El
compañero 28 000
Armando
Villanueva del Campo, el hombre recio del APRA combativa
de los difíciles años de la lucha y la clandestinidad,
hoy, a sus 86 años, conserva aún su risa de
niño y una mente prodigiosa y llena de recuerdos
que afloran en la siguiente conversación en el programa
Entre Líneas..
Entrevista
Cecilia Valenzuela / agenciaperu.com
¿Cuántos
años tiene en la militancia política?
Yo tengo
86 años de edad y más de 60 años en
la militancia aprista.
¿Siempre
fue aprista?
Sí.
He sido consecuente en mi vida común. Hubo un poeta
que dijo: "Hombre que dirige su ruta, debe cumplir
su camino", Enrique Peña Barrenechea. Yo he
seguido al poeta.
¿Una
sola ruta?
Una
sola ruta, un sólo camino, que es el camino del Perú
y del continente. Por eso cuando el partido aprista convoca
a una reinscripción, está haciendo algo que
debe producirse en otros partidos. El Perú necesita
partidos políticos, el partido aprista es un ejemplo
de continuidad, permanentemente renovado. Cuando Haya de
la Torre inicia la gran obra de la Alianza Popular Revolucionaria
Americana, funda movimientos apristas en el continente.
El 20 de septiembre de 1930 se fundó el Partido Aprista
en el Perú.
¿Usted
estuvo en esa fundación?
No,
no, yo tenía 15 años. Yo me inscribí
al año siguiente, el año 31, junto con un
grupo de escolares.
¿Esos
tiempos eran muy difíciles?
Todavía
no eran difíciles. Se pusieron peor después.
¿Pero
Haya de la Torre estaba en Berlín en el momento de
la fundación del Partido Aprista?
Él
llegó en agosto del 31.
¿Por
qué no lo esperaron?
Pero
sí lo esperamos. Haya tuvo una virtud. Observemos:
primero no le dio al apartido un apellido: marxismo, leninismo,
stanilismo, peronismo, no. Haya lo llamó aprismo.
Y, en segundo lugar, Haya movilizó fuerzas para que
cada una, con independencia y creatividad, pudieran organizar
el partido. Por eso que el partido es fuerte, porque no
ha sido motivo de una coyuntura, sino de un proceso.
Don
Armando, pero usted era casi un niño, tenía
15 años. Los jóvenes que ahora tienen 15 años
no están pensando en la política.
Gonzáles
Prada había recomendado madrugar a la vida y eso
hicimos nosotros.
¿A
que edad leyó usted a Gonzáles Prada?
A los
14 años, porque mi padre era "gonzalespradista".
¿Su
padre estuvo preso por sus ideas políticas?
Preso
y encerrado. Pero no era aprista. Fue en la época
de Sánchez Cerro. Pero mire usted, lo que ocurre
con la juventud de hoy es que los muchachos están
desorientados por diez años de corrupción
y de desorientación política. Tenemos que
darle la visión de un nuevo Perú y eso es
obra de juventud. El aprismo debe cooperar, como lo ha planteado
Alan García, con su permanente renovación
y adecuación a la realidad para que ésta oriente
la escena política.
Usted
prefirió participar en política cuando ésta
era distinta; cuando política significaba sacrificio
y entrega. Cuando significaba hacer una carrera real en
la política. ¿Cómo vivió usted?
Sí,
pero yo espero que eso no se repita. Mire usted: yo a los
18 años entré por primera vez al Frontón.
Estuve cinco veces preso, cinco veces en el Frontón.
Luego siete años en el exilio, siete años
perseguido, viviendo clandestinamente.
¿Siempre
el número siete?
Sí
pues, es mi número cabalístico. Yo no quiero
que la juventud de hoy sufra eso. Lo que nosotros hicimos
y sacrificamos fue para que esta juventud tenga libertad,
pero con dignidad. Eso es fundamental.
¿Usted
cree que los jóvenes leen sobre filosofía
y sobre ciencias políticas como antes leían
ustedes?
Poco
a poco, pero hay que hacerlo. Mire usted, Haya de la Torre
nos enseñó algo: hizo del APRA un partido-escuela.
La gente iba al partido no sólo para afiliarse, sino,
por ejemplo, para estudiar electrónica, y eso hace
treinta años. Iban a estudiar enfermería,
primeros auxilios, arte, pintura, escultura, etc. Haya llamó
a eso el Partido-Escuela. Alan García, en este momento,
está reiterando este camino; por eso tenemos muchos
expertos en este nuevo siglo. Pero yo pido que esto no ocurra
sólo en nuestro partido, sino también en otros
movimientos.
HAYA
DE LA TORRE
¿Cómo
fue su relación con Haya de la torre? ¿Cómo
lo conoció?
Lo conocí
cuando llegó un día y yo estaba entre un grupo
de muchachos. Nos acercamos, me sacudió la cabeza
y tres años después fui secretario general
de la juventud. Luego ya con la Federación Aprista
conversamos mucho con él. Y él precisamente
fue quien orientó lo que llamó el código
de acción: "Joven aprista, prepárate
para la acción y no para el placer, tienes que ser
intrépido, no seas cobarde ni temerario; el tabaco
te envenena, no lo fumes; el alcohol mata su voluntad, no
lo bebas". Eso es muy difícil de hacerlo.
¿Es
casi un sacerdocio?
Casi
un sacerdocio. Ahora, yo advierto que nunca fui un sacerdote.
Don
Armando, ¿por qué eligió usted un partido
con una identificación tan claramente popular, cuando
usted venía de una clase más bien muy alta?
Mire,
para nosotros fue relativamente fácil, cosa que es
muy difícil hoy día para los jóvenes.
Había que escoger entre Sánchez Cerro y Haya
de la Torre. Escogimos Haya de la Torre. Sánchez
Cerro fue efímero y lamentablemente dramático.
Pero la razón de nuestra inscripción fue conocer
un nuevo mensaje. La juventud de hoy está confundida,
por eso es deber de los políticos definir claramente
sus posiciones, por eso es que invocamos a Toledo. Cuando
le decimos a Toledo que defina sus posiciones y que esté
absolutamente seguro que lo queremos apoyar, que lo queremos
respaldar. No puede ponerse como el héroe o el Pachacútec,
no, no. Necesitamos que sea un buen gobierno, para el futuro.
¿Pero
a usted no le gustaría que a Toledo le pase lo que
a Sánchez Cerro?
Los
tiempos han cambiado. A Sánchez Cerro le ocurrió
eso porque antes del 30 de abril había producido
seis mil muertos en el Perú y hubo una reacción
tremenda. Toledo tuvo la virtud, como un día se lo
dije, de hacer de los Cuatro Suyos una marcha pacífica;
eso lo logra él. Lo que nosotros queremos es que
Toledo entienda que la constante prédica de García,
de apoyarlo, no tiene un objetivo interesado de política
inmediata. Apoyarlo es que en siglo XXI logre iniciarse
bien, para que su continuidad no produzca los terribles
resultados de los siglos XIX y XX en el Perú.
PRESO
EN EL FRONTÓN
Volvamos
a usted. Usted se ha esforzado, con mucho empeño,
durante su vida y su militante activa en la política,
por parecer más bien un muchacho de barrio, un provinciano.
He leído algunas de las entrevistas que dio años
atrás y usted dice "a mí me hubiera gustado
ser de origen provinciano".
Sí,
hasta ahora, hasta ahora. Porque el provinciano mira con
más claridad el mundo, tiene menos variedad de la
metrópoli. Me habría gustado mucho y felizmente
viví mucho en Chosica, por mi asma y pude ver la
cosa con más tranquilidad. Pero yo nací en
una clase burguesa y el partido aprista fue la alianza de
la clase trabajadora sin distinciones y yo creo que eso
hay que rescatar hoy día: el desarrollo del Perú
con la cooperación de todos. A la juventud hay que
enseñarle eso.
¿Usted
nos ha contado que estuvo más o menos cinco veces
preso en El Frontón por un lapso de siete años?
La primera
vez fue a los 18 años porque intentamos, con un grupo
de jóvenes, tomar un cuartel. Después Haya
determinó que, en lugar de tomar nosotros el cuartel,
nos tomaran a nosotros.
¿Qué
métodos utilizaron para intentar tomar el cuartel?
Pues
habíamos conversado con unos oficiales del cuartel
de Borbones para que nos dejaran entrar con unos morrales,
donde íbamos a poner las municiones, tomar los fusiles
y luego ir a la lucha. Pero fallamos.
Pero,
¿a la lucha? ¿A la lucha de qué tipo?
¿A la lucha armada?
Bueno,
a la lucha armada. Teníamos que tomar Palacio de
Gobierno nada menos. Hubo reuniones en Huancavelica, en
Ayacucho y Cajamarca. Murieron jóvenes de mi generación,
pero yo creo que eso fue una expresión de fe, de
convicción, de entusiasmo. Creo que sí, que
debe volver a la juventud pero ya no para la lucha armada,
sino para la lucha a través del conocimiento de la
ciencia. Haya de la Torre decía "hay que hacer
las cosas con-ciencia". La conciencia es eso, hacer
las cosas con ciencia. Y eso es lo que hay que hacer ahora.
¿O
sea que fue usted un joven incendiario? ¿Lanzó
usted alguna una bomba molotov?
No,
no, no, porque las bombas molotov no eran de mi tiempo.
¿Y
si lo hubieran sido?
No lo
sé... no lo sé. Creo que había pasado
el tiempo ya. Pero mire, quiero aprovechar de esta conversación
del pasado y de las prisiones para hacerle una aclaración
a mi amigo y colega César Lévano, a quien
le tengo gran aprecio porque es un gran periodista y un
luchador social, pero se equivoca cuando dice que no hubo
fugas de El Frontón. De ahí fugaron, y se
podrían hacer unas entrevistas sensacionales. Una
fue la de Ulises Colina Lozano y la otra de Luis Cáceres
Aguilar. Los dos, protagonistas de sendas fugas. De la primera
salieron cuatro, dos murieron en el mar; de la segunda salieron
cuatro y llegaron por la Mar Brava al Callao. Hubo otra,
que fue trágica porque murieron a balazos tres compañeros
nuestros, uno de ellos de 18 años, José de
la Puente Mendoza; el chino Blacker, el chofer y Rafael
Seminario, llamado "Seminariote", que fue el único
que a nado salió de El Frontón y llegó
a la costa.
¿Usted
pensó alguna vez fugar de El Frontón?
Sí.
Tuvimos un plan con Nicanor Mujica, que hoy está
en sus horas postrimeras y al que rindo homenaje por el
ejemplo que dio de un príncipe cristiano que siguió
la ruta del APRA, abandonando toda su riqueza, para vivir
y morir pobre, como va a morir. Con él, en época
de Odría, intentamos una fuga. Pero otros compañeros
dijeron que mejor era tomar el penal, pero para eso necesitábamos
la cooperación de todos y ahí hubo un soplo
y terminamos en diferentes prisiones.
Usted
nos ha contado que tuvo asma. ¿En ese periodo no
se enfermó?
Tuve
el asma hasta los 24 años, cuando el presidente Prado
me deportó por primera vez a Chile y ahí me
curé el asma. Por eso un día yo dije que el
presidente Prado me había curado el asma. Luego regresamos
clandestinamente. Una vez, con el padre del presidente García,
vinimos desde Chile en un barco, protegidos por la tripulación.
Desembarcamos para incorporamos, nuevamente, a la vida revolucionaria.
¿Cómo
era la vida en El Frontón, en la cárcel de
sus tiempos?
El Frontón
si tuviera instalaciones correctas, médico y enfermería
permanente y, sobre todo, agua en abundancia, podría
ser una buena prisión. Yo he pasado por la Penitenciaría,
por el Sexto y por El Frontón. De todas, este última
era el más adecuado, pero ahí murieron varios
compañeros.
¿No
había médico en El Frontón?
No había
médico permanente, sólo iba uno una vez a
la semana. Recuerdo una ocasión cuando a un compañero
le extrajeron una muela y luego tuvo una hemorragia y no
hubo quién lo atendiera. Aparte de los que murieron
asesinados, hubo muchos muertos por falta de atención
médica.
¿Usted
está de acuerdo con reabrir ahora El Frontón?
Sugeriría
que se haga un estudio serio sobre las condiciones climáticas
y las posibilidades de que no sea una prisión ni
de privilegio ni destinada a torturar a la gente. Yo no
creo mucho en la cadena perpetua, pero para nada creo respecto
a la tortura perpetua. Por eso he protestado, inclusive
con personas que están ahora condenadas así,
cualesquiera que sea su delito, porque me parece totalmente
contrario a los derechos humanos.
EL
PODER
Usted
ha ocupado cargos muy importantes en el lapso de su vida.
Ha sido candidato a la presidencia de la República
por su partido, ha sido presidente del Senado y de la cámara
de diputados, también presidente del Consejo de Ministros
y ministro en varias carteras. ¿Cómo es, exactamente,
estar en el poder?
Para
unos estar en el poder es un compromiso de responsabilidad,
que no debe alterar las características de la persona
en su vida anterior, afirmando sus virtudes. Para otros
es una fiesta que generalmente termina mal.
¿Por
qué termina tan mal?
Porque
asume una responsabilidad de Estado. Es como asumir un sacerdocio:
hay que ponerse por encima de la familia, de los amigos,
de los intereses, de los amores, si los hay; porque el mayor
amor es el pueblo, al que tenemos que gobernar y al que
tenemos que conducir, al que tenemos que escuchar.
Pero
eso parece ser muy difícil.
No lo
creo. Yo soy un optimista. Lamento que dentro de poco usted
me tenga que ir a poner flores a los Jardines de la Paz,
pero si viviera tendría una gran esperanza en el
futuro y creo mucho en la juventud. Por eso creo en el partido.
¿Usted
es muy vital?
Bueno...
pero tengo que andar con bastón.
Tiene
usted una risa de niño, que no tiene nada que ver
con su apariencia.
Pero
es que los apristas aprendimos de Haya de la Torre algo
que nos dijo muy joven, cuando comenzaba la persecución,
cuando comenzaba la violencia, cuando comenzaba la guerra.
Nos dijo "hay que hacer la guerra alegremente"
y haciéndola alegremente se va con bondad, sin resentimiento.
Pero
a usted le gustaba cultivar una imagen más bien arisca...
No,
a mí no me gustaba cultivarla. A mí me la
han atribuido
Pero
usted podría ser algo así como un búfalo.
Le encantaba la imagen así de fuerte y agresiva.
Los
búfalos son una leyenda. Fue una organización
de fiesta. El 12 de noviembre de 1933 cuando Haya de la
Torre salió de la prisión fue a la Plaza de
Acho, donde había una veintena de jóvenes
que desfilaron, dirigidos por un futuro embajador del Perú,
Julio Noriega Pazos. Él hizo la letra y el compositor
López Negrón hizo la música y le pusieron
la Marcha de los Búfalos, en homenaje a quien había
caído en la revolución de Trujillo, comandándola.
APETITOS
Y VERSOS
Don
Armando, ¿qué número de carnet le ha
tocado en esta reinscripción?
He solicitado
el 28 000 porque en las épocas de persecución
teníamos seudónimos y los numerábamos,
por ejemplo el compañero 80. Yo una vez escogí
el número 28 000 y decía "informa 28
000 que están preparando estudiantes para la orientación
campesina". Otra vez era yo Julio Puma. El padre de
Alan García era un hombre sumamente intelectual y
era "el sereno". Y así.
Por
eso ha pedido usted el 28 000, como un recuerdo.
Como
un recuerdo. Además sería democrático.
Y
optimista, también.
No,
no, yo creo que vamos a tener más de 280 mil antes
que termine el año.
Don Armando, ¿a usted le gusta la buena comida, los
buenos licores?
Mire,
le voy a decir sinceramente... ya estoy perdiendo el apetito.
¿Qué
clase de apetito?
A los
86 años de edad, todos los apetitos. Y la bebida...
tomo de vez en cuando mi whisky.
¿No
es necesariamente un hombre de gran sensualidad?
No,
eso de tomar todos los días no va conmigo.
Hay
una de esas leyendas que dice que a usted le gustaba militar
no tanto en la sensualidad como en la sexualidad. ¿Eso
es verdad?
Supongo
que eso no le interesa absolutamente al público.
Sin embargo yo creo haber sido y seré un hombre normal.
La
sexualidad y el poder están tan vinculados, como
hemos visto luego de estos diez años de dictadura,
esta suerte de obsesión, por ejemplo, de Vladimiro
Montesinos por poseer, dominar, manejar, sino también
en tener mujeres.
Eso
no es sexualidad, eso es suciedad. La sexualidad debe ser
tomada también con un sentido de superioridad. Recuerde
que la vida depende del sexo, que el sexo es la fuente de
la humanidad y de la vida en general. En consecuencia la
sexualidad debe ser respetada. Lamentablemente en estos
últimos tiempos se abusa y hay una recrudescencia
necia de un machismo al revés. Lo que hay es que
mantener la vida como es. Ni más ni menos: ni el
superhombre ni infrahombre, ni supersexual, ni ultrasexual,
simplemente normal.
Pero
la mayoría de políticos desarrollan, apenas
llegan al poder, una suerte de necesidad de tener...
No,
no. Por lo que conozco de los políticos de mi partido
no ha habido ningún Don Juan ni Casanova que destaque
por ello, más que por su talento político.
Serán
los de su generación, don Armando.
Bueno...
allá está Clinton, ¿no? Oiga, a propósito.
El 11 de septiembre, el día del ataque a las torres
gemelas de Nueva York, se cumplieron 22 años del
derrocamiento de Allende y su muerte, y la muerte de muchos
chilenos con la intervención de la CIA.
¿Usted
fue amigo de Allende?
Sí,
sí. Fuimos muy amigos. Uno de mis ingresos clandestinos
de Chile al Perú fue por facilidades que él
me dio con ayuda de gente del partido socialista.
¿Y
a Neruda lo conoció?
Sí,
pero no fui amigo de él. Quienes eran muy amigos
de él eran Luis Alberto Sánchez y Manuel Seoane.
Me gusta mucho su poesía.
¿Recuerda
algún verso de Neruda?
"Desde
el fondo de ti, y arrodillado,/ un niño triste, como
yo, nos mira. / Por esa vida que arderá en sus venas
/ tendrían que amarrarse nuestras vidas. / Por esas
manos, hijas de tus manos, / tendrían que matar las
manos mías. / Por sus ojos abiertos en la tierra
/
veré en los tuyos lágrimas un día.
/ Yo no lo quiero, Amada."
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