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| Publicidad aparecida en el diario El Comercio, antes del nacimiento del Supercholo. |
(*) La misma semana que se lanzó el Sputnik I, marcando el inicio de la era espacial, un aviso en el suplemento dominical de El Comercio anunciaba la “próxima aparición de El Supercholo, una historieta peruana para todos los peruanos”. Su protagonista, en todo caso, pisó la luna once años antes que Neil Armstrong. Ya para entonces había conocido a Napoleón, se había reencarnado en Cahuide y había salvado a Lima de una invasión de dinosaurios.
Desde que apareció en noviembre de 1957 y hasta su despedida en febrero de 1966, al Supercholo le pasaron cosas extraordinarias, de las que quizá la más recordada es el campeonato intergaláctico de fútbol en el que los mejores cracks del planeta tierra se enfrentaron a venusinas y jupiterianos. Supercholo era una especie de Supermán andino, con una importantísima diferencia: no venía de un lejano planeta sino que había bajado de la montaña y no tenía una identidad secreta. Tampoco era cualquier “superhéroe”, sino uno específicamente “cholo”, un testigo de cómo la capital estaba siendo modificada por inmigrantes andinos como él y por la introducción de la televisión.
El Comercio nunca pareció interesado en que “Súper” le hiciera la guerra al Apra, que se insinuaba como sucesor del presidente Prado en el sillón de Pizarro, pero en su sección diaria reconstruyó su versión de la vida del fundador del partido y más bien permitió al extraño dúo de un astronauta y un adúltero profesionales, Chepar y Manyute, que lo atacaran desde El Comercio Gráfico , un tabloide vespertino que era su respuesta a Última Hora pero también a Expreso .
EL HOMBRE DETRÁS DEL SUPERCHOLO (**)
Vitold Honigmann – Honingman en la historieta -, un judío que debió escapar de su Viena durante la Segunda Guerra Mundial para llegar a la Lima de mediados de los años cincuenta, después de vivir en la Unión Soviética el inicio de la “era Kruschev”, fue el encargado de dibujar a El Supercholo desde su primera entrega el 3 de noviembre de 1975 y hasta que fue descontinuado, a la mitad de una aventura, el 13 de febrero de 1966, un longevo periodo que abarcó partes significativas del segundo gobierno de Manuel Prado (1957 – 1962) y el primero de Fernado Belaunde (1963 – 1968).
EL “SÚPER”
Cada domingo del mes de octubre de 1957, el Suplemento Dominical de El Comercio creó expectativas, a través de avisos, sobre una nueva historieta que finalmente se estrenó el 3 de noviembre. El punto de partida tenía un toque de ingenuidad: bajo lo que propiamente era la historieta, había un texto escrito que funcionaba como una leyenda en el margen inferior del diseño:
En un pueblecito enclavado en el corazón del Ande, vivía alegre y despreocupado, un pequeño indio. Como todos los indios que trabajaba en la tierra no era rico, y debía curvarse, a pesar de su tierna edad, durante muchas horas sobre el suelo para extraer la subsistencia común. Pero, a pesar de ello era feliz. Como la mayoría de sus semejantes, era de carácter dulce, era constante, trabajador y tenía una formidable resistencia. Y también era capaz de apreciar la belleza y la poesía del Perú (…)
La primera contraportada del Suplemento Dominical consistía de solo dos recuadros donde el “pequeño indio” aparecía con Chaccha, una llama que lo seguía “como un perro fiel”. De arranque se anunciaba que los padres de Supercholo habían muerto, así que él había decidido emigrar hacia “los valles de vida más clementes”, aunque por el momento su único interlocutor era Chaccha.
En su primera aventura, un match de box entre trabajadores de fábricas, la fortaleza del “pequeño indio” se mostró en oposición a la de alguien con rasgos tan indígenas como los suyos, aunque notoriamente musculoso: el fortachón Mamotreto que, corpulento y malintencionado, contrastaba con Supercholo como Bluto con Popeye.
El título “Supercholo” ostentaba, desde el momento de su primera aparición, la calidad de estereotipo de un personaje que carecía de nombre propio o apellido. El prefijo ‘súper' que antedecía al ‘cholo' lo emparentaba con Superman. Pero, la identificación étnica incluida en el nombre del personaje hoy nos hace pensar en: Patoruzú, el indio Tehuelche de la pampa concebido por el argentino Dante Quintero en 1928, que llegó a ser publicado en periódicos estadounidenses. Como Patoruzú, Supercholo tenía una fuerza especial que le permitía vencer a cualquier agresor o agresores. Otro personaje indígena, aunque galo y europeo (‘indígena' significa ‘originario del país que habitúa') era Asterix, de René Gosciny y Alberto Uderzo, dos años menor que el personaje peruano pues recién en 1959 le tocó aparecer en el primer número de la legendaria revista semanal francesa de historietas Pilote. Asterix conseguía su fuerza sobrehumana con un brebaje druida como Patorozú conseguía el suyo con una flauta mágica. “Súper”, como se le iba a llamar muchas veces en la historieta, simplemente estaba bendecido por un don misterioso. Sobre el por qué de este don podría especularse mucho: ¿estaba, tal vez, dirigido a la recuperación de la autoestima, a través de una fantasía compensatoria, de un grupo humano con una tradición de sometimiento por otro? Se estableció bastante temprano que los personajes que desafiaban a “Súper” a hacer tareas que suponían que no era capaz de hacer, eran súbitamente sorprendidos por la facilidad con que el personaje las emprendía. |