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Detrás
del ALCA soñado
El
Perú tiene una enorme esperanza en el Acuerdo de Libre
Comercio de las Américas (ALCA), un tratado comercial
entre treinta y cuatro países de América Latina,
el Caribe, además de Estados Unidos, y que regirá
a partir del año 2005.
El ALCA podría definir no sólo nuestra futura
producción agrícola, sino además el consecuente
empleo o desempleo masivo de nuestra gente, aunque han surgido
voces críticas y advertencias alarmadas respecto de
este tratado.
Escribe
Daniel Yovera / agenciaperu.com
En
México, entre los años 1994 y 2001 se duplicaron
las importaciones de granos básicos. Pero, en aquel
período, los precios para los productores cayeron hasta
en 60%. En Haití, en 1994, el arancel al arroz importado
cayó de 35% a 3%. Ahora, dos tercios del arroz que
consumen son subsidiados en EE. UU., y cincuenta mil familias
arroceras se han empobrecido.
En
Perú, la importación de algodón creció
en un 284% el 2002. Pero ahora, miles de pequeños productores
de algodón han reducido severamente sus campos de cultivo.
Estas cifras revelan sólo parte de la realidad que
enfrenta la agricultura en nuestros países.
En
el 2005 empezará a funcionar el ALCA (Acuerdo de Libre
Comercio de las Américas). Este tratado buscará
uniformar los aranceles de los productos latinoamericanos
y hacer fluido el comercio entre los países sudamericanos.
EL
ALCA SOÑADO
Para
algunos analistas, el ALCA, en lugar de mejorar, podría
empeorar la situación de los productores latinoamericanos.
El ALCA será el más grande mercado comercial
del mundo, desde Canadá hasta Argentina, con 34 países
y 800 millones de consumidores. Pero hay pesimismo.
En
estos días, los ministros de Comercio Exterior de América
Latina trabajan contra el reloj: la idea es negociar lo más
sólidamente posible con Estados Unidos.
En
el papel, los países latinoamericanos tendrán
la posibilidad de hacer realidad un gran sueño comercial:
vender e importar productos en iguales condiciones con el
gigante mundial.
El
ministro de Agricultura, Álvaro Quijandría,
señala que en su cartera saben "que el ALCA nos
va a dar un número grande de oportunidades, y es un
poco la continuación de las ventajas que hemos obtenido
con el ATPADEA"
Quijandría
es claro: "nuestro interés central es el ALCA...
pero hay que acceder en condiciones justas y de equidad".
LOS
CRÍTICOS
Empero
el entusiasmo de los gobiernos, los críticos del ALCA
piensan que el acuerdo privilegiará los intereses de
las grandes transnacionales.
Así,
los entendidos señalan que la apertura desmedida de
los mercados a inicios de los 90 empobreció los mercados
locales, y en particular la agricultura, precisamente uno
de los sectores más apetecidos del ALCA.
Para
estos analistas, con la liberalización de los mercados
se eliminaron las medidas de protección comercial y
de apoyo interno que antes existían para los productores
de estos países. De esa manera, los productos de los
países desarrollados ingresaron fácilmente a
los mercados pobres. Mientras los desarrollados exportaban,
los subdesarrollados importaban.
El
ministro Quijandría señala: "es lamentable,
en el año 92, el Perú se puso a la cabeza de
este proceso. El Perú renunció a muchos mecanismos
de salvaguarda que podría haber utilizado y que en
estos momentos no puede utilizar. Nuestro sector agrícola
tiene menos protección de la que tienen algunos países
vecinos".
Lo
cierto es que la apertura debió ser regla para todos,
pero los países desarrollados no hicieron lo que recomendaron.
Además, gracias a su política de subsidios a
su producción, los productores norteamericanos y europeos
exportan sus productos a precios por debajo de sus costos.
Por
ejemplo, si a un arrocero norteamericano le cuesta 100 dólares
producir un costal de arroz, su gobierno le paga la mitad
del costo de producción; de esa manera, el arrocero
baja el precio del costal a 50 dólares. Por eso cuando
ese arroz llega a los países subdesarrollados, cuesta
menos que el arroz de los agricultores locales. Esta competencia
desleal, llamada "dumping", obliga a los productores
locales a disminuir aún más sus bajos precios
porque no tienen otra salida. El perjuicio económico,
es muy alto.
Miguel
Caillaux, de Conveagro, explica que "de esa manera han
arrasado con las economías agrarias, pobres de países
africanos y latinoamericanos. En el caso peruano ha significado
que la principal causa y no otra, sea el problema de precios.
En el caso del algodón ha significado que pasemos de
doscientos cincuenta mil hectáreas, que teníamos
en algún momento, a tener hoy en día cincuenta
mil.
Por
su parte, el analista Alan Fairlie, indica que "no hay
en realidad un libre comercio, sino un doble estándar:
mientras se predica el libre comercio y se busca que nosotros
liberalicemos todos los mercados, los países desarrollados
mantienen protección en lo que consideran sus sectores
estratégicos o sensibles".
Caillaux
agrega: "el problema de fondo es un problema de invasión
de mercados con prácticas tramposas de comercio. Eso
es lo que hay denunciar y hay que controlare.
ANTIGUOS
EJEMPLOS
Los
críticos del ALCA piensan que México fue la
primera gran víctima. Hace diez años firmó
el NAFTA, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos,
que para muchos, es la versión pequeña de lo
que sería el ALCA.
El
politólogo argentino Carlos Vilas, investigador de
la Universidad Autónoma de México, señala
algunos de los efectos causados por ese tratado comercia:
"ha habido una contracción muy fuerte de los niveles
de vida de la mayoría de la población, un crecimiento
de la pobreza, de la desigualdad social... una rápida
sustitución de producción agrícola nacional
por importaciones de menor calidad nutritiva"
Para
Vilas, "ha habido una aceleración muy grande del
proceso migratorio del campo a la ciudad y un empobrecimiento
muy grande de los pequeños y grandes agricultores.
Eso ha favorecido la introducción de la narcoagricultura
en algunos lugares".
Muchos
especialistas e instituciones han empezado a exigir a los
gobiernos que negocien adecuadamente los términos de
acceso al ALCA, para que no se profundice la crisis. OXFAM
Internacional, por ejemplo, ha iniciado a nivel mundial una
campaña que busca cambiar las actuales reglas internacionales
de comercio; lo que plantea es un trato especial y diferenciado
para los países subdesarrollados.
Patricia
Amat, analista de Oxfam, opina que "uno de los temas
fundamentales que hay que precisar es el trato especial y
diferenciado hacia las economías más vulnerables
y pequeñas. ¿Porque, qué pasa en el ALCA?
Es un acuerdo de libre comercio que está integrando
a las economías más desiguales del mundo. Lo
que promueve el trato especial y diferenciado es un régimen
de aranceles adecuados y un apoyo interno a la agricultura
en especial para aquellos productos que garanticen la subsistencia".
Sobre
esto, Miguel Caillaux piensa que "entrar al ALCA sin
lograr las condiciones que permitan el espacio suficiente
para los productores peruanos agropecuarios, para mí
no se justifican, por lo menos en esos productos. Podemos
entrar en otros productos, pero no en los agropecuarios. Hay
países que le han dicho "no, yo no voy así".
No necesariamente todos están por el abuso".
Por
su parte, Alan Fairlie señala: "Brasil, en las
negociaciones, no ha presentado oferta de liberalización
para los servicios, que es lo que más le interesa a
EE. UU. Y ha dicho que no las presenta mientras EE. UU. no
liberalice o no elimine subsidios del sector agrícola,
o no le permita acceso a su mercado para los productos que
ellos exportan".
El
propio ex presidente del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía,
Joseph Stiglitz, manifestó a inicios de marzo: "mi
preocupación es que en verdad, no será un área
de libre comercio, pues Estados Unidos no abre completamente
sus mercados y sigue subsidiando a la agricultura y mantiene
tarifas arancelarias que favorecen el dumping".
Además,
un editorial del importante diario norteamericano, The New
York Times, decía en diciembre pasado: "el sistema
agrícola del mundo está manipulado para favorecer
a los ricos (...) Cualquier esfuerzo serio para combatir la
pobreza extrema, promover el desarrollo en el Tercer Mundo
y compartir los beneficios de la globalización debe
empezar, más justamente, con un ataque radical contra
los subsidios agrícolas. Y debe empezar ahora".
La
analista Patricia Amat añade: "el subsidio en
sí mismo no es malo... el subsidio puede favorecer
el desarrollo de los mercados locales. El problema es cuando
se da a nivel de los productos claves en la agricultura, que
compiten con nuestros países, y lo que hacen es crear
el dumping, es decir, que lleguen esos productos a nuestros
países a menor precio de producción y compiten
deslealmente con la producción nuestra".
Sin
embargo, para el ministro Quijandría, "el problema
es que el monto original de subsidios en los países
desarrollados se ha ido incrementando. Primero empezaron con
algunos productos y luego se ha ido incrementando más.
En estos momentos los lobbys y las presiones de los países
desarrollados son muy fuertes".
Los
analistas consultados confirmaron lo manifestado por el ministro:
existen fuertes lobbys y presiones. Y es que, agregan, son
las corporaciones transnacionales que se dedican a la exportación
de productos agrícolas, más que el propio gobierno
norteamericano, las interesadas en el ALCA. Las negociaciones
con transparencia y de cara al país, serán determinantes
para que la historia no se repita.
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