recibió en su casa de Cuzco y en el propio archivo con cariño y desprendimiento. Era consciente de que estaban de paso, y por eso los fotografió, o se hizo retratar con ellos, para el recuerdo de ella y de la historia del propio archivo.
A un año de la despedida definitiva de Julita, quienes la conocimos podemos dar testimonio de una mujer trabajadora e infatigable, enamorada de su ciudad, de su historia y de la fotografía. Gracias a su vitalidad la obra de Martín Chambi goza de mayor prestigio a nivel nacional e internacional.
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