LETRAS / COMENTARIOS DE LIBROS  
 
Tarjeta amarilla

RISAS GRABADAS

Escribe:
Leonardo
Aguirre
(*)

Dice la contra y yo estoy en contra: “Nicolás Yerovi es nuestro primer escritor satírico”. No: es el único. Y ése es el problema: no tiene competencia. Por eso se atreve a redactar (no sé si “escribir”), publicar y vendernos un compendio de chistes fallidos y errores narrativos donde lo único rescatable (desde ambos puntos de vista: el literario y el puramente humorístico) se reduce a las cinco primeras páginas del capítulo uno: la presentación del detective Mariano Bidasoa. Yerovi no tiene con quién compararse, no tiene por qué exigirse. Parece que al cerebro de “Monos y Monadas” se le apagó la mecha. Parece que el Doctor Yerovi garrapatea un solo borrador y lo entrega tal cual, sin corregir, a una editorial segura de que basta con el apellido del autor para vender el libro.

Ni siquiera eso: quizá basta con su sola foto sonriente en la portada y en el inicio de cada capítulo. Ríase, lector: este mamotreto es obra del Doctor Yerovi (“sinónimo de gracia y sentido del humor”: otra mentira de una contra que nadie quiso firmar). Ríase, lector: se trata de una “novela en clave de humor” y aparece Toledo amarrado y amordazado bajo las letras del título.

“Tarjeta Amarilla” es la primera entrega de una serie de novelas policiales (dizque parodias del género) que el lector encontrará cada mes en el quiosco de la esquina (Dios nos coja confesados). El protagonista de la saga es el improvisado detective Mariano Vidasoa. “Tarjeta Amarilla” es su primer caso: el Presidente de la República ha sido secuestrado. El contexto es reconocible y los nombres han sido trastocados mínima y ociosamente (por ejemplo, el presidente de la “U ” es “El Flaco Gonzáles” y Bidasoa termina enredándose con la bailarina nudista “Daisy Adaro”).

El Doctor Yerovi parece creer que puede echarse abajo (mejor dicho: descuidar) los requisitos narrativos básicos con el pretexto del humor (escaso y, por lo general, forzado). Por ejemplo, los personajes, salvo el principal, carecen de tangibilidad (no por ser caricaturas debemos perdonar la inverosimilitud). Luego, las emociones no se desarrollan sino aparecen y desaparecen gratuitamente y sin consecuencias. Por otro lado, el argumento (la pesquisa: fundamento del género policial) acusa falta de ingenio y claridad: el lector nunca entenderá cómo diablos se resolvió el entuerto (aunque Yerovi le regale virtudes paranormales al investigador: parece un parche para que disculpemos la pobre inventiva). Finalmente, la prosa es desaliñada y exenta de ritmo (no lo heredó de su abuelo): baste decir que el estilo titubea siempre entre el eufemismo y la procacidad, y que no pocas veces nos hemos tropezado con un adjetivo, y hasta una frase entera, repetida en la misma página.

Pero digamos que se le disculpa todo eso al Doctor Yerovi por ser el Doctor Yerovi y, además, porque el lector seguro buscará en sus páginas la carcajada fácil antes que la pericia literaria. Pues bien, ya lo insinuamos, ése también es un punto flojo. El autor quiere hacernos reír a la fuerza: con su mandíbula batiente desde la portada y en todos los rincones del libro, con las ilustraciones, con la ridiculización tosca de figuras públicas y, sobre todo, precisándonos con el narrador cuándo se nos viene una broma (en algunos casos, incluso explicando el chiste). En suma, es un libro con risas grabadas.

Yerovi intentó hacer de “Tarjeta Amarilla” una parodia criolla del género detectivesco. Pero el resultado, más bien, es una mala novela a duras penas maquillada con referencias policiales. Dice (miente) la contratapa: “goleada de ingenio y virtuosismo”. Pero Nicolás Yerovi ya no juega con la misma habilidad de sus años mozos. Yerovi ya no sabe hacer monadas.

mustrave@hotmail.com

 
 
   
   
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