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Mariana
Farkas de Pollack: "no especulen con el dolor de la gente"
La recientemente
liberada Mariana Farkas de Pollack narra por primera vez todo lo
que vivió durante los días que estuvo secuestrada
a agenciaperu.com, en esta entrevista de Cecilia Valenzuela.
agenciaperu.com
Mariana:
¿esta fue la peor semana de su vida?
Fue una de las perores.
¿Cómo
se siente ahora?
Es muy difícil de describir, porque un secuestro, aunque
sea de tres días, en una cosa bien difícil. Siento
lagunas en mi mente, temor, pero además vi algo que sabía
que existía, pero no en tanta magnitud: el amor de la gente
que me rodea. Por ejemplo, el padre Martín Sánchez,
al que tanto quiero, me dio una fuerza enorme.
¿Usted
escuchaba la radio, veía la televisión?
Si, en los últimos momentos ellos parece que se dieron cuenta
de que había problemas, eso es lo que yo especulo, porque
la gente ya no cambiaba, ya no se turnaba como antes, me quedaba
con la misma gente. Ellos no tenían acceso a la información,
sólo a un pequeño televisor que está en mi
cuarto. Yo estaba vendada, no vi, pero sí escuché
parte de las noticias, entre ellas reconocí la voz quebrantada
de mi esposo, escuché la voz de aliento de Martincito, de
mi ahijado, del Hogar de Cristo, y creo que la prensa me dio bastante
apoyo moral en esos momentos. Yo estoy muy agradecida a esa prensa
que sí comprendió mi situación, y me dieron
apoyo en los momentos posteriores a mi liberación.
Sin embargo,
Mariana, su liberación ha sido un éxito policial tan
sorprendente tal vez porque en nuestro país no tenemos muy
buena memoria para los éxitos policiales, por lo que algunos
periodistas incluso ha cuestionado la veracidad del secuestro.
Mira, me parece muy inhumano especular con el dolor de la gente.
Ellos deberían investigar antes de declarar algo, y no crear
esta imagen, que yo la considero una ofensa personal.
¿Usted
qué sitió cuando escuchó esos comentarios?
Es increíble, realmente después de todo este susto,
de estar allí tres días vendada, esposada, escuchando
palabras como "te vamos a cortar en pedazos y arrojarte al
desagüe" o simplemente reclamando que coopere. Era una
situación para la cual yo no estaba preparada. Cuando escucho
esos comentarios, simplemente les invocó a que no especulen
con el dolor de la gente, y no siembren el la opinión pública
cosas que no son verdaderas.
Pero usted
y su esposo son muy amigos de la pareja presidencial, y a partir
de esa amistad se han tejido una serie de especulaciones, desde
que había una relación interesada en amistad y por
eso Adam Pollack permanece asesorando, o acompañando al presidente
Toledo, hasta que usted se pudo haber prestado, a través
de este secuestro, para que el gobierno recupere puntos en la credibilidad
o la aceptación con la sociedad.
Bueno, sólo mente enferma puede tejer esta clase de cuentos.
EL SECUETRO
¿Usted
iba en su auto, estaba saliendo de su oficina, venía de su
casa?
Había hablado por teléfono y decía dónde
iba, había tenido un día muy feliz, de éxitos
en el trabajo, estaba planeado qué iba a hacer el siguiente
día, y de repente me encuentro con la sorpresa del golpe
en la luna, los disparos en el aire, no me di mucha cuenta porque
soy una persona un poco distraída. De repente, siento que
me arrastran a otro carro, comprendo que es un secuestro, me siento
impotente, me encapuchan, me esposan, me llevan a un lugar desconocido.
¿La
llevan a la parte trasera del auto?
Si, en la parte de atrás, donde había también
otra persona, porque yo escuchaba que estaban hablando por teléfono.
Escucho sirenas, un sonido como de avión, y llegamos a un
lugar, aunque estaba encapuchada podía distinguir entre luz
y oscuridad, y me di cuenta que estaba en una zona muy oscura.
¿Usted
gritó?
No, no, en el momento no dije nada.
¿Opuso
resistencia?
Ninguna resistencia.
¿Y
el rasguñó?
No recuerdo bien, tenía la mente un poco bloqueada. De repente
cuando me pasaron de un carro a otro, posiblemente por los vidrios,
porque no es una herida profunda, más bien, si me quejo de
algún dolor físico, son mis muñecas, que todavía
las tengo hinchadas por las esposas.
¿En
el auto, cuando la llevaban le decían algo, trataban de amedrentarla?
En el auto no. Estaban tan concentrados en la huída, que
no se acordaron de mí, simplemente me tenían inmovilizada.
Pero cuando llegamos a este sitio, donde me parece no había
luz, me sacaron del auto, y cargaron sus armas, de allí me
introdujeron a un ambiente donde no se cuántas personas habían,
pero eran muchas, porque escuchaba distintas voces que hablaban
en voz baja.
Al momento de llegar tocaron la puerta, y una voz de mujer les preguntó
"¿quién es?", no me acuerdo qué contestaron,
sólo palabras como "llave" o "puerta".
Me meten al cuarto, me vigilan toda la noche, parece que los que
vigilaban se turnaban para descansar, me obligaron a echarme en
una cama, y se turnaban para recostarse en la misma cama conmigo,
eso no fue para nada agradable el tener a alguien recostado al lado
mío sin saber quién es, y a veces se levantaba, regresaba,
y no sabía si era la misma persona, u otra, porque en ningún
momento he visto la cara de nadie. No lo vi porque no quería
verlo, y tampoco podía.
Su primera
noche, entonces, fue realmente un tormento.
Fue un tormento, lo único que me dieron fue agua, no la tomé
por miedo, para que no me hagan dormir, yo quería estar atenta
a todo sonido, esa noche escuché una sirena y al día
siguiente un helicóptero sobrevolando. Luego, bueno, las
llamadas escasearon las personas ya no se turnaban, no había
comida, entonces percibí que algo pasaba, escuchaba helicópteros
sobrevolando, y sirenas de vez en cuando, o sea que pensaba que
la zona estaba rastreada y eso me daba mucho temor, tenía
miedo a la balacera, incluso en algún momento temí
que me llevaran a otro lugar, porque de vez en cuando entraba una
llamada, el chico salía afuera, y no lo cambiaban. No me
daban comida, pero al final sí, incluso me trajeron los remedios
que pedí.
¿Usted
exigió las medicinas?
Sí, yo sabía que me podía subir la presión,
hace poco tuve una embolia, así que me podía morir,
les expliqué que por un cadáver nadie iba a pagar
nada, por lo que convenía que me mantuvieran en buena salud.
Alguna vez
lloró frente a ellos.
Seguramente sentí la necesidad de llorar, pero no lo hice
porque me imaginaba siempre cómo piensa el otro, pensaba
que iba a ser bien desagradable estar encerrado con una mujer lloricona.
Más bien les decía si tenían un casette con
huaynos, que me gusta, y de vez en cuando escuchábamos televisión.
Usted se
esforzó por no ser un rehén complicado.
Exactamente, y capté que el que me vigilaba era uno que estaba
de forma constante, mientras que otro entraba y salía. Capté
que mi vigilante era también preso, y se lo dije: "no
vienen a cambiarte, tu también, de repente, eres preso".
¿Y
qué le contestó?
No, no, no, me decía que tenía mucha confianza. Pero
todo eso me hacía temer que de repente estaban preparando
algo para mudarme, entonces, me dije, si vienen a rescatarme cómo
se yo que vienen para eso y no para llevarme a otro lado. Pensaba
que me podía llevar a algún lugar por el miedo, incluso
al interior del país, y eso haría mucho más
difícil mi rescate.
Pero, en el momento de rescate pude identificar los sonidos, porque
ya estaba acostumbrada a los de la zona, pero estos fueron nuevos,
como de mucha gente, de repente a alguien que golpeaba la puerta
gritando "abran esta puerta". Me dije "vienen",
me pare, alcé mi capucha, y vi unas linternas en la oscuridad.
En el momento que me liberan sólo tenía esposadas
las manos, porque había logrado convencerlos para que no
me amarren en otro lado, ya que a veces me esposaban a la cama.
Luego vi que entró más gente, tres, cuatro, cinco,
cuando me vi que eran muchos, más tranquila me ponía.
Alguien se me acercó y me dijo: "señora no se
preocupe, hemos venido para liberarla", luego me abrazaron
y hicieron vítores, estaban muy alegres, ellas tal vez fueron
los que celebraron más esta victoria, yo todavía no
me despertaba de todo lo que había pasado.
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