En el lugar de ensayo hay dos tarimas negras como único decorado. Estos tablones son el soporte que indica, según la ubicación, los diferentes actos de la obra. Es en este espacio donde, todos los días, jóvenes actores repiten los diálogos de Sólo por Miedo, obra que toma el título de una canción española.
Joaquín de Orbegoso (Adrián), el único varón en la obra, tiene la potestad de unir las tres historias. Su personaje transita de una historia a otra.
El miedo a la vida es el tema hegemónico de la obra. La intensión de suicidio abre el telón. Una mujer y un hombre se encuentran por casualidad cuando están a punto de tirarse a un precipicio.
Otras historias se van entretejiendo en la trama. Con la misma tónica aparece el repetitivo desencuentro. Hay, de pronto, un recuerdo en Adrián: el encuentro con una mujer en el bus. Ella (Natalia Cárdenas) tiene la cara dulce y parece temerosa; se asusta por el intempestivo encuentro con Adrián. El sonido de sus voces es el único contacto permitido. Todo es fugaz y desesperanzador. El destino y la voluntad los separa.
La obra se cierra dejando libre la interpretación y abierta la posibilidad de una relación entre los protagonistas de la historia principal.
Sandra Bonomini, la directora, está concentrada mirando a sus actores. No se pierde ningún detalle. Atenta a los movimientos y al diálogo sabe que los sutiles colores del vestuario caracterizan el papel de cada actor y que, la iluminación del escenario jugará a su favor.
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Los cuatro jóvenes actores de Sólo por Miedo dicen que lo más difícil de su profesión es vivir de la actuación.
En los cuatro hay un nexo común: enfrentarse al público y cultivar un poco la vanidad que caracteriza a los actores. Amanda Hume confiesa que suele ser una mujer neurótica, pero logra mantener la calma cuando Andrea, su personaje, se estresa.
A pesar de sus diferencias, han logrado respetar el trabajo de cada uno. Lamentan que esta sociedad sea cada vez más individualista. “El desarrollo personal se pone por encima de las relaciones afectivas. Las familias como las de nuestros abuelos e incluso las de nuestros padres van desapareciendo” comentan.
Sólo por miedo dialoga hoy con el público dejando atrás la soledad de su creación. |