¿Pablo fue un punto extraño dentro de la generación del 50?
El magnífico grupo de poetas que empieza a publicar por los años cincuenta demuestra que el término generación es un poco artificial. Aparte de la edad comparten muy poco. En términos poéticos, todos son extraños entre sí. La poesía peruana tiene la virtud de ser diversa.
Pablo Guevara fue el más joven del grupo del cincuenta y acaso ese detalle biográfico lo llevó a acercarse más prontamente y con mayor entusiasmo a la poética de Pound, que aún no estaba consagraba como canónica. Eso acaso lo diferencia un tanto de sus coetáneos. Pero el discurso de un poeta no se explica por la influencia de otro poeta o de sus lecturas que, en el caso de Pablo, fueron vastas. La realidad, esa sustancia tan compleja y múltiple, vibraba en su lenguaje poético.
Su poesía cambió sustancialmente a partir de “Hotel del Cuzco” ¿Por qué?
Es difícil saberlo. Sus anteriores libros tenían un aliento bastante lírico, pero creo que a partir de su viaje cierto al Cuzco donde vio los despojos de una cultura y a su gente mendigando en los atrios de las iglesias, decidió que la poesía debía ser otra cosa. Para decirlo metafóricamente, rompió la ocarina algo dulzona todavía de la poesía peruana y creó una orquesta heterodoxa, irónica, crítica y deseosa de tocar el responso al Orden (así, con mayúsculas, como él lo escribía). Hotel del Cuzco es, decididamente, un hito en nuestra poesía.
¿Qué te parece su obra la Colisión?
La Colisión agrupa cinco poemarios. Él la subtituló Ópera marítima en cinco actos. Confieso que la primera lectura, hace ya casi seis años, me desorientó. La crítica tampoco supo cómo reaccionar. El lenguaje de Hotel del Cuzco había sido llevado a un extremo inaudito. En medio de un bello caudal prosaico, había fraseos filosóficos, antropológicos y se escuchaban frases textuales de otros poetas que oportunamente apoyaban el discurso (antisistema, en el mejor sentido) que Pablo iba construyendo. Hace poco he releído La colisión y siento que acaso, con el tiempo, esta poesía sea la que mejor exprese nuestros desajustes con un mundo tan injusto. Un poeta no puede pedir más.
¿Cómo nació tu relación con él?
Conocí personalmente a Pablo el año setenta y tres. Me llamó para que colaborara con él en un instituto de televisión que tenía el estado. Más allá del trabajo, nos unió una gran amistad. Lo que voy a decir no es un homenaje al amigo fallecido: nunca he conocido a una persona más estimulante. Después de conversar con él, era difícil no llegar a mi casa y sentarme a escribir algo. El poeta Washington Delgado, su gran amigo y ahora otro ausente del grupo del cincuenta, me dijo cierta vez: “Si yo fuera rector de San Marcos, contrataría a Pablo, no para que dicte clases en aulas, sino para que converse con los jóvenes que lo rodean siempre en la cafetería o los jardines”. Esos jóvenes y todos sus amigos esperamos que alguna institución (San Marcos o el INC, por ejemplo) edite todos los poemarios que Pablo ha dejado inéditos. |